Los tres mensajes principales de este Informe sobre la estabilidad financiera mundial son:
Los riesgos para el sistema financiero mundial han aumentado desde octubre y se han desplazado hacia sectores del sistema financiero que son más difíciles de evaluar y de abordar.
Las economías avanzadas deben reforzar la eficacia de las políticas monetarias para alcanzar sus objetivos, al tiempo que gestionan los efectos secundarios financieros indeseables de las bajas tasas de interés.
Para resistir las fuerzas contrapuestas mundiales —la caída de los precios del petróleo, el aumento de las tasas de interés de la política monetaria de Estados Unidos y el fortalecimiento del dólar—, los mercados emergentes deben aumentar la resiliencia de sus sistemas financieros abordando las vulnerabilidades internas.
Permítanme analizar ahora estos hallazgos en detalle.
Los riesgos para la estabilidad financiera han aumentado en medio de una recuperación económica mundial moderada y desigual, con tasas de inflación demasiado bajas en muchos países. La divergencia entre el crecimiento y las políticas monetarias ha aumentado las tensiones en los mercados financieros mundiales y ha provocado movimientos rápidos y volátiles de los tipos de cambio y las tasas de interés durante los últimos seis meses. En parte, esta situación se debe al legado de balances del sector privado debilitados y cuya reparación sigue incompleta. Los riesgos también se están desplazando: de los bancos a las entidades financieras no bancarias, de los riesgos de solvencia a los de liquidez de mercado y de las economías avanzadas a los mercados emergentes.
Ante esta situación, deben superarse cinco desafíos clave para proteger la estabilidad financiera mundial.
El primero es reforzar la eficacia de las políticas monetarias.
El Banco Central Europeo y el Banco de Japón han aplicado políticas monetarias audaces para contrarrestar las renovadas presiones desinflacionarias. Estos programas de expansión cuantitativa ya han mostrado señales medibles de éxito: los costos de financiamiento han disminuido en la zona del euro, los precios de las acciones se han disparado y el euro y el yen se han depreciado significativamente, lo que ha contribuido a respaldar las expectativas de inflación.
Sin embargo, las medidas de los bancos centrales deben complementarse con otras políticas; de lo contrario, las políticas monetarias no podrán alcanzar plenamente sus objetivos. Lo que se necesita es «expansión cuantitativa más otras políticas».
En la zona del euro, es necesario abordar los préstamos morosos para seguir despejando los canales de crédito bancario. ¿Y por qué es importante? Porque los bancos lastrados por préstamos incobrables conceden menos crédito. Los préstamos morosos ascienden ahora a más de 900.000 millones de euros, pese a los importantes avances en el fortalecimiento del capital bancario tras la Evaluación Global del BCE y la introducción del Mecanismo Único de Supervisión. Las autoridades deben alentar a los bancos a gestionar este volumen de préstamos incobrables y establecer marcos jurídicos e institucionales más eficientes para acelerar el proceso.
En Japón, la eficacia de la expansión cuantitativa depende de las políticas que la respaldan. Es esencial aplicar con firmeza la segunda y la tercera flecha de la Abenomics, es decir, las reformas fiscales y estructurales. Si estas reformas quedan incompletas, será menos probable que los esfuerzos por mantener la economía fuera de la deflación y aumentar el crecimiento tengan éxito.
En Estados Unidos, no está garantizado que la normalización de la política monetaria transcurra sin sobresaltos. Las divergencias entre los participantes del mercado y las autoridades sobre el ritmo previsto del endurecimiento de la política monetaria estadounidense sugieren que los mercados tienen una visión más benigna de las perspectivas de inflación. Sin embargo, los bajos rendimientos a largo plazo también apuntan a la posibilidad de sorpresas al alza en las tasas de largo plazo cuando el endurecimiento de la política monetaria sea más inminente. La normalización fluida de la política monetaria seguirá requiriendo que la Reserva Federal acierte con el ritmo de la «salida» y lo comunique claramente al público. Una descompresión rápida de los rendimientos podría aumentar la volatilidad, con repercusiones mundiales.
El segundo desafío es limitar los excesos financieros derivados de las políticas monetarias acomodaticias y gestionar el impacto financiero negativo de un período prolongado de bajas tasas de interés. Por ejemplo, las aseguradoras de vida europeas medianas y débiles podrían afrontar un aumento del riesgo de dificultades financieras; casi una cuarta parte de las aseguradoras no podría cumplir sus requisitos de capital de solvencia si persistieran las bajas tasas de interés. Dado que las aseguradoras de vida de la Unión Europea poseen una cartera de activos de 4,4 billones de euros y que sus interconexiones con el sistema financiero en general son elevadas y van en aumento, las aseguradoras débiles constituyen una posible fuente de contagio. Este es un ejemplo importante del desplazamiento de los riesgos de los bancos a las entidades no bancarias.
El tercer desafío es preservar la estabilidad de los mercados emergentes, atrapados entre fuerzas contrapuestas mundiales y expuestos a vulnerabilidades internas. La caída de los precios de las materias primas y la reducción de las presiones inflacionarias benefician a muchas economías emergentes y les dan margen para utilizar la política monetaria a fin de combatir la desaceleración del crecimiento. Sin embargo, los exportadores de petróleo y otras materias primas, así como los sectores del mercado que se han endeudado mucho, afrontan riesgos más importantes. Las tensiones en la capacidad de pago de la deuda del sector energético podrían hacerse más evidentes en Argentina, Brasil, Nigeria y Sudáfrica, así como en países que dependen de los ingresos petroleros, como Nigeria y Venezuela. La fuerte apreciación del dólar implica riesgos adicionales para las empresas y los países con grandes deudas en moneda extranjera.
En China, el repliegue de las industrias con exceso de inversión, junto con la caída de los precios de los inmuebles, podría repercutir en los mercados emergentes en general. La exposición inmobiliaria representa casi el 20 por ciento del crédito interno en China. Las dificultades financieras de las empresas inmobiliarias podrían provocar efectos directos transfronterizos, dado el considerable aumento de las emisiones de bonos externos desde 2010. La prioridad general debe ser permitir una corrección ordenada de los excesos y limitar las partes más riesgosas del sistema bancario paralelo. Un desapalancamiento ordenado también requiere mecanismos eficaces de reestructuración de la deuda corporativa y la salida de las empresas inviables.
En los mercados emergentes en general, la resiliencia financiera puede reforzarse mediante medidas microprudenciales y macroprudenciales. Los reguladores deben realizar pruebas de resistencia bancaria relacionadas con los riesgos cambiarios y los precios de las materias primas, y vigilar más de cerca y con mayor regularidad el apalancamiento corporativo y las exposiciones a moneda extranjera sin cobertura, incluidas las posiciones en derivados.
El cuarto desafío es hacer frente a las tensiones geopolíticas en Rusia y Ucrania, Oriente Medio y partes de África, así como a los riesgos en Grecia.
Gestionar cualquiera de estos desafíos podría resultar más difícil cuando los mercados carecen de liquidez. Los mercados pueden tener liquidez suficiente en tiempos favorables, pero esta puede agotarse rápidamente cuando atraviesan tensiones, amplificando el impacto de las perturbaciones en los precios. Durante los períodos de falta de liquidez desde la crisis, ha aumentado la correlación entre los mercados, lo que incrementa la posibilidad de contagio. Entre las causas subyacentes figuran el cambio hacia la negociación electrónica de alta frecuencia, la reducción de la creación de mercado y el mayor uso de índices de referencia.
Las medidas de política adicionales —más allá de las políticas monetarias— son esenciales para lograr una salida duradera de la crisis financiera mundial y proteger la estabilidad financiera. Es necesario abordar las secuelas de la crisis. Debe reforzarse la eficacia de las políticas monetarias mediante reformas complementarias y contenerse los excesos financieros. Es necesario fortalecer la liquidez de los mercados y completar las reformas de la regulación financiera.
Este artículo se publica en colaboración con iMF Direct. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
Para mantenerse al día con Agenda, suscríbase a nuestro boletín semanal.
Autor: José Viñals es Consejero Financiero y Director del Departamento de Mercados Monetarios y de Capital del FMI.
Imagen: Trabajadores en silueta caminan frente a edificios de oficinas en el distrito financiero de Canary Wharf, en Londres. REUTERS/Luke MacGregor



