El cortoplacismo del mundo financiero destruirá nuestras comunidades, economías y el planeta

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Los bancos y las instituciones financieras son (todavía, en su mayoría) entornos machistas, impulsados por la testosterona, donde ganar dinero rápido prima sobre casi cualquier otra consideración.

Esta actitud ante la generación de dinero —fijarse únicamente en el beneficio inmediato de una transacción— no maximiza las ganancias. De hecho, si no aprendemos de los errores del pasado y empezamos a centrarnos en algo más que las ganancias a corto plazo, nuestra miopía financiera podría provocar pérdidas, quiebras y fallos del mercado.

Mucho poder, pero ninguna responsabilidad

En 1962, el narrador omnisciente del cómic de Spiderman dice: «En este mundo, un gran poder conlleva una gran responsabilidad». En 1966, el exitoso musical Cabaret incluye una canción con la frase «el dinero hace girar el mundo».

En 2017, los amos del universo todavía no han llegado a entender del todo qué significan estas palabras, aunque hoy son más ciertas que nunca.

Los bancos centrales y los gobiernos llevan bastante tiempo sin controlar el volumen de dinero en la economía. En cambio, este ha estado determinado en gran medida por las instituciones financieras privadas. Hoy, en la mayoría de las economías desarrolladas, alrededor del 95 % del dinero en circulación lo crean instituciones financieras privadas. Esto no se debe al fraude, sino a la legítima creación de riqueza mediante la inversión y los préstamos. Es el resultado de lo que se conoce como el efecto multiplicador.

Esto es interesante porque nos revela algo tanto sobre el poder como sobre el dinero. Cuando las instituciones financieras deciden si invertir o conceder préstamos, literalmente crean la mayor parte del dinero que invierten, no como entidades individuales, sino como consecuencia de nuestro sistema financiero. Esto les da mucho más poder colectivo sobre la economía —y, por tanto, sobre la vida de las personas— que si se limitaran a prestar dinero que ya existía.

Pero este poder desmesurado no ha ido acompañado de un grado equivalente de responsabilidad.

En cambio, las instituciones financieras siguen reaccionando con cortoplacismo, lo que genera inestabilidad. Cuando más se necesita liquidez financiera, se interrumpe el suministro de dinero: los bancos dejan de conceder préstamos durante las recesiones porque es menos probable que las inversiones generen ganancias a corto plazo. Cuando hay que limitar la oferta monetaria porque la economía se encamina hacia una burbuja, la expectativa de ganancias a corto plazo impulsa a las instituciones financieras a inyectar dinero en la economía.

En la práctica, las instituciones financieras generan inestabilidad económica en el mundo real al utilizar modelos que solo contemplan minutos, días o, como mucho, meses hacia el futuro. Y esto ni siquiera beneficia a las propias instituciones financieras, cuya economía se ve tan afectada por los ciclos de auge y caída como la economía real.

Lo que esta miopía financiera les hace a nuestras economías

Una consecuencia de este enfoque es la destrucción de activos. Los bancos conceden préstamos en condiciones preferentes a quienes pueden obtener ganancias rápidamente, aunque el potencial a largo plazo de la empresa no sea sostenible. Por supuesto, una empresa que compra un bosque y lo tala puede devolver sus préstamos más rápido que otra que planta un árbol nuevo por cada uno que destruye. Y, a corto plazo, puede repartir mejores dividendos. Pero, una vez que desaparecen esos árboles, no queda más que una empresa sin actividad y un terreno baldío.

Cuando los activos se destruyen en vez de preservarse, las comunidades locales se empobrecen, mientras que quienes se beneficiaron simplemente pasan al siguiente proyecto insostenible para obtener más ganancias. Esto aumenta la desigualdad y reduce el poder adquisitivo de las comunidades locales. Eso significa que hay menos personas para comprar cosas, o, como dijo el multimillonario Nick Hanauer: «las masas… son la fuente del crecimiento y la prosperidad, no nosotros, los ricos… cuando los trabajadores tienen más dinero, las empresas tienen más clientes y necesitan más empleados».

Un mensaje para el mundo financiero

Espero que algunas de las personas que lean esto sean expertas en finanzas que, a diferencia de mí, no trabajen en finanzas sostenibles. Tengo un mensaje sencillo para ustedes.

Olvídense de todas esas ideas edulcoradas sobre el planeta, la igualdad o sus nietos y tengan en cuenta lo siguiente: los resultados dependen de la sostenibilidad. Si lo entienden, garantizarán su propio futuro.

Cuando creamos dinero, también decidimos cómo se gasta. Gastar ese dinero de forma sostenible no significa ganar menos; de hecho, ocurre todo lo contrario. Si invertimos en empresas que cuidan los recursos naturales y ayudan a fortalecer las comunidades locales, creamos fuentes de ingresos (y posibles clientes) que nos ayudan a aumentar nuestra rentabilidad a largo plazo. Si adoptamos una perspectiva a más largo plazo, dejamos de temer conceder préstamos durante una recesión y, al hacerlo, reducimos el impacto y la duración de esa misma recesión. Si trabajamos para construir una economía que funcione para todos, también funcionará para nosotros.

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