Qué necesita Europa de Francia y Alemania

Qué necesita Europa de Francia y Alemania
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Francia y Alemania, que juntas representan la mitad del PIB de la eurozona, son consideradas con razón clave para que la eurozona salga del actual estancamiento de bajo crecimiento, caída de la inflación y trayectorias de deuda cada vez más peligrosas. Pero, más importante aún, la pareja franco-alemana es un claro ejemplo de la necesidad de una estrategia coordinada. Sus costes laborales unitarios han divergido en torno a un 20 % desde la introducción de la moneda única. Esto no sería necesariamente preocupante, pero la cuota de Francia en el mercado mundial de exportaciones ha caído más del doble que la de Alemania, y la brecha de la cuenta corriente ha aumentado en más de un 8 % del PIB. Francia no ha compensado el aumento de sus costes con una mayor competitividad ajena a los precios, mientras que la estrategia alemana de bajos costes ha hecho que el país dependa cada vez más de los mercados extranjeros.

El descenso constante de la inflación y el aumento del superávit por cuenta corriente de la eurozona indican que la demanda agregada es demasiado baja en la eurozona y en Francia y Alemania. El estancamiento de la productividad total de los factores desde mediados de la década de 2000 en varios países de la eurozona (entre ellos Francia) indica que se necesitan reformas profundas para reactivar el crecimiento a largo plazo y, por tanto, garantizar la sostenibilidad de los sistemas sociales.

Para salir del actual estancamiento económico, se necesita una estrategia franco-alemana audaz y coordinada. Esta exige aplicar medidas simultáneamente en ambos países.

Actualmente, no existe en Francia un consenso político a favor de reformas de gran alcance que incluyan recortes estructurales del gasto y cambios en algunas regulaciones del mercado de servicios, y que también mejoren el funcionamiento del mercado laboral. Esto podría lograrse, por ejemplo, reconsiderando el contrato laboral para incentivar la contratación a largo plazo, o calculando el promedio del tiempo de trabajo a lo largo del año, en lugar de semana a semana, lo que permitiría reducir gradualmente los costes laborales unitarios. Hasta ahora, tampoco existe en Francia consenso sobre la necesidad de reformar el sistema educativo. Estas reformas impulsarían el crecimiento de la productividad francesa, estimularían la innovación y ayudarían también a reducir la brecha de costes laborales unitarios con Alemania.

Antes de poder aprovechar plenamente las ganancias de productividad, los salarios y otros costes, como la vivienda, deberán crecer más lentamente en Francia que en Alemania, para que la primera pueda recuperar competitividad y la segunda aliviar su excesiva dependencia de la demanda externa.

Alemania debería orientar sus esfuerzos a impulsar su propia actividad económica. Estimular la demanda interna es parte de la respuesta y podría lograrse rápidamente mediante una reducción de los impuestos para los hogares de bajos ingresos y una estrategia creíble de inversión pública. Para ello, es esencial aceptar que debe abandonarse el «déficit cero» presupuestario. Pero también es esencial una reforma estructural que desarrolle los sectores de bienes no comerciables, como los servicios de TI. La introducción de un salario mínimo el próximo año refuerza la necesidad de centrarse en sectores de alto valor añadido como estos. El sistema educativo debería apoyar el cambio hacia los nuevos sectores de crecimiento del siglo XXI, en los que Alemania va rezagada. Este renovado dinamismo económico debe acabar dando lugar a una tasa de inflación superior al 2 por ciento, necesaria para respaldar el reequilibrio.

Ante la perspectiva de un aumento de la demanda y la inflación en Alemania, el Gobierno francés tendría más margen para reducir las cotizaciones y el gasto sociales, así como para aplicar reformas estructurales de gran alcance. Los recientes anuncios del Gobierno francés de reformas en sectores protegidos, aunque van en la dirección correcta, no serán suficientes. La demanda agregada no depende únicamente de la orientación fiscal. Francia debe reducir la incertidumbre en torno a las políticas futuras, que actualmente frena con fuerza la inversión privada. Una cuestión es aclarar la trayectoria futura de los tipos impositivos y de los precios de la energía y el carbono. Se necesita acordar varios objetivos fundamentales a medio plazo que abarquen cuestiones como la formación profesional, la educación superior, las horas de trabajo a lo largo de la vida, el sistema sanitario y las subvenciones a la vivienda, para anclar las expectativas. La credibilidad, mediante un acuerdo político sobre objetivos a medio plazo, es necesaria para activar la inversión privada

El éxito de una estrategia conjunta de este tipo dependerá, por supuesto, de lo que ocurra en la eurozona: de la capacidad de financiar con fondos nuevos el proyecto de inversión de 300.000 millones de euros del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker; de la disposición del Banco Central Europeo a hacer lo que considere necesario para alcanzar su objetivo de una tasa de inflación «inferior, pero cercana al 2 por ciento»; y de la capacidad de la Comisión Europea y el Consejo Europeo para hacer cumplir las reglas fiscales sin asfixiar la economía. Francia y Alemania tienen una gran responsabilidad como accionistas del Banco Europeo de Inversiones y como participantes directos en el Consejo Europeo. Pero, igual de importante, tienen la responsabilidad de reducir la divergencia estructural entre ambos mediante la introducción de reformas económicas profundas y coordinadas a escala nacional.

Publicado en colaboración con Bruegel

Autora: Agnès Bénassy-Quéré es directora del CEPII. Guntram Wolff es director de Bruegel.

Imagen: El símbolo de la moneda euro aparece junto a la sede del Banco Central Europeo (BCE). REUTERS/Lisi Niesner

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