8 cualidades que hacen inolvidables a los buenos jefes

8 cualidades que hacen inolvidables a los buenos jefes
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Recuerdo a todos mis jefes. Algunos eran malos. La mayoría eran buenos.

Pero solo uno fue, en el mejor sentido posible, verdaderamente memorable.

Los jefes inolvidables poseen cualidades que quizá no se reflejen sobre el papel, pero que siempre se manifiestan donde más importa: en la mente e incluso en el corazón de las personas que dirigen.

Estas son algunas de las cualidades de los jefes verdaderamente inolvidables:

1. Creen en lo increíble.

La mayoría de la gente intenta lograr lo alcanzable; por eso la mayoría de las metas y objetivos son graduales, en lugar de inconcebibles.

Los jefes memorables esperan más, de sí mismos y de los demás. Luego te muestran cómo llegar allí. Y te llevan consigo en lo que resulta ser un viaje increíble.

2. Ven oportunidades en la inestabilidad y la incertidumbre.

Problemas inesperados, obstáculos imprevistos, grandes crisis… La mayoría de los jefes arrían las velas, aseguran las escotillas y esperan a que pase la tormenta.

Unos pocos ven una crisis como una oportunidad. Saben que es extremadamente difícil hacer cambios importantes, incluso los necesarios, cuando las cosas marchan relativamente bien.

Saben que reorganizar todo un equipo de ventas se acepta con más facilidad cuando quiebra un cliente importante. Saben que crear nuevos canales de ventas resulta mucho más fácil cuando un competidor importante entra en el mercado. Saben que reorganizar las operaciones de fabricación es mucho más fácil cuando se interrumpe el flujo de suministros y componentes.

Los jefes memorables ven la inestabilidad y la incertidumbre no como obstáculos, sino como facilitadores. Reorganizan, reestructuran y rediseñan para tranquilizar, motivar e inspirar ; y, en el proceso, hacen que la organización sea mucho más sólida.

3. Expresan abiertamente sus emociones.

Los buenos jefes son profesionales.

Los jefes memorables son muy profesionales y, a la vez, abiertamente humanos. Muestran entusiasmo sincero cuando las cosas van bien. Expresan un agradecimiento sincero por el trabajo arduo y el esfuerzo adicional. Muestran una decepción sincera, no con los demás, sino consigo mismos. Celebran, empatizan, se preocupan. A veces, incluso se frustran o se enojan.

En resumen, son humanos. Y, a diferencia de muchos jefes, actúan como si lo supieran.

El profesionalismo es admirable. El profesionalismo, combinado de manera equilibrada con la humanidad, inspira.

4. Protegen a los demás del autobús.

Los jefes terribles echan a sus empleados a los leones.

Los buenos jefes nunca echan a sus empleados a los leones.

Los jefes memorables ven venir el autobús y apartan a sus empleados del camino, a menudo sin que estos se enteren hasta mucho, mucho después… si es que llegan a enterarse, porque los jefes memorables nunca intentan atribuirse el mérito.

Y si no pueden, reciben el golpe. (Y más tarde hablan en privado con el empleado en cuestión).

5. Ya han pasado por eso… y aún lo hacen.

Las obligaciones no se saldan en pasado. Se cumplen todos y cada uno de los días. La verdadera medida del valor es la contribución tangible que hacemos a diario.

Por eso, independientemente de lo que hayan logrado en el pasado, los jefes memorables nunca se consideran demasiado buenos para arremangarse, ensuciarse y hacer el trabajo «pesado». Ningún trabajo es demasiado insignificante, ni tarea alguna demasiado poco cualificada o aburrida.

Los jefes memorables nunca se sienten con derecho a privilegios, lo que significa que nadie se siente con derecho a nada, salvo a los frutos de su trabajo.

6. Lideran con el consentimiento, no con la autoridad.

Todo jefe tiene un título. Ese título le da derecho a dirigir a los demás, tomar decisiones, organizar, instruir y disciplinar.

Los jefes memorables lideran porque sus empleados quieren que lideren. Sus empleados se sienten motivados e inspirados por la persona, no por el título.

Con sus palabras y actos hacen que los empleados sientan que trabajan con un jefe, no para él. Muchos jefes ni siquiera reconocen que hay una diferencia… pero los jefes memorables sí.

7. Abrazan un propósito más amplio.

Un buen jefe trabaja para alcanzar los objetivos de la empresa.

Un jefe memorable también trabaja para alcanzar los objetivos de la empresa —y logra más que otros jefes—, pero además trabaja para servir a un propósito más amplio: impulsar las carreras de sus empleados, rescatar a los que tienen dificultades e infundir en los demás un sentido de orgullo y autoestima. No se les recuerda solo por sus logros concretos, sino por ayudar a otros en el plano personal e individual.

Los jefes memorables abrazan un propósito más amplio, porque saben que los negocios siempre son algo personal.

8. Asumen riesgos reales, no fingidos.

Muchos jefes, como muchas personas, intentan destacar de alguna manera superficial. Quizá por su ropa, sus intereses o una muestra pública de apoyo a una iniciativa popular. Sí destacan, pero por el espectáculo, no por la sustancia.

Los jefes memorables destacan porque están dispuestos a adoptar una postura impopular, dar un paso impopular, aceptar la incomodidad de ignorar el statu quo y arriesgarse a navegar por aguas inexploradas.

Asumen riesgos reales, no por asumir riesgos, sino por la recompensa que consideran posible. Y, con su ejemplo, inspiran a otros a correr riesgos para lograr lo que creen posible.

En resumen, los jefes memorables inspiran a otros a hacer realidad sus sueños: con palabras, con actos y, sobre todo, con el ejemplo.

Este artículo se publica en colaboración con LinkedIn. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.

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Autor: Jeff Haden es escritor fantasma, conferenciante y editor colaborador de Inc. Magazine para LinkedIn.

Imagen: Un trabajador llega a su oficina en el distrito financiero de Canary Wharf, en Londres, el 26 de febrero de 2014. REUTERS.

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