De mi infancia en India, hay un recuerdo que destaca. A los 14 años, para horror de mi familia, salí de mi habitación con unos vaqueros. ¡Vaqueros! Una chica que llevara vaqueros —y mucho menos una que quisiera cursar todos sus estudios y obtener un título universitario— seguramente nunca alcanzaría el objetivo último aceptado culturalmente: encontrar un buen marido.
Cada vez que recuerdo aquel momento, pienso en el poder que los estereotipos de género pueden ejercer sobre nosotros. Si no los cuestionamos, pueden impedirnos perseguir nuestros sueños. Cuando nos liberamos de ellos, sentimos que nada está fuera de nuestro alcance.
Solo tengo que mirar mi propia organización para saber que, desde aquel «día de los vaqueros», el mundo ha avanzado mucho hacia el equilibrio de género. Aun así, el Informe Global sobre la Brecha de Género 2018 nos insta a todos a plantearnos algunas preguntas difíciles.
En cierta medida, hay indicios de progreso entre los 149 países incluidos en el índice. Pero el progreso es lento, dolorosamente lento. En proporción, hay menos mujeres que participan en la fuerza laboral y en la vida política. Se necesitarán 108 años para cerrar la brecha de género y 202 años para alcanzar la paridad en el mundo laboral.
Debemos preguntarnos: ¿estamos dando realmente prioridad a la igualdad de género? Y, de ser así, ¿nos comprometemos a lograrla en el menor tiempo posible? Creo que podríamos hacer más. Necesitamos más urgencia, más acción y resultados más rápidos.
Como responsable mundial de Recursos Humanos, me corresponde ayudar a las personas a desarrollar todo su potencial, en todos los sentidos. Pero soy consciente de las fuerzas que se oponen a ello. Veo a personas que luchan en un mundo en constante cambio, y sé de lo que son capaces si tan solo pudiéramos impulsar cambios positivos. Por eso creo que necesitamos un enfoque renovado y revitalizado para alcanzar la paridad de género, uno que funcione en el mundo actual.
Formación específica
Sabemos que el mundo laboral está cambiando, así que nosotros también debemos cambiar. La idea ampliamente aceptada de que debemos ayudar a las personas a adquirir nuevas competencias suele ocultar el problema de fondo relacionado con el género: las mujeres se están quedando atrás precisamente en las materias de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) que se necesitan para desempeñar los empleos del futuro.
Solo en Estados Unidos, 1,4 millones de empleos son vulnerables a la disrupción tecnológica, y el 57% de ellos están ocupados por mujeres. Entre los principales puestos emergentes figuran especialistas en inteligencia artificial (IA) y aprendizaje automático. Sin embargo, un estudio realizado en colaboración con LinkedIn reveló que las mujeres representan actualmente apenas el 22% de quienes trabajan en estas profesiones.
Pero aquí está la clave: según el informe del Foro Económico Mundial sobre el «Futuro del empleo 2018», con suficiente reciclaje profesional específico, el 95% de los trabajadores que actualmente corren el riesgo de perder su empleo podría encontrar un trabajo de buena calidad que les pague más que el anterior. Así que, en vez de resignarnos a un «apocalipsis del desempleo» en el que las mujeres sean las más perjudicadas, podemos ver la Cuarta Revolución Industrial como una oportunidad para que más mujeres ocupen los puestos del futuro.
Con este fin, Unilever se ha asociado con WomEng, una organización sin ánimo de lucro fundada en Sudáfrica. Juntos nos comprometemos a aumentar el porcentaje de mujeres que trabajan en ingeniería. Ampliar la reserva de talento y avanzar hacia el equilibrio de género beneficia a las personas, a las empresas y a la sociedad en su conjunto.
La infraestructura adecuada
Para aprovechar los beneficios de invertir en la educación de las mujeres, también debemos mejorar la infraestructura que las ayuda a incorporarse y reincorporarse al mundo laboral. Esto significa redistribuir las responsabilidades del hogar, el cuidado de los hijos y otras tareas de cuidado no remuneradas, para que hombres y mujeres puedan hacer frente a la distribución desigual del trabajo doméstico.
Me enorgullece decir que Dove Men+Care está abordando este problema al cuestionar los estereotipos masculinos restrictivos que impiden a muchos hombres tomar la baja por paternidad. Unilever, su empresa matriz, colabora con la iniciativa mundial de paternidad MenCare para establecer un nuevo estándar de un mínimo de tres semanas de baja por paternidad. Impulsamos un cambio cultural animando a los hombres a tomar la baja y compartir ese tiempo con sus familias. Al crear la infraestructura y la cultura adecuadas, todas las empresas deben aspirar a que hombres y mujeres se repartan por igual el trabajo no remunerado.
Repensar los sesgos inconscientes
Si algo nos han enseñado los últimos años, es que, sin la mentalidad adecuada, la paridad de género seguirá estando eternamente fuera de nuestro alcance. Nuestra forma de pensar será decisiva para cerrar la brecha. Eso significa combatir los sesgos inconscientes y replantear las representaciones normativas del género.
Los seres humanos podemos ser contradictorios. Se ha demostrado que los programas tradicionales de formación en igualdad de género pueden activar los sesgos inconscientes en vez de erradicarlos, como demuestra la investigación. Aquí la tecnología puede ayudar. Al incorporar elementos de juego a nuestro proceso de selección, reducimos los sesgos humanos y creamos una contratación más equilibrada. En 2019 también colaboraremos con Harvard para utilizar análisis basados en datos que reduzcan los sesgos durante los ascensos y ayuden a que más mujeres accedan a puestos directivos de alto nivel.
Una nueva mirada al género
Más allá de sus propias paredes, las organizaciones tienen la responsabilidad moral y social de combatir los estereotipos de género que alimentan los sesgos conscientes e inconscientes. Es alentador saber que, a partir de junio de 2019, la Autoridad de Normas Publicitarias del Reino Unido prohibirá las promociones que representen estereotipos de género.
Una campaña reciente de la marca neerlandesa de crema de cacahuete Calvé mostró el poder transformador de los mensajes equilibrados en materia de género. El verano pasado, se propuso acabar con los estereotipos en el fútbol contando la historia de Lieke Martens. De niña, tuvo dificultades para alcanzar sus sueños en un deporte dominado por los hombres. En 2017 fue elegida Mejor Jugadora de la FIFA. La campaña sorprendió con éxito a su público y fue al corazón de los omnipresentes estereotipos de género para cuestionar ideas y cambiar mentalidades.
Un propósito
Según nuestra propia investigación, ocho de cada diez mujeres y niñas sienten la presión de no cometer nunca errores ni mostrar debilidad. Este estándar imposible y profundamente perjudicial puede llevarnos a ocultar quiénes somos. Cuando nos retraemos de este modo, ponemos en riesgo nuestra capacidad de dar lo mejor de nosotros profesionalmente. Nos sentimos agotadas, abrumadas y temerosas.
Por otro lado, cuando sentimos que podemos ser nosotras mismas y encontrar nuestro propósito individual, somos más creativas y productivas, y nuestro bienestar general mejora. A esto lo llamo encontrar tu «chispa». Nuestra chispa nos mantiene motivados, productivos y apasionados, incluso en las circunstancias más difíciles. También nos ayuda a mantenernos conectados con los asuntos que más importan al mundo exterior; por eso hablamos de tener un «propósito superior».
Creo que, si combinamos este sentimiento de realización personal con una conciencia social más amplia, podremos actuar con la urgencia necesaria para cerrar antes la brecha de género. La historia nos dice que no será fácil. Harán falta paciencia, ingenio y colaboración entre los sectores público y privado. La brecha quizá se esté reduciendo, pero ni de lejos con la rapidez suficiente. Debemos transformar nuestra manera de trabajar, aprender y pensar sobre el género. Porque, en un mundo en constante cambio, lo que más necesitamos es la capacidad de cambiar nosotros mismos.



