La Reserva Federal espera reducir el impacto de una recesión en EE. UU. subiendo los tipos de interés para lograr un «aterrizaje más suave».
Las tasas actuales de inflación, del 8,5 %, y de desempleo, del 3,6 %, son indicadores clave de lo que nos espera.
Aquí, dos expertos analizan las probabilidades de que EE. UU. evite una recesión.
Es probable que la Reserva Federal pronto aprenda lo que los gimnastas ya saben: hacer un aterrizaje estable es difícil.
Con la inflación disparada hasta alcanzar un nuevo máximo en 40 años y seguir acelerándose, se espera que la Fed suba los tipos de interés medio punto porcentual al término de su próxima reunión, el 4 de mayo de 2022. Será la segunda de las siete subidas de tipos previstas en 2022, tras una subida de un cuarto de punto en marzo, mientras la Fed intenta enfriar la demanda de los consumidores y frenar el aumento de los precios.
Al subir los tipos de interés, el banco central espera lograr el proverbial «aterrizaje suave» para la economía estadounidense, en el que pueda controlar la rápida inflación sin provocar un aumento del desempleo ni desencadenar una recesión. La Fed y los pronosticadores profesionales prevén que la inflación bajará de 3 % y que el desempleo se mantendrá por debajo del 4 % en 2023.
Sin embargo, nuestras investigaciones recientes sugieren que lograr un aterrizaje suave es muy improbable y que existe una probabilidad considerable de que se produzca una recesión en un futuro no muy lejano.
Esto se debe a que la inflación alta y el desempleo bajo son fuertes predictores de futuras recesiones. De hecho, desde la década de 1950, cada vez que la inflación ha superado el 4 % y el desempleo ha estado por debajo del 5 %, la economía estadounidense ha entrado en recesión en un plazo de dos años.
Hoy, la inflación está en el 8,5 % y el desempleo está en el 3,6 %; esto sugiere que será muy difícil evitar una recesión.
A la zaga
La inflación se debe fundamentalmente a que demasiado dinero persigue muy pocos bienes.
A corto plazo, la oferta de bienes en la economía es más o menos fija; no hay nada que la política fiscal o monetaria pueda hacer para cambiarla. Por eso, la tarea de la Fed es gestionar la demanda total de la economía para que se equilibre con la oferta disponible.
Cuando la demanda supera demasiado a la oferta, la economía empieza a sobrecalentarse y los precios suben con fuerza. A nuestro juicio, los indicadores de sobrecalentamiento —como el fuerte crecimiento de la demanda, la reducción de los inventarios y el aumento de los salarios— empezaron a manifestarse en la economía a lo largo de 2021. Sin embargo, un nuevo marco operativo que la Fed adoptó en agosto de 2020 le impidió actuar hasta que la inflación sostenida ya era evidente.
Como resultado, hoy la Fed va muy rezagada a la hora de responder al sobrecalentamiento de la economía.
Lograr un aterrizaje suave es difícil
Para reducir la inflación disparada, la Fed intentará ahora subir los tipos de interés para frenar la demanda de los consumidores.
El consiguiente aumento de los costes de endeudamiento puede contribuir a ralentizar la actividad económica al disuadir a los consumidores y las empresas de realizar nuevas inversiones. Pero esto entrañaría el riesgo de provocar importantes trastornos económicos y llevar a la economía a una recesión. Ese es el aterrizaje suave: los tipos de interés suben y la demanda cae lo suficiente para reducir la inflación, pero la economía sigue creciendo.
Sin embargo, el historial de intentos de lograr aterrizajes suaves no es alentador. Descubrimos que cada vez que la Fed ha frenado con suficiente fuerza para reducir la inflación de forma significativa, la economía ha entrado en recesión.
Aunque algunos han sostenido que ha habido varios ejemplos de aterrizajes suaves en los últimos 60 años, incluidos los de 1965, 1984 y 1994, nuestro análisis muestra que esos períodos se parecieron poco a la situación actual.
En los tres episodios, la Fed operaba en una economía con un desempleo significativamente mayor, una inflación más baja y un menor crecimiento salarial. En esos ejemplos históricos, la Fed también subió los tipos de interés muy por encima de la tasa de inflación —a diferencia de hoy, cuando la inflación está en el 8,5 % y se prevé que los tipos de interés se mantengan por debajo del 3 % hasta 2023— y actuó expresamente con antelación para evitar que la inflación se descontrolara, en lugar de esperar a que ya fuera excesiva.
¿Por qué es relevante el mercado laboral para la inflación?
Una de las razones por las que el desafío de la Fed es particularmente difícil hoy es que el mercado laboral está más ajustado que nunca, es decir, la demanda de trabajadores supera con creces la oferta disponible. Un mercado laboral ajustado implica que las empresas deben subir los salarios para atraer a nuevos trabajadores.
Por lo general, la tasa de desempleo se utiliza como indicador de la tensión en el mercado laboral. El desempleo es muy bajo hoy, y la Fed espera que baje aún más. Sin embargo, nuestras investigaciones muestran que la presión para subir los salarios es incluso mayor de lo que indica la tasa de desempleo. El número de vacantes está en un máximo histórico, y los trabajadores renuncian a tasas récord; ambos factores contribuyen significativamente al aumento de los salarios.
En cierto sentido, los salarios son la medida definitiva de la inflación subyacente: más de dos tercios de los costes empresariales corresponden a la mano de obra; por eso, el aumento de los salarios ejerce una presión considerable al alza sobre la inflación. El crecimiento salarial actual avanza a una tasa récord del 6,6 % y se acelera.
Con los salarios subiendo tan rápido, hay pocos motivos para confiar en que la inflación pueda bajar al rango del 2 % que persigue la Fed. Nuestro análisis muestra que el crecimiento salarial actual implica una inflación sostenida por encima del 5 % y que, históricamente, el crecimiento salarial no se desacelera sin un aumento considerable del desempleo y una recesión.
Las probabilidades de una recesión
La economía estadounidense se enfrenta hoy a presiones inflacionarias adicionales debido a el encarecimiento de los cereales y la energía a causa de la guerra de Ucrania y a nuevas perturbaciones de las cadenas de suministro, ya que la COVID-19 obliga a imponer nuevos confinamientos en China. Estos factores amenazan con agravar aún más la inflación durante el próximo año.
A nuestro juicio, el problema de inflación al que se enfrenta hoy la Fed es considerable y es poco probable que se resuelva sin una desaceleración económica significativa. En conjunto, la combinación de una economía sobrecalentada, el aumento vertiginoso de los salarios, la demora de la Fed en aplicar medidas y las recientes perturbaciones de la oferta hace que una recesión en los próximos dos años sea, sin duda, más probable que improbable.



