¿Qué nos enseña la Peste Negra sobre el desarrollo?

¿Qué nos enseña la Peste Negra sobre el desarrollo?
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Aumentar las interacciones entre la historia económica y el desarrollo económico ayudaría a ambas, porque las dos subdisciplinas estudian esencialmente el desarrollo económico. La diferencia es que la historia económica se centra en los países de salarios altos, mientras que el desarrollo económico se centra en las economías de salarios bajos. La investigación reciente en historia económica revela que la tecnología moderna es más rentable cuando los salarios son altos, lo que implica que un problema de fondo del desarrollo exitoso puede ser el patrón demográfico que mantiene los salarios bajos.

La nueva historia económica surgió en la generación pasada para incorporar a la historia económica la revolución de la economía desde la Segunda Guerra Mundial. El uso de la economía moderna y de la econometría en el estudio del pasado ha aportado muchas ideas potencialmente interesantes tanto para la historia económica como para el desarrollo económico, como demuestran, por ejemplo, Robert Allen, Joachim Voth y sus colegas (Allen 2013, Voigtländer y Voth 2013, Temin 2014).

Voth demostró que Europa Occidental se convirtió en una economía de salarios altos en el siglo XIV, gracias al patrón matrimonial europeo estimulado por los efectos de la Peste Negra. Allen sostuvo que los salarios altos y los costos bajos de la energía produjeron la Revolución Industrial en el siglo XVIII, en parte debido a la Peste Negra y al patrón matrimonial europeo. Allen mostró que la tecnología de la industrialización se adaptó a estos precios de los factores y no es rentable en las economías de salarios bajos. El paso al desarrollo económico sugiere que la demografía afecta hoy al destino, como lo hizo en el pasado, y que las lecciones de la historia económica pueden informar las decisiones de política actuales.

Con más detalle, Voigtländer y Voth (2013) sostuvieron que la escasez de mano de obra tras la Peste Negra provocó un cambio en la tecnología agrícola. Desplazándose a lo largo de la línea de isoproductividad salario-renta, los agricultores pasaron de cultivar cereales a criar animales, de la agricultura de labranza a la ganadería. Dicho de otro modo, el movimiento a lo largo de una curva de posibilidades de producción continua dio lugar a un cambio discreto en la tecnología subyacente. Thomas More lo expresó de la manera más pintoresca: «Vuestras ovejas, que solían ser tan mansas y dóciles, y tan poco comedoras, se han vuelto, según tengo entendido, tan grandes devoradoras y tan salvajes que engullen a los propios hombres. Consumen, destruyen y devoran campos, casas y ciudades enteras».

Esta adaptación de la tecnología agrícola cambió el papel de las mujeres en la Europa medieval. El paso de los cultivos a la ganadería redujo la demanda de fuerza para empujar el arado y amplió el abanico de trabajos que podían realizar las mujeres. El resultado fue un cambio en la condición social de las mujeres que los historiadores económicos han observado en otros momentos y lugares. La reducción del arado disminuyó la demanda de trabajo de los hombres y aumentó la demanda de trabajo de las mujeres. Los salarios de las mujeres subieron y sus oportunidades laborales se ampliaron. Retrasaron el matrimonio, entraron al servicio doméstico y se volvieron más independientes. Esto, a su vez, dio lugar al patrón matrimonial europeo y al patrón familiar descrito por Hajnal (1965). Fue un cambio único en la estructura de la sociedad, que consistió en el matrimonio tardío de las mujeres, hogares separados para las parejas recién casadas y un aumento de la frecuencia de mujeres solteras, conocidas más tarde como solteronas.

El aumento de los salarios como resultado de la Peste Negra se sostuvo gracias a un cambio en los patrones matrimoniales que elevó la edad de matrimonio de las mujeres y redujo la tasa de crecimiento de la población. La adaptación al shock inicial condujo a un aumento duradero de los ingresos de la población. Esto, a su vez, generó una demanda de más carne en la dieta, que, por supuesto, se satisfizo con más ganadería. Todo el patrón encajó con la Peste Negra como un shock que desplazó a los hogares y a la economía de un equilibrio demográfico a otro.

Esta investigación encaja con el argumento de Allen de que las innovaciones iniciales de la Revolución Industrial surgieron de la experimentación de los productores para reducir los costos de la mano de obra cara y aprovechar los beneficios de la energía barata. Ante la constatación de que los salarios eran generalmente altos en Europa Occidental, Allen (2009) se esforzó considerablemente en demostrar que las pequeñas ganancias de estas innovaciones iniciales no eran rentables en Francia ni en los Países Bajos.

Allen (2013) también sostuvo que los salarios y los precios de la energía en América del Norte estaban lo bastante cerca del patrón británico como para que las iniciativas de política –aranceles, educación e inversiones en infraestructura– crearan condiciones propicias para la industrialización. Esto fue definitivamente cierto para los países de Europa Occidental que siguieron el patrón británico una vez que la productividad industrial avanzó desde su nivel inicial. Aunque estos países no tenían los precios de los factores necesarios para que las innovaciones iniciales de la Revolución Industrial fueran rentables, el desarrollo posterior de estas innovaciones las hizo rentables a precios de los factores cercanos a los de Gran Bretaña. Y, como señaló Allen, los cambios de política favorecieron la industrialización a medida que se extendía.

Pero todo esto ocurrió dentro del área de salarios altos que describieron Voigtländer y Voth. Señalaron que el patrón matrimonial europeo se extendía solo desde el Atlántico hasta una línea que va de San Petersburgo a Trieste. Otros países de Asia o África eran economías de salarios bajos, sometidas a la presión malthusiana sobre los salarios, y sus precios de los factores no se aproximaban a los ingleses. Los pequeños cambios en las políticas económicas no bastaron para hacer rentable la industrialización en India o Egipto. La historia que vincula la Peste Negra con la Revolución Industrial es, por tanto, también una historia de por qué Europa se industrializó en los últimos dos siglos.

También ayuda a explicar por qué el proceso de desarrollo económico en otros continentes ha sido tan difícil. La tecnología moderna ha extendido las innovaciones de la Revolución Industrial en el contexto de salarios altos y energía barata. Sin embargo, estos precios de los factores no son típicos en muchas zonas de África y Asia, y la tecnología moderna no es allí tan rentable como en otras regiones del mundo con salarios más altos. Los países con salarios bajos tienen dificultades para mantener la producción moderna en el mundo actual de aranceles bajos. Los textiles suelen ser un punto de partida, hoy como en tiempos históricos, pero el paso a otros tipos de producción ha sido difícil.

El razonamiento presentado en este artículo sugiere que prestar atención a la demografía es una parte importante del desarrollo económico. Salvo una plaga, la mejor manera de elevar los salarios es reducir la tasa de natalidad cambiando el papel de las mujeres en los países en desarrollo, para acercarlas al patrón matrimonial europeo. Esto, por supuesto, es difícil en zonas donde el islam radical –como los talibanes en Asia o Boko Haram en África– se opone a la educación y al empleo de las mujeres. Muchos problemas del desarrollo económico pueden ser de índole religiosa y política.

Autor: Peter Temin es Gray Professor Emeritus de Economía, MIT

Imagen: Se cosechan soyas en una granja en las afueras de San José el 27 de abril de 2011. REUTERS/Andres Stapff

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