Aunque los esfuerzos de mitigación logren estabilizar el clima, la humanidad tendrá que convivir durante mucho tiempo con algunos efectos del cambio climático.
Por tanto, la adaptación al cambio climático es esencial, y quienes se adelanten en el mercado desde el sector privado disfrutarán de una ventaja clara.
El mercado de la adaptación podría alcanzar un valor de 2 billones de dólares al año para 2026, y gran parte de los beneficios podrían recaer en el Sur Global.
El cambio climático está afectando a prácticamente todos los sectores y regiones del mundo, pero la mayor parte de nuestra financiación climática se ha destinado a la mitigación, no a la adaptación. Esto es un problema.
Aunque la mitigación estabilice el clima, aún debemos convivir con los efectos del cambio climático. Muchos ya están aquí: una mayor frecuencia de los incendios forestales y tormentas más destructivas, por ejemplo.
Por tanto, la adaptación al cambio climático es esencial.
Se prevé que el coste de la adaptación en los países en desarrollo alcance los 300.000 millones de dólares al año para 2030. En cambio, los flujos mundiales de financiación para la adaptación fueron de apenas 46.000 millones de dólares en 2020, de los cuales solo 28.600 millones de dólares llegaron a los países en desarrollo. Esta cifra es insuficiente.
Los países en desarrollo se ven más gravemente afectados por el cambio climático. Las 55 economías más vulnerables al clima del mundo ya han perdido el 20 % de su PIB. Existe una necesidad clara de aumentar la financiación para la adaptación al cambio climático, especialmente en los países en desarrollo.
El sector privado puede ayudar a cubrir este déficit de inversión. Actualmente, solo el 1,6 % de toda la financiación para la adaptación procede de inversiones privadas; esto convierte a la adaptación al cambio climático en una oportunidad sin explotar.
¿Por qué invertir en la adaptación al cambio climático?
He aquí tres razones por las que invertir en la adaptación al cambio climático en los países en desarrollo es una apuesta ganadora.
1. Un mercado en crecimiento
La oportunidad que ofrece la adaptación al cambio climático es enorme y va en aumento.
El mercado podría alcanzar un valor de 2 billones de dólares al año para 2026, y la necesidad de soluciones de adaptación crecerá a medida que los impactos climáticos sean más frecuentes.
Los riesgos climáticos afectarán a prácticamente todos los sectores: se dañarán los activos inmobiliarios; caerá la productividad agrícola; las instituciones financieras tendrán que hacer frente a mayores riesgos, e incluso el acceso a internet podría estar en peligro.
Es probable que los daños causados por fenómenos relacionados con el cambio climático, como los incendios forestales, la escasez de agua y las tormentas más intensas, asciendan a miles de millones por fenómeno; por eso el mercado de la adaptación es valioso.
Actualmente, alrededor de dos tercios de la financiación mundial para la adaptación se destinan a los países en desarrollo. Esto significa que estos países son la puerta de entrada al mercado de la adaptación. Además, la oportunidad no deja de crecer. Por ejemplo, los delegados de la COP26 en Glasgow pidieron duplicar la financiación para la adaptación destinada a los países en desarrollo con respecto a los niveles de 2019, hasta alcanzar los 40.600 millones de dólares para 2025.
La financiación media por proyecto de adaptación en 2020 fue de 8,8 millones de dólares, y la mayor financiación para un solo proyecto fue de 1.100 millones de dólares. A las empresas privadas les convendría aprovechar esta oportunidad poniendo en marcha o ampliando iniciativas de adaptación al cambio climático en los países en desarrollo.
2. Modelos de negocio probados
Las oportunidades en el sector de la adaptación al cambio climático siguen siendo relativamente desconocidas. Esto supone una ventaja tanto para los emprendedores como para los inversores.
Entrar pronto en el mercado puede permitir a las empresas privadas ganar terreno sin enfrentarse a una competencia intensa. Invertir en empresas de adaptación al cambio climático puede ser una forma inteligente de que los inversores equilibren el riesgo de sus carteras, al servir de cobertura frente a la exposición a fenómenos climáticos.
Una de las principales razones por las que los fondos privados han dudado hasta ahora en invertir en empresas de adaptación es la incertidumbre sobre si sus modelos de negocio están probados. Sin embargo, cada vez hay más casos de éxito. He aquí algunos ejemplos:
SunFunder, una empresa de gestión de deuda privada con sede en Nairobi, Kenia, financia empresas de tecnologías limpias en África y Asia. Las inversiones de SunFunder promueven la adaptación al cambio climático al ofrecer «una mayor seguridad alimentaria, eficiencia hídrica y productividad económica», además de resiliencia agrícola. Ha invertido 200 millones de dólares en 58 empresas y recientemente fue adquirida por Mirova, una firma con sede en París que gestiona activos por valor de 26.700 millones de dólares, y también ha creado un nuevo fondo de 500 millones de dólares.
E Green Global es una empresa de tecnología agrícola con sede en Seúl, Corea, que produce a escala comercial los primeros plantones de patata resistentes a enfermedades del mundo (microtubérculos). Los microtubérculos ofrecen un mayor rendimiento y un menor coste que los métodos convencionales. La empresa promueve la adaptación al cambio climático al mejorar la resiliencia de los cultivos frente a las condiciones climáticas cambiantes y hasta ahora ha conseguido contratos por valor de 92 millones de dólares.
Las empresas de adaptación al cambio climático pueden abarcar desde defensas contra inundaciones y sistemas de alerta temprana de ciclones hasta empresas de tecnología financiera y de cadenas de suministro, todas ellas con un papel que desempeñar en la adaptación. Fairbanc y Wagely, por ejemplo, son empresas de tecnología financiera que ayudan a propietarios de negocios y empleados a afrontar las perturbaciones relacionadas con el clima. Captain Fresh, una empresa india de cadena de suministro de productos del mar que ha recibido 126,5 millones de dólares en financiación, minimiza el deterioro de los envíos de productos del mar, algo crucial ahora que el cambio climático ha reducido las poblaciones de peces.
3. Disponibilidad de capital público
Decenas de miles de millones de dólares de capital público ya fluyen hacia proyectos de adaptación al cambio climático en países en desarrollo. Gran parte de ese capital adopta la forma de financiación combinada, lo que permite a los inversores privados aprovechar los fondos públicos para complementar sus inversiones.
Por ejemplo, un fondo de gestión privada que recibe aportaciones de un socio comanditario público se beneficia de tasas mínimas de rentabilidad más bajas y de una mayor duración del fondo. Los fondos públicos también podrían conceder préstamos a bajo interés a una empresa privada, permitiéndole emprender proyectos en países en desarrollo con menos riesgo. La financiación combinada crea oportunidades para que los inversores y las empresas privadas minimicen los riesgos y, a la vez, maximicen el potencial de beneficios y el impacto social positivo.
El Fondo Verde para el Clima (GCF, por sus siglas en inglés), creado por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, está haciendo precisamente eso.
Ha invertido 3.900 millones de dólares en 45 proyectos climáticos del sector privado, atrayendo coinversiones que suman 17.500 millones de dólares en activos privados bajo gestión. Esto significa que el GCF pudo utilizar fondos públicos para movilizar más de cuatro veces el capital total. Una forma en que el GCF y fondos similares pueden mejorar la rentabilidad de sus socios inversores es asumir una posición de primera pérdida, lo que mejora la tasa de rentabilidad esperada del socio.
El GCF es solo uno de los muchos fondos y mecanismos de financiación combinada que generan situaciones beneficiosas tanto para los actores privados como para la sociedad en general.
Apostar por la adaptación al cambio climático
Ha llegado el momento de que las empresas privadas y los inversores apuesten por la adaptación al cambio climático, especialmente en los países en desarrollo.
El mercado de la adaptación al cambio climático es enorme y está creciendo; los modelos de negocio están establecidos, las oportunidades son diversas y el aumento de la financiación pública para la adaptación hace aún más atractiva la propuesta.
Invertir ahora en la adaptación al cambio climático ofrece la posibilidad de obtener importantes rendimientos financieros, al tiempo que se combate el cambio climático y se ayuda a las personas más vulnerables del mundo.
Los autores desean agradecer a Ummamah Shah, curadora del centro Global Shapers Karachi del Foro Económico Mundial, su ayuda en la investigación.




