Hoy, en una muestra de apoyo a la campaña de las Naciones Unidas para poner fin a la violencia contra las mujeres, visto de naranja. Es un pequeño gesto, pero a veces las pequeñas cosas, en conjunto, pueden marcar una gran diferencia.
Y vaya si necesitamos marcar la diferencia. En todo el mundo, 603 millones de mujeres viven en países donde la violencia doméstica no es delito. En regiones devastadas por conflictos, la violación se utiliza como arma de guerra y las mujeres son secuestradas y esclavizadas. En Bangladés,el 30 % de las mujeres no consintió su primer encuentro sexual. En Egipto, el 91 % de las mujeres son víctimas de la mutilación genital femenina.
En Estados Unidos, la situación es mucho mejor, pero las estadísticas siguen siendo alarmantes. Aquí, cada año, 1,3 millones de mujeres sufren agresiones físicas por parte de sus parejas. Según un informe de 2010, casi el 20 % de las mujeres en Estados Unidos ha sido violado en algún momento de su vida.
Como ha señalado la ONU, la violencia contra las mujeres tiene sus raíces en formas existentes y complejas de desigualdad y discriminación, relacionadas no solo con el género, sino también con la raza y la clase social. Por tanto, erradicarla exigirá cambios culturales, económicos y políticos, y estos no ocurrirán de la noche a la mañana. Pero hay algo que podemos hacer ahora mismo en Estados Unidos y que tendrá un efecto casi inmediato. Podemos invertir más en refugios para mujeres víctimas de violencia.
Cuando una mujer es víctima de violencia doméstica, en muchos casos se enfrenta a una disyuntiva tajante: quedarse en la relación abusiva o quedarse sin hogar. Según la Red para Poner Fin a la Violencia Doméstica, el 63 % de las mujeres sin hogar ha sufrido maltrato doméstico en algún momento de su vida adulta. El Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano afirma que la violencia doméstica es la tercera causa principal de la falta de vivienda de las familias. La mitad de las ciudades que participaron en una encuesta sobre la pobreza de 2005 identificaron el maltrato doméstico como la principal causa de la falta de vivienda. Si esta es la alternativa, ¿es de extrañar que algunas mujeres opten por quedarse con quienes las maltratan?
Los refugios —y los servicios y recursos que los acompañan— ofrecen un salvavidas a las personas cuando se encuentran en su mayor situación de vulnerabilidad. Pueden ayudar a las víctimas de violencia doméstica a retomar una vida normal, evitando que queden atrapadas en un ciclo permanente de pobreza y falta de vivienda, o en una relación abusiva.
Todas las pruebas apuntan a que funcionan. Este mes supimos que la falta de vivienda entre los veteranos podría erradicarse antes de que termine el año. Esto se debe en gran medida al aumento de los fondos federales, que se han utilizado para construir viviendas especializadas y diseñar programas innovadores para veteranos sin hogar. Y, sin embargo, al mismo tiempo, se rechaza a mujeres y sus hijos que necesitan desesperadamente servicios similares por falta de recursos suficientes. En 2013, las víctimas de maltrato doméstico solicitaron más de 9.000 servicios que no pudieron prestarse. De esas solicitudes, el 60 % era para alojamiento. Según un estudio de la Red Nacional para Poner Fin a la Violencia Doméstica, el 60 % de quienes fueron rechazadas acabó regresando con quien las maltrataba, el 27 % terminó sin hogar y el 11 % se vio obligada a vivir en su automóvil.
Destinar fondos a refugios para quienes huyen de sus parejas abusivas no abordará las causas profundas de la violencia. Pero, al hacer algo para combatir la forma más común de violencia contra las mujeres, sin duda marcará la diferencia. Si queremos acercarnos siquiera a cumplir el ambicioso objetivo de la ONU, debemos asegurarnos de que quienes tienen el valor de abandonar una situación de maltrato cuenten con un lugar seguro al que acudir.
Publicado en colaboración con LinkedIn
Autor: Stéphanie Thomson es editora en el Foro Económico Mundial.
Imagen: Una mujer, que pidió permanecer en el anonimato, relata su experiencia en un refugio para víctimas de violencia doméstica en Caracas. VENEZUELA-MUJERES/ REUTERS/Jorge Silva
