Las próximas 4 reformas económicas que necesita Grecia

Las próximas 4 reformas económicas que necesita Grecia
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El mundo quizá haya suspirado aliviado por el acuerdo de deuda de última hora de Grecia, pero en el país la prórroga condicional de cuatro meses se considera ampliamente un importante retroceso para el nuevo gobierno.

Syriza llegó al poder con la promesa de revertir los drásticos recortes presupuestarios, pero ahora debe jugar a hacer concesiones. Como en cualquier matrimonio desafortunado, es probable que haya más sorpresas.

Grecia debe presentar ahora una carta formal al Eurogrupo en la que detalle las medidas exactas de política económica que adoptará.

El nuevo período de rescate no será aprobado por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional (FMI) hasta que respalden las reformas políticas como contrapartida de la prórroga. En un inusual gesto de amabilidad, el Eurogrupo también dio a entender a Grecia que su gobierno no tiene que malgastar recursos viajando para asistir a reuniones formales, ya que se organizará una teleconferencia para respaldar el paquete de reformas.

Hay un pequeño problema: los Estados miembros de la eurozona tendrán que ratificar la prórroga mediante sus parlamentos; sin embargo, con la bendición del FMI, la ratificación no debería plantear ninguna amenaza grave.

Los funcionarios griegos trabajan a toda máquina, elaborando una larga lista para que la troika la respalde. En el calor del momento, durante unas negociaciones intensas, el gobierno griego ha ahogado inadvertidamente la valiente idea de poner fin al rescate. En un giro igualmente interesante, la troika se ha convertido en un socio de confianza del gobierno griego.

El gobierno griego ha aprendido algunas cosas nuevas de las recientes negociaciones, que parecen haber desencadenado un cambio cultural: de la política del desacuerdo a la economía de la conformidad. La evolución de las preferencias del gobierno griego es comprensible y, por tanto, predecible.

Los sectores más duros del Eurogrupo mantuvieron una presión implacable sobre el gobierno griego al planear una reunión del Eurogrupo en Bruselas si el gobierno griego no lograba planificar y presentar un programa de reformas creíble.

Con gran júbilo, el primer ministro griego Alexis Tspiras anunció el sábado: «Ganamos una batalla, no la guerra». Quizá quería decir: «Perdimos una batalla, no la guerra». Tsipras sabe lo difícil que será vender este nuevo programa de rescate a su base política. El paquete de reformas debe ser aceptable para la eurozona, pero también debe contar con la aprobación de la mayoría de los votantes de Syriza. ¿Cómo puede lograrse un equilibrio tan delicado entre dos partes intransigentes?

En primer lugar, pese a que el mercado laboral se desmorona con una tasa récord de desempleo del 25 % y el desempleo juvenil supera el 50 %, las reformas del mercado laboral destinadas a aumentar la flexibilidad serán una medicina muy amarga para los votantes de Syriza. Sin embargo, este es el asunto al que el Eurogrupo exigirá que el gobierno griego preste especial atención. Para aplacar a la eurozona, se espera que Grecia haga concesiones incluyendo en la agenda futuras reformas del mercado laboral. No obstante, habrá pocos cambios reales en la forma en que está organizado el mercado laboral actual. Para el gobierno griego, evitar costosas reformas laborales en esta etapa sería una auténtica victoria.

En segundo lugar, por cada dólar que genera la economía griega, aproximadamente una cuarta parte queda oculta en la economía paralela o sumergida. Esto significa que el gobierno griego deja de recaudar unos 20.000 millones de euros en impuestos cada año. Se considera que el 70 % de los trabajadores por cuenta propia declaran menos ingresos de los que perciben para evitar impuestos. Solo por la declaración de ingresos falsos por parte de abogados y médicos, el erario público deja de recaudar impuestos por valor de 25.000-30.000 millones de euros. Si no hay un plan para llevar a cabo reformas tributarias serias y eficaces, el gobierno actual será visto como un gobierno sin capacidad de acción.

En tercer lugar, se estima que alrededor del 15 % de los griegos paga cada año fakelaki (sobornos en efectivo dentro de sobres sellados), lo que representa pagos anuales de 1.000 millones de euros en búsqueda de rentas. Al mismo tiempo, se calcula que las empresas desperdician aproximadamente otros 1.000 millones de euros en gastos de búsqueda de rentas, principalmente para sobornar a instituciones públicas. El efecto de las actividades de búsqueda de rentas en la economía griega es enorme. Se exigirán reformas serias para reducir la corrupción en Grecia.

En cuarto lugar, aunque Grecia ha avanzado significativamente en la mejora de su entorno regulatorio, el programa actual de reformas todavía ofrece margen para facilitar la actividad empresarial.

En resumen, cabe esperar que la lista de deseos incluya lo siguiente:

  • Mejorar el sistema tributario para generar más ingresos, fomentar los incentivos para aumentar la entrada de fondos, atraer capital extranjero y controlar el costo de hacer negocios en Grecia

  • Mejorar la gobernanza, liberarla de las intervenciones de los partidos políticos e incorporar los conocimientos más avanzados del sector privado

  • Llevar a cabo privatizaciones eficaces, asociaciones público-privadas y fideicomisos para transformar las actividades transaccionales del sector público

  • Eliminar los obstáculos al emprendimiento estableciendo estabilidad institucional, principalmente mediante reformas legales

  • Establecer un mecanismo eficaz para resolver disputas

  • Mejorar el seguimiento de las cifras presupuestarias

  • Adoptar medidas minimalistas para iniciar la reforma del sector de la salud.

Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Partha Gangopadhyay es profesor asociado de Economía en la University of Western Sydney

Imagen: Una bandera de la Unión Europea y otra griega ondean frente al templo del Partenón en Atenas. REUTERS/John Kolesidis.

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