¿Puede la financiación islámica favorecer la estabilidad y la inclusión?

¿Puede la financiación islámica favorecer la estabilidad y la inclusión?
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Desde la crisis financiera mundial, los responsables de formular políticas han intentado pulsar el botón de «reinicio» para fortalecer la intermediación financiera que realizan los bancos convencionales y las instituciones financieras no bancarias. El objetivo ha sido abordar las fallas que contribuyeron a desencadenar una de las crisis financieras más devastadoras del siglo y hacer posible un sistema financiero más inclusivo y estable, que promueva tanto la estabilidad como el desarrollo y el crecimiento económicos.

La financiación islámica ofrece varias características acordes con estos objetivos. El término se refiere a servicios financieros conformes con la jurisprudencia islámica, o sharía, que prohíbe los intereses, la especulación, los juegos de azar y las ventas en corto; exige un trato justo, y establece la inviolabilidad de los contratos. Estos principios prometen contribuir a la estabilidad financiera, ya que un precepto fundamental de la financiación islámica es que los prestamistas compartan tanto los riesgos como las ganancias de los proyectos y préstamos que financian.

La financiación islámica tiene un importante potencial para actuar como motor de estabilidad e inclusión. Dado que se exige a los inversores que asuman las pérdidas que puedan derivarse de los préstamos, el apalancamiento es menor y hay más incentivos para aplicar una sólida gestión de riesgos. Estas características de reparto de riesgos también contribuyen a garantizar la solidez de las instituciones financieras individuales y ayudan a desalentar los auges crediticios y las burbujas inmobiliarias que precedieron a la crisis financiera mundial.

El énfasis en la financiación respaldada por activos y en el reparto de riesgos también puede mejorar el acceso a la financiación de las pequeñas y medianas empresas y favorecer un crecimiento inclusivo. Es adecuada para financiar proyectos de infraestructura a gran escala en los que, de manera similar a las asociaciones público-privadas, los inversores financian la construcción de carreteras, puentes y proyectos similares, y reciben rendimientos de esas inversiones hasta que el proyecto alcanza su vencimiento. Por último, los servicios financieros islámicos también prometen mejorar la inclusión financiera de la gran cantidad de musulmanes que, por motivos religiosos, se abstienen de utilizar los bancos.

Pero ¿qué desafíos hay que superar para que esta industria se generalice y pueda crecer de manera segura y sólida?

Estos y otros temas se analizan en un nuevo trabajo del personal del FMI. En él se concluye que, para prosperar, la industria debe:

  • Aumentar la claridad y la armonización de la regulación, en coordinación con los organismos islámicos emisores de normas, incluso en lo relativo al tratamiento de las cuentas de inversión con participación en beneficios y los requisitos de divulgación; además, aclarar aún más cómo se tratan los instrumentos conformes con la sharía al calcular los requisitos de Basilea III;

  • Subrayar la importancia de una mayor coherencia en el cumplimiento de la sharía, tanto entre países como dentro de ellos;

  • Destacar la importancia de desarrollar redes de protección —la protección de los depositantes y la provisión de liquidez de emergencia— y marcos que permitan resolver los problemas de las instituciones islámicas que puedan atravesar dificultades de una manera que evite perturbaciones indebidas del mercado;

  • Reducir los obstáculos fiscales y regulatorios a la financiación con reparto de riesgos; y

  • Profundizar el mercado de valores a corto y largo plazo conformes con la sharía, mediante emisiones soberanas periódicas de referencia y reglas más claras sobre el tratamiento de las garantías.

Fuerte demanda

Los activos financieros islámicos han crecido a tasas de dos dígitos durante la última década, desde unos 200.000 millones de dólares en 2003 hasta un valor estimado de 1,8 billones de dólares al cierre de 2013.( Una gran parte de la financiación islámica —alrededor del 80 %— está constituida por activos de la banca islámica; el resto se compone de sukuk (15 %, instrumentos respaldados por activos o basados en activos), fondos islámicos (4 %) y takaful (seguros islámicos).

La banca islámica representa actualmente el 15 % o más del sistema bancario en diez países de Oriente Medio y Asia. La emisión de sukuk se ha multiplicado por veinte durante el mismo período y alcanzó los 119.700 millones de dólares en 2013. El número y la variedad de emisores de activos financieros islámicos que buscan acceder a estos mercados han aumentado e incluyen Hong Kong (Región Administrativa Especial), Luxemburgo, Senegal, Sudáfrica y el Reino Unido. Las implicaciones del crecimiento de la industria para la estabilidad económica y financiera son enormes, al igual que la demanda de asesoramiento sobre políticas en este ámbito.

Abordar los desafíos en conjunto

Para que esta industria se desarrolle de manera segura y sólida, habrá que abordar los importantes desafíos descritos anteriormente. El FMI, con su membresía universal, su mandato de supervisión, sus iniciativas de fortalecimiento de capacidades y su estrecha relación con los organismos emisores de normas tanto convencionales como islámicos, tiene una importante oportunidad para contribuir.

Este artículo se publica en colaboración con IMF Direct. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.

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Autor: Mohamed Afzal Norat es experto sénior en el sector financiero y economista sénior en la División de Supervisión y Regulación Financiera del Departamento de Mercados Monetarios y de Capitales del Fondo Monetario Internacional (FMI). Marco A. Piñón es actualmente asesor en el Departamento de Mercados Monetarios y de Capitales (MCM) del Fondo Monetario Internacional (FMI). Zeine Zeidane es asesor en el Departamento de Oriente Medio y Asia Central del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Imagen: Varias personas aparecen en el Centro Financiero Internacional de Dubái. REUTERS/Omr Mohamed

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