Turquía atraviesa un período de transición económica, con una desaceleración del crecimiento que amenaza con dejar al país atrapado en una «trampa de los ingresos medios», incapaz de incorporarse al grupo de las economías de ingresos altos.
El país creció a un promedio anual del 6 por ciento entre 2010 y 2013, con políticas favorables al consumo interno. Esto ha generado un gran déficit en cuenta corriente, financiado en su mayor parte mediante flujos de capital a corto plazo. La dependencia del consumo en detrimento de la inversión, el lento crecimiento de las exportaciones y las considerables necesidades de inversión han perjudicado el crecimiento potencial, y la economía ya está creciendo a un ritmo más moderado. Además, el bajo ahorro interno de Turquía y los problemas de competitividad han limitado tanto la inversión como las exportaciones, que también se han visto afectadas por el lento crecimiento de Europa.
Con las políticas actuales, se prevé que la economía de Turquía crezca apenas un 3,5 por ciento anual durante los próximos cinco años. De cara al futuro, la economía debe reequilibrarse para ganar competitividad y recuperar el crecimiento de la producción y el empleo.
Cuatro ámbitos para reequilibrar la economía
La agenda de política económica del Gobierno turco incorpora un diagnóstico acertado de las necesidades económicas, con políticas macroeconómicas y reformas estructurales cuya secuencia deberá planificarse cuidadosamente:
Más ahorro público. La política fiscal más restrictiva del programa de mediano plazo del Gobierno se centra acertadamente en reducir el gasto corriente y preservar la inversión pública. Esto aumentará el ahorro nacional a mediano plazo en aproximadamente un 1,3 por ciento del PIB. El análisis del personal del FMI (véanse el gráfico 1 y el capítulo sobre «Desequilibrio externo: impulsar el ahorro nacional limitará la carga del ajuste») muestra que las políticas que aumentan directamente el ahorro nacional reducen el desequilibrio externo sin debilitar la inversión privada. Por lo tanto, ese ajuste tiene el menor efecto negativo en el crecimiento y, en consecuencia, en el empleo. Si, en cambio, el ajuste se dejara únicamente en manos de la política monetaria o de los mercados, el efecto negativo sobre el crecimiento y la inversión privada sería mucho mayor.
Un renovado énfasis en el objetivo de inflación. El Banco Central de la República de Turquía (CBRT) no ha alcanzado su objetivo de inflación en el pasado (véanse el gráfico 2 y el capítulo sobre «Credibilidad del régimen de objetivos de inflación»). Actualmente, los mercados no creen que pueda alcanzarse el objetivo de inflación del 5 por ciento a corto plazo. Con la orientación fiscal más restrictiva prevista, será menor la carga que recae sobre la política monetaria para alcanzar el objetivo de inflación, lo que facilitará el objetivo de desinflación de las autoridades.
Una ampliación de las herramientas macroprudenciales para preservar la estabilidad financiera. Las abundantes entradas de capital intermediadas por los bancos locales han propiciado un rápido apalancamiento en moneda extranjera (ME) en el sector financiero y un aumento del financiamiento mayorista (véanse el gráfico 3 y el capítulo sobre «Contener el financiamiento mayorista en ME y el riesgo en el sector bancario»). Esto ha complicado la tarea del CBRT de alcanzar el objetivo de inflación y, al mismo tiempo, salvaguardar la estabilidad financiera. Si bien las entradas de capital han permitido profundizar el sistema financiero y respaldado el crecimiento, también han ejercido una presión al alza sobre el tipo de cambio, fomentado el apalancamiento en ME y alimentado un crecimiento excesivo del crédito, con el posible riesgo de exponer al sector bancario a riesgos directos de refinanciación e indirectos cambiarios. Las autoridades han introducido con éxito herramientas para reducir el crédito excesivo al consumo durante el primer semestre de 2014. Más recientemente, introdujeron medidas adicionales para contener el riesgo cambiario y fomentar que el sector bancario dependa más del financiamiento básico.
Más ahorro privado. Si bien la combinación adecuada de políticas macroeconómicas es importante, a más largo plazo el reequilibrio de la economía dependerá de las reformas estructurales. Por lo tanto, las autoridades deben acelerar el ambicioso programa de reformas estructurales incluido en el 10.º Plan de Desarrollo. Debe darse prioridad a las políticas que fomenten un mayor ahorro del sector privado, que es lo que más contribuye a reducir el desequilibrio externo con el menor efecto negativo sobre el crecimiento.
Este artículo se publica en colaboración con IMF Direct. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Gregorio Impavido es economista sénior en el Departamento de Europa del FMI y actualmente trabaja en Turquía. Uffe Mikkelsen es economista en el Departamento de Europa del FMI y trabaja en Turquía, con especial atención a la evolución del sector real, las previsiones macroeconómicas y la evaluación de los desequilibrios externos.
Imagen: Un hombre observa un panel con cotizaciones bursátiles frente a una casa de bolsa en Tokio, el 11 de mayo de 2012. REUTERS/Toru Hanai.






