Hace casi dos años y medio, el acto de autoinmolación de Mohamed Bouazizi desencadenó protestas en Túnez y marcó el inicio de los movimientos de la Primavera Árabe. Desde entonces, la región de Oriente Medio y el Norte de África (MENA) ha experimentado cambios considerables, entre ellos el derrocamiento de gobiernos en Túnez, Egipto, Yemen y Libia, así como la puesta en marcha de reformas en otros varios países.
Los motivos detrás de los levantamientos y las protestas variaron según la región, pero lo que resultó relativamente generalizado fue la demanda de una sociedad más equitativa e inclusiva. Todavía es demasiado pronto para emitir un veredicto sobre si el Despertar Árabe fue un éxito, ya que la región sigue enfrentándose a importantes desafíos. Sin embargo, entre una multitud de cuestiones sociales, políticas y económicas, está claro que lograr la inclusión financiera es un ámbito que será fundamental para el futuro de la región MENA.
Para las personas y las familias, el acceso a los servicios financieros es importante para mejorar el bienestar de los hogares, mitigar riesgos imprevistos y acumular ahorros para cubrir gastos como la atención sanitaria y la educación. Pese a su importancia, la inclusión financiera es limitada para la mayoría de la población de la región MENA. La región presenta la menor penetración de cuentas, ya que solo el 17,7 % de los adultos declara tener una cuenta formal. Además, solo el 5,1 % de los adultos recibió préstamos de una institución financiera durante el último año, situando a la región por delante únicamente de África subsahariana en esta categoría. De los ocho países de MENA incluidos en el Informe de Desarrollo Financiero del Foro Económico Mundial, Egipto, Jordania, Marruecos y Arabia Saudita se sitúan todos en el cuartil inferior en cuanto al acceso minorista a los servicios financieros.
Las pequeñas y medianas empresas (pymes) de la región también se ven obstaculizadas por la imposibilidad de acceder a los servicios financieros. Según la Encuesta Mundial a Empresas del Banco Mundial, solo el 20 % de las pymes de la región MENA tiene un préstamo o una línea de crédito, y los préstamos a pymes representan solo el 8 % del total de préstamos. Dado que las pymes desempeñan un papel vital en la creación de empleo y en el impulso del crecimiento económico, será crucial que la región subsane esta brecha de financiación.
Uno de los requisitos principales para lograr la inclusión financiera en la región es crear un entorno propicio adecuado. Esto significa que los responsables políticos de toda la región MENA deberán mostrarse proactivos en sus esfuerzos por mejorar la infraestructura financiera y los mecanismos jurídicos y regulatorios necesarios para promover el acceso a los servicios financieros. Designar o crear una autoridad supervisora adecuada, eliminar los límites a los tipos de interés, aplicar legislación de protección al consumidor e invertir en tecnología, como los dispositivos de punto de venta y la banca móvil, son solo algunos de los ámbitos que contribuirían a que la inclusión financiera en la región se convierta en una realidad.
Los desafíos que se avecinan para la región MENA son difíciles, pero no insuperables. La elaboración e implementación de nuevas leyes, estructuras de gobernanza y tecnologías requieren tiempo. Sin embargo, crear una sociedad más inclusiva desde el punto de vista financiero debería ser una prioridad para la región, ya que contribuirá a aumentar los ingresos, reducir el desempleo y la pobreza, y favorecer la competitividad general a largo plazo de la región.
Autor: Todd Glass es Project Associate del equipo de Industrias de Servicios Financieros del Foro Económico Mundial EE. UU. y coautor del Informe de Desarrollo Financiero
Imagen: Un operador aparece frente a un panel electrónico en la Bolsa de Ammán. REUTERS/Ali Jarekji


