En los últimos meses, ha aumentado la preocupación entre los expertos financieros y los medios de comunicación de todo el mundo por que los mercados de activos sobrecalentados —inmobiliario, renta variable y bonos a largo plazo— puedan provocar otra crisis económica. El público en general parece no inquietarse: Google Trends muestra cierto repunte en el término de búsqueda “burbuja del mercado bursátil”, pero no está en su máximo de 2007, y las búsquedas de “burbuja inmobiliaria” son relativamente poco frecuentes.
Pero la preocupación de los expertos es notable y saludable, porque la creencia de que los mercados son siempre eficientes solo puede sobrevivir si algunas personas no la creen por completo y piensan que pueden obtener beneficios anticipándose al mercado. Al mismo tiempo, esta preocupación creciente también entraña peligros, porque no sabemos si provocará una reacción exagerada del público.
Las agencias internacionales emitieron recientemente advertencias sobre excesos especulativos en los mercados de activos, lo que sugiere que deberíamos preocuparnos por una posible crisis. En un discurso de junio, la subdirectora gerente del Fondo Monetario Internacional, Min Zhu, sostuvo que los mercados inmobiliarios de varios países, incluidos los de Europa, Asia y América, “muestran signos de sobrecalentamiento”. Ese mismo mes, el Banco de Pagos Internacionales afirmó en su Informe Anual que tales “signos son preocupantes”.
Los periódicos también hacen sonar las alarmas. El 8 de julio, el New York Times publicó un titular algo hiperbólico: “De las acciones a las tierras de cultivo, todo está en auge o en burbuja: los precios de casi todos los activos del mundo son altos, lo que entraña riesgos económicos.” Las palabras “casi todos” son demasiado contundentes, aunque el titular delata la nueva preocupación.
No está del todo claro por qué suenan las alarmas justo ahora, tras cinco años de expansión general de los mercados desde que tocaron fondo a comienzos de 2009. ¿Por qué no esperan las personas, con tranquilidad, más años de expansión?
Parece que este razonamiento está muy influido por los máximos históricos recientes en los mercados bursátiles, aunque esos niveles son prácticamente insignificantes si se tiene en cuenta la inflación. Cabe destacar que hace apenas un mes el Morgan Stanley Capital International All Country World Index superó el récord que había alcanzado el 31 de octubre de 2007.
El Fondo Monetario Internacional anunció en junio un nuevo sitio web, Global Housing Watch, que hace seguimiento de los precios y las ratios de la vivienda a escala mundial. El sitio muestra un índice global de precios de la vivienda que, ponderado por el PIB, sube tan rápido como durante el auge previo a la crisis de 2008, aunque todavía no alcanza el máximo registrado en 2006.
También está el anuncio de la Reserva Federal de Estados Unidos de que, si la economía evoluciona como se espera, la última compra de bonos de la ronda de flexibilización cuantitativa que inició en septiembre de 2012 se producirá en el mes siguiente a la reunión del Comité Federal de Mercado Abierto de octubre de 2014. Este tipo de noticias parece influir también en la opinión de los observadores, aunque en realidad no aporta gran novedad, dado que todo el mundo sabía que la Fed pondría fin al programa en breve.
El problema es que no existe una forma segura de explicar cómo reaccionarán las personas ante un cambio de política de este tipo, ante cualquier señal de sobrecalentamiento o caída de precios, o ante otras noticias que podrían presentarse como de algún modo importantes. Simplemente no disponemos de una historia bien documentada de grandes crisis financieras que examinar, lo que deja a los “econometristas” expuestos a errores graves, pese a estudiar periodos que suelen abarcar no más de unas pocas décadas.
Hasta la reciente crisis, los economistas hablaban con entusiasmo de la “gran moderación”: se suponía que las fluctuaciones económicas se estaban suavizando y muchos concluyeron que la política de estabilización económica había alcanzado nuevas cotas de eficacia. En 2005, justo antes del inicio de la crisis financiera, los econometristas de Harvard James Stock (hoy miembro del Consejo de Asesores Económicos del presidente Barack Obama) y Mark Watson concluyeron que las economías avanzadas se habían vuelto menos volátiles y menos correlacionadas entre sí a lo largo de los 40 años anteriores.
Esa conclusión tendría que modificarse significativamente a la luz de los datos registrados desde la crisis financiera. La desaceleración económica de 2009, el peor año de la crisis, fue sencillamente catastrófica.
De hecho, en el último siglo solo hemos vivido tres crisis mundiales destacadas: 1929-33, 1980-82 y 2007-9. Estos episodios parecen ser algo más que versiones más grandes de las pequeñas fluctuaciones, más frecuentes, que solemos observar y que Stock y Watson analizaron. Pero, con solo tres observaciones, es difícil comprender estos acontecimientos.
Todas parecían guardar relación con movimientos especulativos de precios que sorprendieron a la mayoría de los observadores y que nunca llegaron a explicarse del todo, ni siquiera años después. También tuvieron que ver con errores de los responsables de la política gubernamental. Por ejemplo, la crisis de 1980-82 fue desencadenada por un repunte del precio del petróleo causado por la guerra entre Irán e Irak. Pero todas ellas estuvieron relacionadas con burbujas en los precios de los activos que estallaron, provocando el colapso financiero.
Quienes advierten de graves peligros si se permite que continúen sin trabas los aumentos especulativos de precios tienen razón al hacerlo, aunque no puedan demostrar que exista motivo alguno de preocupación. Estas advertencias podrían ayudar a evitar que los auges que ahora observamos se prolonguen mucho más tiempo y se vuelvan más peligrosos.
Publicado en colaboración con Project Syndicate.
Autor: Robert J. Shiller, premio Nobel de Economía de 2013, es catedrático de Economía en la Universidad de Yale y cocreador del índice Case-Shiller de precios de la vivienda en Estados Unidos.
Imagen: Un peatón se refleja en un panel electrónico que muestra el índice Nikkei de Japón frente a una correduría en Tokio, el 19 de junio de 2014. REUTERS/Yuya Shino



