El interés público en el desarrollo de la inversión de impacto global recibió un impulso significativo el año pasado, debido a una campaña internacional para que los fondos de jubilación, pensiones y dotaciones universitarias desinvirtieran en combustibles fósiles.
Este mercado emergente (que se estima alcanzará un valor de 650.000 millones de dólares para 2020) pretende conectar empresas sociales con los llamados inversores de «impacto». Un aspecto importante ha sido la creación de bolsas sociales.
Aunque las bolsas de valores facilitan las transacciones de los mercados financieros desde hace siglos, las primeras bolsas sociales se lanzaron oficialmente hace poco. Entonces, ¿qué son? ¿Funcionan? ¿Y las necesitamos?
Analizamos estas preguntas como parte de nuestra investigación, entrevistas y análisis, así como la reciente atención de los medios empresariales a esta innovación del mercado.
¿Qué es una bolsa social?
Este tipo de bolsas funciona igual que los mercados de inversión y financieros: ayuda a conectar la oferta con la demanda. Los inversores de «impacto» necesitan información sobre dónde invertir, medidas de rendimiento coherentes (en este caso, además del rendimiento estándar de la inversión [ROI], hay otra medida: el rendimiento social de la inversión [SROI]), oportunidades para crear carteras y opciones de salida. Por el lado de la demanda, las empresas sociales necesitan captar capital y dar a conocer sus actividades. En términos generales, una bolsa de este tipo permite movilizar capital privado en beneficio del bien público.
¿Funcionan realmente?
Las bolsas sociales surgidas recientemente en todo el mundo funcionan de distintas maneras en su intento de hacer crecer los mercados de inversión de impacto. He aquí algunos ejemplos:
Reino Unido (Social Stock Exchange): la Social Stock Exchange se lanzó oficialmente en Londres en 2013; presenta empresas de impacto que cotizan en bolsa y se negocian en la Bolsa de Valores de Londres. Está diseñada para conectar al público general (no solo a los inversores acreditados) con inversiones de impacto y aplica un marco común de impacto social a todos los emisores. Aún no es una plataforma transaccional; en cambio, ofrece perfiles de inversiones de impacto. En 2014 tenía 12 empresas cotizadas.
Canadá (Social Venture Connexion): lanzada en 2013, la SVX está registrada como intermediario restringido ante la Comisión de Valores de Ontario y pretende abordar las fallas del mercado de las finanzas sociales ofreciendo a las empresas sociales un método de bajo costo para acceder a los inversores. SVX aprueba la afiliación (de organizaciones tanto del lado de la oferta como de la demanda) según varios criterios, entre ellos la evaluación del impacto mediante los estándares de B Corporation, una medida reconocida del desempeño social y ambiental. Ya ha superado sus objetivos iniciales en cuanto al capital captado y las empresas cotizadas.
Singapur (Impact Investment Exchange): también lanzada en 2013, la IIX opera desde Mauricio. Su objetivo es respaldar la cotización, negociación, compensación y liquidación de valores emitidos por empresas sociales de África y Asia. Es la única bolsa social pública actualmente y, además de captar emisores de empresas sociales, lleva a cabo programas para ayudarles a estar «preparadas para los inversores».
Según informa Forbes, están surgiendo otras bolsas en Brasil y también en Kenia.
¿Necesita Australia una bolsa social?
El Foro Económico Mundial señala que las bolsas sociales podrían ofrecer valor a los inversores minoristas e institucionales al proporcionar acceso a valores líquidos de empresas de impacto.
Como hemos aprendido de estudios anteriores sobre la rápida propagación de las bolsas de valores durante las décadas de 1980 y 1990, estas se adoptaron por diversos motivos y su desempeño posterior varió considerablemente. El estudio del profesor Michael Lounsbury, de la Universidad de Alberta, y sus colegas demostró que los responsables de formular políticas deben adoptar selectivamente innovaciones de política que se ajusten a los contextos locales.
¿Cuáles son los desafíos?
En Australia, tenemos un mercado incipiente pero en crecimiento para la inversión de impacto, en particular cuando se incluyen en ese crecimiento las actividades de desinversión en combustibles fósiles (y las consiguientes inversiones en energías renovables). Pero, en consonancia con las tendencias mundiales, nos enfrentamos a obstáculos como la falta de conocimiento y de acceso a oportunidades de inversión.
De hecho, parece que el mercado australiano no tiene un problema económico. Tenemos oferta de fondos de inversión de impacto y demanda de empresas sociales, pero carecemos de la infraestructura social y de mercado necesaria para conectar ambas partes de manera más fácil y eficiente.
No cabe duda de que se necesita más desarrollo de capacidades por el lado de la demanda y más educación por el lado de la oferta del mercado. Una bolsa también podría ofrecer la oportunidad de movilizar mejor el capital privado para cumplir los objetivos de ayuda exterior relacionados con la reducción de la pobreza en nuestra región, si las operaciones de inversión de impacto no se limitan a Australia.
A medida que avance nuestra investigación sobre este tema, quizá descubramos que, en lugar de inventar una nueva versión de una bolsa social, sería mejor tomar prestada infraestructura o conectarnos con plataformas existentes, para permitir sinergias entre los modelos operativos mientras crece el mercado mundial.
El número creciente de empresas australianas que obtienen la certificación B Corporation también demuestra avances en la adopción (voluntaria) de herramientas para medir el impacto y divulgar información sobre este.
Sin embargo, también debemos reconocer las críticas a estas plataformas de intercambio, así como las consecuencias no deseadas; por ejemplo, las limitaciones para calcular el rendimiento social de las inversiones, los efectos de «desplazamiento» y la desviación de la misión en el sector sin fines de lucro y de las empresas sociales (la economía social).
También debemos asegurarnos de que la movilización de capital privado no lleve a los gobiernos a eludir sus responsabilidades de abordar aquellos problemas sociales y ambientales que no se resolverán mediante mecanismos de mercado.
Las bolsas sociales establecidas hasta ahora se están desarrollando gradualmente. Sin embargo, el cambio incremental puede ser transformador al proporcionar un mecanismo para movilizar más capital destinado a organizaciones que buscan abordar muchos de los problemas sociales y ambientales actuales de nuestra sociedad.
Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autoría: Danielle Logue es profesora titular de Estrategia, Innovación y Organización en la Universidad de Tecnología de Sídney. Markus A. Höllerer es investigador sénior en UNSW Australia.
Imagen: Un hombre observa un tablero electrónico que muestra los precios de las acciones en Tokio, 8 de julio de 2009. REUTERS/Yuriko Nakao.



