De media, las mujeres reciben diagnósticos más tarde en su vida que los hombres cuando contraen una enfermedad, según sugiere un nuevo estudio realizado en Dinamarca.
«Cuando observamos todas las enfermedades, vemos una tendencia según la cual las mujeres son diagnosticadas, de media, más tarde que los hombres. No solo hemos analizado las enfermedades, sino también el curso de la atención al paciente. Nuestro estudio se centra en los ámbitos donde las diferencias son más pronunciadas, tanto para las enfermedades individuales como para el curso de la atención al paciente», afirma el coautor Søren Brunak, catedrático del Centro de Investigación de Proteínas de la Fundación Novo Nordisk en la Universidad de Copenhague.
«El mensaje es que las estrategias nacionales que se establezcan deben tener en cuenta las diferencias. Ya no podemos utilizar el modelo de “talla única”. Ya avanzamos en esa dirección en lo que respecta a la medicina personalizada», afirma Brunak.
Los investigadores analizaron datos de 6,9 millones de personas daneses. Dividieron la población en dos grupos según su sexo. Durante un periodo de 21 años, de 1994 a 2015, los investigadores han analizado la incidencia de todo tipo de enfermedades, la multimorbilidad (cuando se padece más de una enfermedad) y el curso de la atención al paciente. Descubrieron que, de media, las mujeres son mayores cuando reciben diagnósticos en comparación con los hombres. La secuencia completa del curso de la atención al paciente de mujeres y hombres fue diferente y estuvo escalonada en el tiempo.
Las mujeres recibieron diagnósticos más tarde que los hombres en relación con 770 tipos de enfermedades. La diferencia media fue de unos cuatro años.
En el caso del cáncer, las mujeres fueron diagnosticadas, de media, 2,5 años más tarde que los hombres. En el caso de las enfermedades metabólicas, como la diabetes, las mujeres fueron diagnosticadas, de media, unos 4,5 años más tarde.
En relación con el TDAH, hubo una diferencia de casi seis años entre el momento en que los dos grupos recibieron diagnósticos. Los niños tenían unos 14 años, mientras que las niñas tenían unos 20. Según los investigadores, algunos estudios señalan que la razón de la diferencia es que las mujeres presentan un subtipo distinto de TDAH, que se manifiesta de forma tranquila y solitaria, a diferencia de la conducta externalizada que suele observarse en los niños con TDAH.
La osteoporosis fue una de las excepciones en las que las mujeres recibieron diagnósticos primero. En este caso, las mujeres solían ser diagnosticadas antes de sufrir una fractura como consecuencia de la enfermedad, mientras que en los hombres el proceso era el contrario. Normalmente, no recibían un diagnóstico hasta que acudían a urgencias con una fractura.
Los científicos todavía no saben si las diferencias se deben a la genética, al entorno, a los criterios diagnósticos o a una combinación de estos factores. Actualmente lo están investigando en su siguiente etapa, en colaboración con un equipo de investigación de Finlandia. Pero creen que es necesario tener en cuenta el sexo desde el inicio de la investigación en las pruebas con ratas y ratones.
«Ha sido sorprendente comprobar que existe una diferencia tan grande entre las enfermedades que afectan a hombres y mujeres y entre sus cursos de atención al paciente, en una sociedad en la que, por lo demás, tenemos un acceso equitativo y uniforme al sistema sanitario. Ahora estamos tratando de identificar qué hay realmente detrás de las diferencias que observamos. ¿Pueden atribuirse [por ejemplo] a la genética o al entorno y la cultura?», pregunta el coautor David Westergaard, becario postdoctoral del Centro de Investigación de Proteínas de la Fundación Novo Nordisk.
«Pero debemos tener en cuenta que puede haber una diferencia de sexo desde el principio en los hospitales y en la investigación. Tradicionalmente, [por ejemplo,] se reclutan 50 hombres y mujeres para los ensayos clínicos. Después se analiza el efecto global en los participantes del ensayo. Pero se olvida realizar un subanálisis, en el que se observan los grupos por separado para ver si existen diferencias. Esto solo se ha hecho en los últimos años», afirma Westergaard.

