Hace poco fui al norte de Laikipia, en Kenia, y conocí al grupo de mujeres Naatum. La comunidad vive en tierras áridas que sufren una grave degradación debido al cambio climático, en ranchos propiedad de hombres de la comunidad. Las leyes establecen que las mujeres no pueden ser propietarias de tierras.
En 2016, el Centro de Permacultura de Laikipia, en colaboración con el Instituto de Investigación de Permacultura de Kenia, trabajó con los ancianos de la comunidad para asignar unos pocos acres de tierra a 25 mujeres, que se dedicaron a restaurarla. Instalaron estructuras para captar agua y fortalecer la resiliencia. El grupo transformó un terreno baldío y le devolvió la vida, haciendo posible la agricultura. Estas mujeres ahora generan ingresos cultivando aloe vera y criando abejas, y pueden alimentar a sus familias todos los días, en lugar de las 11 comidas al mes de antes.
La transformación exitosa de la tierra por parte de las agricultoras es evidente, y ahora la comunidad está dispuesta a entregarles más tierras. ¿Reclamarán los propietarios hombres sus tierras ahora que hay avances? No lo sé. Por ahora, este es un gran ejemplo de soluciones de base impulsadas por la comunidad que contribuyen a mejorar los derechos de las mujeres y ayudan a la comunidad, sin necesariamente generar animosidad entre hombres y mujeres.
Es importante apoyar iniciativas como estas, que otorgan a las agricultoras más derechos e igualdad en su trabajo.
Las agricultoras están muy ocupadas. Cultivan la tierra, ordeñan las vacas y cuidan de sus familias. No solo trabajan constantemente para alimentar y cuidar a sus familias, sino que también alimentan a una familia más grande: la creciente población mundial. Si hoy comiste una fruta o una verdura, hay un 43% de probabilidades de que la haya producido una agricultora.
Los estudios muestran que las mujeres representan casi la mitad de los pequeños agricultores del mundo y producen el 70% de los alimentos de África. Sin embargo, las mujeres poseen menos del 20% de las tierras del mundo, y más del 65% de las tierras de Kenia se rigen por leyes consuetudinarias que discriminan a las mujeres y limitan sus derechos sobre la tierra y la propiedad. Esto significa que las agricultoras deben acceder a la tierra a través de sus maridos o sus hijos. A veces, estos familiares hombres se trasladan a las ciudades y dejan atrás a las mujeres para que cultiven la tierra: una tierra que no tienen derecho a poseer, usar como garantía ni vender sus productos sin el consentimiento de los hombres.
¿Por qué deberían las mujeres ser propietarias de la tierra?
Las investigaciones muestran que, si las mujeres tuvieran el mismo acceso que los hombres a los recursos productivos, aumentarían el rendimiento de las explotaciones en un 20%-30% y reducirían el hambre hasta en un 17%. Además, las mujeres reinvierten las ganancias en sus hogares y, de este modo, alivian la pobreza desde la base.
Dado que poseen amplios conocimientos indígenas sobre las especies vegetales locales, pueden proporcionar a sus familias una gran variedad de alimentos nutritivos y, por tanto, reducir la malnutrición en el hogar. Esto significa que, al limitar los derechos de las mujeres sobre la tierra y otros bienes, nos privamos de la oportunidad de aumentar la producción de alimentos, reducir el hambre y limitar la malnutrición.
La mayoría de las sociedades siguen siendo predominantemente patriarcales y las mujeres son marginadas sistemáticamente debido a las normas sociales. Para lograr cambios, necesitamos soluciones de base que reúnan a mujeres y hombres para encontrar soluciones, como en el caso del grupo de mujeres Naatum.
La legislación por sí sola no basta para cambiar la opinión de la sociedad sobre los derechos de propiedad de las mujeres. Los procesos legales actuales son costosos en términos de dinero y tiempo y, a veces, pueden ser contraproducentes para el resultado deseado, pues podrían generar hostilidad entre hombres y mujeres de estas sociedades. Sin embargo, a largo plazo, estos cambios pueden mejorar una comunidad.
Como dijo el expresidente de Estados Unidos Barack Obama: «Las comunidades que brindan a sus hijas las mismas oportunidades que a sus hijos son más pacíficas, más prósperas y se desarrollan más rápido». Esto es tan cierto en el sector agrícola como en cualquier otra industria.
Para que quede claro, no digo que la responsabilidad de alimentar a la creciente población mundial o cuidar de la familia recaiga únicamente en las agricultoras, ni que estas deban centrarse solo en la producción de alimentos y no participar en la innovación y la investigación agrícolas.
Lo que quiero decir es que actualmente las mujeres constituyen la fuerza laboral de la producción de alimentos, pero no tienen acceso a las herramientas más básicas necesarias para producirlos. Cerrar la brecha de género en la agricultura y apoyar a las mujeres en su lucha por obtener derechos de propiedad sobre la tierra y acceso a las herramientas adecuadas hará que sus esfuerzos se cuadripliquen y nos ayudará a alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible n.º 2 y n.º 5.
Estamos en 2018. Debemos movilizarnos en apoyo de quienes nos alimentan.

