Más del 90 % de la actividad económica mundial está cubierta por un objetivo de reducción de emisiones, pero convertir los objetivos en realidad requerirá billones de dólares.
Los gobiernos pueden contribuir a este esfuerzo introduciendo mecanismos de financiación y políticas innovadores que faciliten la transición y reduzcan los riesgos.
Una regulación innovadora, como la Ley de Reducción de la Inflación de Estados Unidos, y los incentivos fiscales pueden acelerar la transición a cero emisiones netas y, al mismo tiempo, crear economías competitivas.
Necesitamos una transición de la escala de la revolución industrial y a la velocidad de la transformación digital
Para que esto ocurra, es necesaria una transformación radical del sistema financiero
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Mark Carney, enviado especial de la ONU para la financiación climática
En los últimos años, las instituciones financieras públicas y privadas han anunciado una serie de ambiciosos compromisos para alcanzar cero emisiones netas. Según el Net Zero Tracker, hoy más del 90 % de la actividad económica mundial está cubierta por un objetivo de reducción de emisiones.
Los miembros de la Alianza Financiera de Glasgow para Cero Emisiones Netas (GFANZ) —entre ellos, más de 450 bancos, aseguradoras, gestores de inversiones, propietarios de activos y proveedores de servicios financieros de todo el mundo— se han comprometido colectivamente a aportar más de 130 billones de dólares de capital para apoyar esta transición durante las próximas tres décadas.
Sin embargo, no es fácil convertir estos compromisos en flujos de capital que respalden proyectos concretos de cero emisiones netas. Las barreras de oferta y demanda impiden movilizar capital hacia tecnologías de descarbonización, como concluyó el año pasado la iniciativa del Foro «Financiar la transición hacia un futuro de cero emisiones netas».
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) estimó en su trayectoria hacia cero emisiones netas que casi la mitad de las reducciones de emisiones de CO2 necesarias para alcanzar ese objetivo en 2050 dependen de tecnologías climáticas que hoy no están disponibles a escala comercial. Estas tecnologías son fundamentales para la transición a cero emisiones netas de los sectores de nuestras economías en los que resulta más difícil reducir las emisiones, como la industria pesada y el transporte. Hasta que tecnologías de descarbonización como el hidrógeno limpio, los combustibles con cero o bajas emisiones de carbono y la captura y almacenamiento de carbono sean competitivas en costes frente a sus alternativas intensivas en carbono, será imposible cerrar la brecha de inversión y movilizar los billones necesarios para la transición.
Se espera que en noviembre, durante la COP27, se reúnan más de 200 países y eleven sus ambiciones en materia de acción climática, tras un verano marcado por olas de calor, inundaciones, sequías e incendios forestales; sin embargo, actuar en medio de una crisis energética es difícil.
Los gobiernos deben seguir centrándose en apoyar el despliegue a escala comercial de las tecnologías de descarbonización y en hacer financiables estas soluciones durante la próxima década.
Estas son tres medidas que los gobiernos pueden adoptar ahora para incentivar la movilización de capital hacia soluciones climáticas de cero emisiones netas.
1. Impulsar políticas estratégicas que creen nuevos mercados en torno a las tecnologías de descarbonización.
Se necesitan medidas de política específicas y estratégicas para mitigar los riesgos asociados a las tecnologías climáticas y crear un entorno propicio para que las inversiones fluyan hacia proyectos de descarbonización. Se requieren sólidos mecanismos de apoyo y recargos verdes, como los contratos de carbono por diferencias (CfD), para mejorar la viabilidad financiera de estas tecnologías y permitir su comercialización durante la próxima década.
En la Reunión Anual de este año, la iniciativa del Foro Financing the Net-Zero publicó una serie de recomendaciones de políticas para mejorar la movilización de capital en los sectores del acero y la aviación.
La intervención normativa tiene mayor impacto cuando genera una demanda estable de productos ecológicos y fomenta el desarrollo de nuevos mercados en torno a las tecnologías de descarbonización. Siempre que sea posible, los gobiernos deben procurar que estén disponibles insumos de producción ecológicos, como hidrógeno, biomasa y energía limpia, lo que permitirá contar con cadenas de suministro fiables y escalables. También deben diseñar políticas que aprovechen la financiación combinada y modelos de financiación innovadores, presten apoyo para reducir los riesgos a quienes adoptan primero las tecnologías climáticas y atraigan otras fuentes de financiación.
Tomemos como ejemplo la Ley de Reducción de la Inflación de Estados Unidos (IRA), promulgada en agosto de 2022 por el presidente Joe Biden. La ley encamina al país a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en alrededor de un 40 % con respecto a los niveles de 2005 para 2030, destina 369.000 millones de dólares a apoyar iniciativas de energía limpia y mitigación climática, y concedió créditos fiscales de 3 dólares por kg de hidrógeno producido, lo que convirtió a Estados Unidos en uno de los países más baratos del mundo para producir hidrógeno limpio.
También estableció un programa de 5.800 millones de dólares para apoyar inversiones en sectores difíciles de descarbonizar e intensivos en energía, como la producción de acero, cemento y productos químicos. En definitiva, la ley está cambiando las reglas del juego para las soluciones climáticas, mejorando su disponibilidad comercial y proporcionando señales claras al mercado.
2. Identificar estructuras financieras innovadoras para reducir los riesgos.
Las empresas de sectores competitivos y maduros, como la producción de acero, los productos químicos y la aviación, operan con márgenes reducidos y no siempre pueden permitirse el capital necesario para adaptar y sustituir sus activos industriales existentes. Dependen de equipos e infraestructuras de apoyo valorados en miles de millones de dólares, optimizados durante décadas de funcionamiento; algo que no está fácilmente disponible para las soluciones climáticas que hoy no se despliegan a escala comercial. Por ello, los inversores privados suelen evitar estos proyectos debido a los elevados riesgos de inversión asociados, sean percibidos o reales.
Los gobiernos disponen de un conjunto de herramientas para reducir los riesgos de los proyectos y movilizar grandes cantidades de capital privado. Como resume el informe: los incentivos fiscales, las garantías de préstamos y las subvenciones para gastos de capital podrían movilizar el capital necesario para poner en marcha el proyecto; las operaciones iniciales y posteriores pueden recibir apoyo mediante contratos por diferencias y tarifas reguladas. Al utilizar pequeñas cantidades de capital en condiciones favorables para mitigar riesgos de inversión específicos y ofrecer incentivos que compensen la «prima verde» de los productos ecológicos frente a sus alternativas intensivas en carbono, los gobiernos pueden catalizar y orientar los grandes flujos de capital necesarios.
3. Colaborar con las industrias y los financiadores de cero emisiones netas.
Aunque algunos gobiernos han anunciado planes visionarios para cambiar la combinación energética de la que dependen sus economías, las empresas todavía tienen dificultades para obtener capital para desplegar nuevas tecnologías climáticas. El problema no es simplemente una ineficiencia del mercado: es una falla del mercado.
Los indicios apuntan a que la diferencia entre los rendimientos acumulados del mercado de una cartera verde y los de una cartera intensiva en carbono es insignificante: los riesgos de transición y climáticos aún no se reflejan en los mercados.
Para ser verdaderamente eficaces y apoyar a los sectores de la economía que más se verán afectados por la transición a cero emisiones netas, los gobiernos deben seguir impulsando el diálogo con las industrias y las partes interesadas del sector financiero. Esto es especialmente cierto en los sectores difíciles de descarbonizar, donde un entorno normativo propicio puede garantizar que haya capital disponible para apoyar su transición a cero emisiones netas y, al mismo tiempo, ayudarlos a mitigar nuevas perturbaciones.
Para apoyar este diálogo y fomentar la colaboración, la iniciativa Financing the Transition to a Net-Zero Future organizará una serie de diálogos que reunirá a responsables de políticas, representantes de la industria, innovadores del hidrógeno e instituciones financieras para identificar nuevas formas de colaboración en las Reuniones sobre el Impacto en el Desarrollo Sostenible y de cara a la Reunión Anual 2023 del Foro Económico Mundial.




