Se cree que un «ataque» financiero contra la stablecoin Terra desencadenó un desplome de las criptomonedas, que perdieron más de 500 millones de dólares en un período de siete días.
Caídas pronunciadas como esta ponen en duda la seguridad de las stablecoins, que supuestamente sirven para reducir la volatilidad del mercado de las criptomonedas.
Al igual que ocurre con los desplomes bursátiles, el futuro de las criptomonedas dependerá del comportamiento de sus inversores.
Si el mes pasado (abril de 2022) hubieras invertido 100 £ (122 US$) en la criptomoneda Luna, quizá habrías confiado discretamente en haber hecho una apuesta sensata. Pero desde entonces el valor de Luna ha caído drásticamente: en el momento de redactar este texto, esas 100 £ valen alrededor de 4 p (5 ¢).
Luna no fue ni mucho menos la única víctima en una semana en la que las criptomonedas cayeron un 30 %. Algunas se han recuperado hasta cierto punto, pero esto sigue representando una pérdida agregada de más de 500 millones de US$ (410 millones de £) en siete días, lo que plantea interrogantes existenciales sobre el futuro del mercado.
Es posible que este desplome fuera provocado por un «ataque» financiero contra la stablecoin Terra (UST), que supuestamente debe mantener la paridad con el dólar estadounidense, pero que actualmente cotiza a solo 18 centavos. Su moneda asociada, Luna, se desplomó posteriormente.
Un ataque de este tipo es extremadamente complejo e implica realizar múltiples operaciones en el mercado de las criptomonedas para intentar provocar determinados efectos, lo que puede reportar ganancias considerables al «atacante».
En este caso, estas operaciones hicieron caer a Terra y, a su vez, arrastraron a su moneda asociada, Luna. Al percatarse de ello, cundió el pánico, que provocó retiradas del mercado y, a su vez, más pánico. Algunas stablecoins (pero no todas) dependen en gran medida de la percepción y la confianza; cuando estas se tambalean, pueden producirse grandes caídas.
Es fundamental que las recientes caídas pronunciadas de las criptomonedas han puesto en duda hasta qué punto son estables las stablecoins en realidad. Al fin y al cabo, están diseñadas para tener una volatilidad prácticamente nula al mantener una «paridad» con algún otro activo subyacente.
Sin embargo, los efectos observados esta semana se extendieron a todo el universo cripto y provocaron pérdidas en un solo día comparables a las de un «miércoles negro» para las criptomonedas (el miércoles negro fue el día de 1992 en que los especuladores forzaron el desplome del valor de la libra). Incluso la principal stablecoin, Tether perdió su paridad, y cayó hasta los 95 centavos por dólar, lo que quizá demuestre la necesidad de regulación. Porque, si las stablecoins no son estables, ¿dónde está el refugio seguro de las criptomonedas?
Confianza en las criptomonedas
La respuesta de los inversores será clave para el futuro de las criptomonedas. Ya hemos visto pánico y desesperación, y algunos comparan este desplome con una retirada masiva de depósitos de los bancos tradicional. Pero, en las retiradas masivas de depósitos, los clientes suelen temer que su banco no pueda devolverles su dinero, en lugar de preocuparse porque su dinero haya perdido todo su valor.
Una comparación más acertada es con los desplomes bursátiles en los que los inversores temen que las acciones que poseen pronto no valgan nada. Y, hasta ahora, la reacción a este desplome de las criptomonedas sugiere que una gran parte de quienes las poseen ve sus inversiones de forma similar.
Pese a la volatilidad histórica de los precios, entre los inversores suele observarse una premisa básica: que el precio del activo aumentará y seguirá haciéndolo. En este escenario, el inversor no quiere quedarse fuera. Ve que el activo sube, lo considera una «apuesta segura» y entonces invierte.
A menudo, animado por los primeros éxitos, el inversor puede aportar más dinero. Si a esto se suman las redes sociales y el miedo a perderse ganancias «inevitables», las inversiones continúan.
En pocas palabras, muchos habrán invertido en criptomonedas porque creían que eso los haría más ricos. Sin duda, esa confianza se ha tambaleado.
Pero otro motivo para invertir en criptomonedas puede ser creer en su carácter transformador: la idea de que acabarán sustituyendo las formas tradicionales de intercambio financiero.
Para estos inversores, cualquier aumento del valor de una criptomoneda demuestra que esta cobra cada vez más fuerza frente al dinero tradicional. Del mismo modo, una caída considerable del valor de las criptomonedas no es solo una pérdida monetaria, sino también ideológica.
Al mismo tiempo, esta postura ideológica crea un grupo de inversores mucho menos propenso a vender ante una caída pronunciada. Y este grupo aún podría dar esperanza al sector.
Cuando se producen desplomes bursátiles en mercados consolidados, hablamos de un retorno al «valor fundamental». A menudo se supone que el valor fundamental de las criptomonedas es cero. Sin embargo, quizá exista al menos cierto valor fundamental basado en la confianza. El tamaño del grupo de inversores que posee criptomonedas porque cree en su futuro a largo plazo y en la promesa de una nueva forma de dinero podría determinar ese valor fundamental.
En efecto, si consideramos a los inversores en criptomonedas como grupos distintos con motivaciones diferentes, podemos entender mejor los comportamientos que observamos. Quizá los inversores puedan consolarse pensando que lo peor de este desplome ya ha pasado y que vienen tiempos mejores. Pero, como diría cualquier asesor financiero, en las criptomonedas, como en cualquier otro mercado, nada está garantizado.




