¿Puede Alemania tenderle una tabla de salvación a Grecia?

¿Puede Alemania tenderle una tabla de salvación a Grecia?
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Alemania ha transmitido el mensaje de que una salida griega de la eurozona podría ser el menor de dos males. Se ha interpretado como una advertencia al electorado griego antes de las elecciones del 25 de enero, mientras el partido izquierdista Syriza se presenta con un programa para aliviar la carga de la deuda y la austeridad del país. Tanto si Berlín logra su objetivo como si no, la deuda es la espada de Damocles que penderá sobre el próximo Gobierno griego.

Los países de la eurozona parecen nerviosos, y los mercados ya han votado, llevando el euro a su nivel más bajo en nueve años frente al dólar. Es un juego peligroso, y tanto Angela Merkel como el líder de Syriza, Alexis Tsipras, creen que pueden jugar con los mercados.

Desde el punto de vista económico, todo el debate sobre la deuda griega evoca la fábula de Esopo «La sombra del asno» : una disputa sobre lo efímero corre el riesgo de nublar el verdadero asunto en cuestión. Se debaten dos escenarios principales. El primero es la opción que prefiere Merkel: que Alemania y el Gobierno griego se entiendan y acepten el acuerdo actual de gestión de la deuda. En el segundo, Syriza afirma que, si resulta elegido, pediría que se condonara una parte de la deuda.

Syriza insiste en que lo haría con o sin el consentimiento de Alemania. Alemania reitera que, si eso sucede, Grecia no podría recibir ninguna ayuda financiera y, por tanto, se vería obligada a salir de la eurozona.

Domar a la bestia

Es cierto que la deuda griega es enorme. Pero, en determinadas circunstancias, puede volverse manejable. Según las Perspectivas de la economía mundial del FMI, la deuda soberana de Grecia asciende a 300.000 millones de euros, o al 174% del PIB.

En el primer año del euro, la carga de la deuda griega se situaba en el 102%. Descendió al 97% en 2003 y al 99% en 2004, pese a que el segundo semestre de 2003 y el comienzo de 2004 fueron un período previo a las elecciones. Desde 2004, la deuda pública se ha disparado.

FMI

El gráfico anterior muestra qué ocurre con la elevada deuda soberana griega. Una carga de deuda inferior al 100% se asocia con un crecimiento económico positivo. Si supera el 100%, frena el crecimiento económico. Como puede verse, la pérdida de crecimiento supera el 4% anual.

La razón es muy sencilla. Una deuda pública más elevada exige tasas de interés más altas, y aún más altas si aumenta el riesgo de impago. En Grecia, el rendimiento del bono a diez años —la tasa que paga el Gobierno a los inversores por pedirles dinero prestado— aumentó de menos del 10% en 2010 a más del 40% justo antes del segundo rescate, en 2012. En el entorno económico mundial actual, las tasas superiores al 10% equivalen a la bancarrota. La tasa de Grecia es hoy del 10% y se espera que aumente antes de las elecciones.

Esto no sería un problema tan grande si las tasas de endeudamiento del Gobierno no afectaran a las del sector privado. Como regla general, la tasa de endeudamiento privado es al menos un 2% más alta. Durante los años de la crisis griega, la tasa de interés a largo plazo fue del 8,26% en 2010, del 14,86% en 2011, del 22,43% en 2012 y del 13,26% en 2013. Así, una enorme deuda pública eleva las tasas de endeudamiento del sector privado, lo que provoca una caída de la inversión privada y del crecimiento económico.

Bajar el tono político

El problema no es la deuda en sí , sino su efecto sobre las tasas de endeudamiento. Estas se ven afectadas por la incertidumbre política. Por eso, países con déficits elevados, como Estados Unidos y Japón, pueden financiar sus deudas a tasas mucho más bajas que Grecia: el mercado supone que nunca dejarían de pagar. La reciente incertidumbre política en Grecia pone muy nerviosos a los mercados. Se calmarán si el razonamiento económico prevalece sobre la retórica del debate político.

La tabla siguiente muestra el impacto de los dos escenarios —el statu quo, preferido por los alemanes, o una condonación de deuda propuesta por Syriza— en los costos de endeudamiento público y privado. También incluye el escenario de un impago unilateral, equivalente a cancelar toda la deuda del Gobierno griego.

Según los datos de Eurostat, en 2014 Grecia pagó 7.800 millones de euros por el servicio de su deuda. Gracias a las condiciones favorables del rescate, la tasa de interés implícita es del 2,35%, una de las más bajas de la eurozona.

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Supondremos que el recorte de deuda de Syriza reduce la proporción de deuda respecto al PIB al 100% del PIB. Eso implica una condonación de 120.000 millones de euros, que a su vez elevaría las tasas de endeudamiento tanto del sector público como del privado, porque aumentaría el riesgo para los inversores. No se puede estimar cuánto subirían. Sin embargo, un aumento moderado del 2,35% al 4,27% tendría prácticamente el mismo impacto económico en las finanzas públicas que la situación actual. Hoy, muchos países se endeudan a tasas superiores al 4,27%.

Sin embargo, las dos opciones no tienen el mismo efecto sobre los costos de endeudamiento privado. Actualmente, la deuda privada griega que deben particulares y empresas asciende a 200.000 millones de euros. Con el acuerdo actual, los pagos anuales de intereses suman 5.200 millones de euros. Con una condonación de deuda como la aquí supuesta, subirían a 8.700 millones de euros. Así pues, el statu quo parece preferible a una quita. Cabe señalar que el impago queda descartado, porque incluso con una tasa de interés (relativamente) moderada del 8,5%, el costo sería de 17.000 millones de euros al año.

Alemania se niega a aprobar una quita de la deuda griega porque afirma que, en la práctica, el dinero pertenece a los contribuyentes alemanes. Sin embargo, una condonación no sería necesariamente perjudicial para sus ciudadanos si la tasa de interés subiera al 4,27%. De hecho, si se negocia una tasa más alta con el nuevo Gobierno griego, sería más rentable que el acuerdo actual.

En pocas palabras, Grecia —y también Alemania— puede llegar a un acuerdo para gestionar la deuda griega sin hacer añicos el mercado del euro y sin perjudicar a los contribuyentes alemanes. Depende de Angela Merkel hacer que resulte políticamente viable en su país, y de Syriza anteponer el sentido común económico a una retórica política anacrónica. De lo contrario, el destino del euro podría ser el mismo que el del asno de Esopo, que desapareció mientras los protagonistas discutían.

Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: El Dr. Gregory T. Papanikos es el fundador y actual presidente del Instituto de Atenas para la Educación y la Investigación.

Imagen: La bandera nacional alemana ondea detrás de la bandera de la UE, en lo alto del edificio del Reichstag, sede de la cámara baja del parlamento alemán, el Bundestag, en Berlín, el 26 de mayo de 2011.

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