Para derrotar el brote de ébola en África Occidental hará falta una coalición mundial amplia y compleja, y el Foro Económico Mundial tiene una contribución particular que hacer como plataforma de comunicación y colaboración.
Una de las preocupaciones centrales del Panorama de la Agenda Global 2014 del Foro es la «falta de liderazgo mundial», un vacío que Estados Unidos debe llenar. Con sus recursos, su importante participación accionarial en muchos bancos de desarrollo (incluido el FMI) y sus capacidades de transporte aéreo y asistencia, Estados Unidos está a la vanguardia de la lucha contra el ébola.
Entonces, ¿qué está haciendo el presidente Barack Obama al respecto? Hasta ahora, está enviando hasta 4.000 soldados para ayudar a construir instalaciones de tratamiento de emergencia, en un gesto que podría ser una oportunidad de cooperación bipartidista y liderazgo estadounidense, si los republicanos en el Congreso cooperan. Pero la respuesta del gobierno estadounidense no bastará por sí sola.
El brote de ébola es una crisis mundial sin precedentes y exige que Estados Unidos lidere una coalición compleja de países, así como de personal médico (voluntario y remunerado), actores del sector privado, organismos multilaterales y grupos religiosos. Al fin y al cabo, poner fin a la crisis en Monrovia y Freetown significa seguridad en Miami y Madrid.
Para que África Occidental controle el ébola, necesita cinco cosas:
Más médicos y enfermeros de fuera de la región. El tratamiento del ébola exige muchísima mano de obra: se necesitan hasta cuatro miembros del personal hospitalario para atender a un paciente, sin contar conductores de ambulancia, enfermeros, médicos, psiquiatras, equipos de entierro y equipos encargados de desechar material médico. Pero las universidades de Estados Unidos impiden que estudiantes de medicina y enfermería viajen a África Occidental para ayudar.
Más equipos de protección personal (EPP) para el personal en primera línea. El creciente pánico en Estados Unidos ha llevado a los hospitales del país a acaparar existencias de estos equipos. DuPont fabrica un tipo de EPP y es uno de los mayores fabricantes del mundo. Hay otros fabricantes, pero cada versión del equipo requiere protocolos ligeramente distintos para ponérselo y desecharlo.
Ayuda económica continuada de los bancos multilaterales de desarrollo. Las economías y sociedades afectadas por el ébola se han paralizado: las escuelas están vacías, los bancos y mercados están cerrados, y las operaciones mineras se han suspendido. Se necesita financiación para reactivar el comercio y garantizar que el brote no provoque un colapso socioeconómico.
Los medios de comunicación del mundo deben evitar crear la impresión de que «estamos bien encaminados para derrotar al ébola». No es así. Es difícil contabilizar el número de casos, sobre todo en las zonas rurales, donde el creciente estigma en torno a la enfermedad y la negativa de algunas aseguradoras a pagar el entierro de las víctimas del ébola (al haber clasificado su muerte como un «acto de Dios») llevan a la gente a mentir sobre si tiene el virus.
Los líderes religiosos de todos los credos deben involucrar a sus fieles. Deben animar a las comunidades a afrontar sus temores y dejar claro que el ébola no es consecuencia del pecado, como algunos han afirmado, sino un virus que exige cumplir estrictas medidas de higiene.
Una coalición mundial
No debemos subestimar la gravedad del ébola ni la necesidad de una respuesta coordinada. Si no se derrota en África Occidental, podrían morir millones de personas y desencadenarse movimientos masivos e incontrolados de población. Podría provocar el colapso económico de varios Estados y la propagación mundial de una enfermedad mortal.
Con una tasa de mortalidad del 50-70 %, el ébola es extremadamente letal. La gripe aviar tiene una tasa de mortalidad de solo el 3 %. Se calcula que hoy en día hay alrededor de 14.000 personas con ébola, una cifra que, según se reconoce ampliamente, está por debajo de la realidad. En el peor de los casos, el número podría dispararse hasta 1,4 millones a principios de 2015, según los Centros para el Control de Enfermedades de Estados Unidos.
El ébola se identificó por primera vez en la década de 1970; es un virus que afecta principalmente a las zonas rurales. Pero la creciente urbanización de África ha permitido mayores niveles de transmisión y ha dificultado localizar y aislar a las personas infectadas. Actualmente no existe vacuna ni cura.
Para resolver la crisis del ébola se necesita un enfoque «70/70»: encontrar y aislar al 70 % de las personas infectadas y enterrar cuidadosamente al 70 % de quienes mueren a causa del virus, de manera que se impida su propagación. En este enfoque, los distintos actores tienen responsabilidades diferentes, pero todos deberán estar conectados y coordinados para alcanzar estos objetivos.
La respuesta de los países desarrollados
Ante todo, el Congreso de Estados Unidos debería aprobar lo antes posible el proyecto de ley de emergencia de Obama para financiar la respuesta al ébola. Sigue habiendo escasez de médicos, enfermeros y otros profesionales de emergencias sobre el terreno; Estados Unidos y otras naciones desarrolladas deben animar a tantos médicos y enfermeros cualificados como sea posible a sumarse a la lucha.
Los temores de la población estadounidense en general son comprensibles, pero el gobierno no puede responder con prohibiciones de viaje y cuarentenas, pues estas impiden que el personal médico y los suministros lleguen a donde más se necesitan. El ejército estadounidense ha sido desplegado para construir 17 centros de salud, cada uno con 100 camas, aunque se debate reducir esta cifra y construir infraestructuras sanitarias a largo plazo en su lugar. Los centros que atiendan a 1.700 personas enfermas podrían necesitar hasta 6.800 trabajadores si se mantiene la proporción de 4 a 1 entre personal y pacientes. Harán falta muchas, muchas más personas.
El papel de la prensa
Los medios deben ser conscientes del relato que construyen en torno al brote de ébola y no anunciar prematuramente que todo está bajo control. Incluso ante noticias positivas, como el reciente anuncio de la presidenta Ellen Johnson Sirleaf del fin del estado de emergencia en Liberia, la coalición mundial contra el ébola debe mantenerse alerta y activa. El seguimiento de la enfermedad en las zonas rurales es, en el mejor de los casos, irregular, y aumentan los incentivos para no informar o informar menos de lo debido. El problema podría seguir siendo más grave de lo que creemos y podría descontrolarse si la comunidad internacional no mantiene la atención y los recursos.
Al difundir información sobre la transmisión del ébola, el contagio y los primeros síntomas, los medios podrían contribuir a aumentar la concienciación y la comprensión. También podrían hacer un llamamiento a los profesionales médicos del mundo para ayudar a reclutarlos en las zonas afectadas. Por último, la prensa podría destacar la labor de los líderes religiosos que difunden información precisa sobre el virus y promueven medidas de higiene eficaces. Se ha demostrado que colaborar con estos líderes y sus comunidades tiene un impacto real.
Qué pueden hacer las empresas
Las contribuciones benéficas no son necesariamente la prioridad; se necesitan con mayor urgencia la innovación empresarial, las operaciones de las empresas y voluntarios cualificados. Además de más equipos de protección, África Occidental necesita renovar su atención a la innovación tecnológica y la investigación de vacunas y curas. Este trabajo ya está en marcha y debe acelerarse.
Las donaciones en efectivo son bienvenidas, pero el personal médico y los servicios de transporte aéreo son más prácticos. Las aerolíneas también son importantes: ya se ha producido una marcada disminución de los vuelos a los tres países más afectados por el ébola, pero viajar es necesario, pues mantiene a esos países conectados con el resto del mundo. La minería y la agroindustria, ambas fundamentales para varias economías de África Occidental, también deberían estudiar cómo reanudar sus operaciones sobre el terreno.
Atención pastoral
En las sociedades laicas, tanto en Occidente como en otros lugares, a menudo se pasa por alto el papel de la religión. Los profesionales de la salud deben colaborar sobre el terreno con los líderes religiosos para consolar a quienes agonizan y sustituir el miedo y la superstición por hechos. Además, las comunidades religiosas tendrán que acoger a los miles de huérfanos del ébola.
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Autor: Daniel Runde ocupa la cátedra William A. Schreyer de Análisis Global y dirige el Proyecto sobre el Liderazgo de Estados Unidos en el Desarrollo del Center for Strategic and International Studies. Daniel también es miembro del Consejo de la Agenda Global sobre Estados Unidos.
Imagen: Voluntarios del ejército alemán Bundeswehr, con trajes de protección, durante un ejercicio de capacitación sobre el ébola en el cuartel de Marseille, en Appen, el 23 de octubre de 2014. REUTERS/Fabian Bimmer



