Por qué las mujeres perciben el cambio climático de forma distinta

Por qué las mujeres perciben el cambio climático de forma distinta
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¿Cómo se puede notar que las sequías y las inundaciones cada vez más frecuentes golpean duramente a las familias del distrito de Nyando, en el oeste de Kenia? Las puertas se cierran a la hora de las comidas.

“Con menos comida, nadie está dispuesto a compartir”, afirmó Mary Nyasimi, que trabaja en África Oriental para que la información sobre la adaptación de los cultivos al cambio climático llegue tanto a las mujeres como a los hombres.

Lo que ella denominó la nueva “tacañería” afecta a los vínculos sociales y a las redes de protección en las comunidades: es una de las consecuencias de las pérdidas de cultivos y ganado que quizá los investigadores no habían previsto.

Obtener una imagen precisa de cómo el cambio climático afecta a la población local, y de qué se podría hacer al respecto, exige salir a las comunidades y, sobre todo, recabar la opinión de las mujeres, que a menudo quedan al margen de los esfuerzos para hacer frente al cambio climático, señalaron los investigadores esta semana en una conferencia científica celebrada en París.

Por ejemplo, en el árido Ladakh, en el estado indio de Jammu y Cachemira, en el norte del país, las mujeres –que acarrean agua y riegan los campos– notaron más que los hombres los cambios de temperatura en la región y los efectos que estos tenían sobre el agua, según explicó Virginie Le Masson, especialista en género delOverseas Development Institute británico y de la Climate and Development Knowledge Network.

También descubrió que las mujeres, cuando se las entrevistaba por separado de sus maridos y por investigadoras, a veces ofrecían información completamente distinta a la de sus maridos sobre quién realizaba las diversas tareas del hogar.

“Si solo se entrevista al cabeza de familia, se puede perder información”, advirtió Le Masson. “Es fundamental tener en mente esta perspectiva de género al realizar investigaciones sobre el terreno.”

En Tanzania, un estudio sobre la adaptación al cambio climático en la región rural de Morogoro, en el este del país, constató que las mujeres agricultoras casadas tienen más probabilidades de acceder a mejores tierras o de regar los campos de sus familias.

Pero fueron las divorciadas y las viudas, liberadas de la necesidad de pedir permiso a un marido, quienes crearon más negocios que les ofrecían oportunidades de empleo más allá de la agricultura, una forma importante de fortalecer la resiliencia frente al cambio climático, según explicó la investigadora Katrien Van Aelst, estudiante de la Universidad de Amberes.

“La adaptación al cambio climático normalmente no tiene en cuenta nada de esto”, afirmó.

Nyasimi, del Programa de Investigación del CGIAR sobre Cambio Climático, Agricultura y Seguridad Alimentaria (CCAFS), afirmó que en el distrito keniano de Nyando, azotado tanto por sequías como por inundaciones cada vez más frecuentes, constató que la adopción más rápida de prácticas agrícolas resilientes al clima se daba entre las mujeres cuyos maridos estaban fuera y no tomaban las decisiones cotidianas.

La adopción de cultivos resistentes a la sequía fue más rápida en esos hogares que en los dirigidos por hombres, o incluso que en los dirigidos por mujeres cuyos maridos, aunque ausentes, seguían tomando las decisiones familiares, según explicó.

Las mujeres de hogares en los que los hombres tenían poca influencia también tenían más acceso a información climática a través de programas radiofónicos, constató Nyasimi.

Pero fueron los hombres de Nyando quienes realmente notaron los cambios de temperatura con el paso del tiempo, no porque fueran más perceptivos, sino porque ellos permanecen en las aldeas en las que crecieron, mientras que las mujeres se trasladan a nuevas zonas cuando se casan.

Eso significa que las mujeres, a menudo recién llegadas a una aldea, no dicen notar grandes cambios en el clima cuando se les pregunta por ello, afirmó Nyasimi.

“La resiliencia requiere conciencia de las normas culturales y sociales”, subrayó.

Una adaptación al cambio climático que Nyasimi afirma observar con regularidad es que las mujeres pasan de tener la agricultura como actividad principal a trabajar en el campo por la mañana y dedicarse por la tarde a otras labores, como la fabricación de cestas o cuerdas, para garantizar que tienen suficiente dinero para mantener a sus familias.

Pero esa carga de trabajo adicional para las mujeres les está pasando factura, afirmó.

“Dentro de 10 años, sumarás la depresión a los efectos del cambio climático”, vaticinó.

Este artículo se publica en colaboración con Thomson Reuters Foundation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autoría: Laurie Goering edita AlertNet Climate, el sitio web de noticias de la Thomson Reuters Foundation sobre las repercusiones humanitarias y de desarrollo del cambio climático.

Imagen: En esta fotografía de archivo, una mujer nómada teje pashmina en Taglang La, en la región de Ladakh, en el norte del estado indio de Jammu y Cachemira. REUTERS/Kamal Kishor

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