Cuando los expertos hablan de la «mujer mayor invisible», resulta que no están exagerando.
Simplemente están siendo realistas.
La mayoría de los datos que miden la situación de las mujeres en todo el mundo —en términos de salud, empleo o, en realidad, cualquier aspecto— no incluyen información sobre las mujeres mayores de 49 años, según expertos que participaron esta semana en un panel de la 59.ª Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer de la ONU, en Nueva York.
Así que, en resumen, sabemos bastante poco sobre las mujeres mayores, aunque su número aumentará a medida que envejezca la población mundial. Se prevé que la cantidad de personas mayores de 60 años —actualmente 850 millones— aumente hasta alcanzar los 1.000 millones en los próximos 10 años y los 2.000 millones en 2050.
Alrededor del 80 % de estas personas mayores vivirá en economías emergentes y en desarrollo. Las mujeres, que viven más que los hombres, constituirán la mayoría de ellas, afirmó Susan Markham, coordinadora sénior de igualdad de género y empoderamiento de las mujeres de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).
Sin embargo, parece que nadie piensa en ellas en términos de políticas, programas ni siquiera en términos de mujeres.
«Son extrañamente invisibles», afirmó Kathy Greenlee, subsecretaria de Asuntos de Envejecimiento del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos. «A menudo observo que, cuando la gente habla de mujeres y niñas, no habla de las mujeres mayores. Cuando hablan de familias y niños, rara vez mencionan a los abuelos».
De hecho, la mayor parte del dinero de los donantes internacionales destinado a programas de ayuda va a las mujeres en edad fértil, porque hay abundantes datos sobre ellas, pero casi no hay datos sobre las mujeres mayores de 49 años, afirmó Markham, de USAID.
Como resultado, los problemas específicos de las mujeres mayores —aunque en algunos países desarrollados, 49 años difícilmente parezca una edad avanzada— no reciben la atención que merecen, señaló el panel.
Muchos de esos problemas tienen su raíz en cuestiones que comienzan en edades más tempranas —como una nutrición inadecuada y la falta de acceso a oportunidades de empleo y educación— y se manifiestan más adelante.
Por ejemplo, debido a la pobreza y a una alimentación deficiente, muchas mujeres mayores padecen anemia crónica. Debido a la falta de acceso a la educación, muchas mujeres mayores son analfabetas. Debido a la falta de acceso al empleo remunerado, muchas mujeres mayores no tienen una pensión que las sustente.
La edad, por sí sola, agrava todas las formas de discriminación contra las mujeres, ya sea en el hogar, la comunidad o el lugar de trabajo, afirmó la embajadora de Argentina ante las Naciones Unidas, Maria Cristina Perceval.
«En este mundo, ser mayor significa ser pobre. Y si eres mayor y mujer, es más probable que seas pobre», afirmó Greenlee, señalando que 6,5 millones de estadounidenses mayores son pobres.
No solo son pobres, sino también más vulnerables a la violencia y el abuso.
El maltrato a las personas mayores sigue considerándose un problema privado —y no público— y afecta principalmente a las mujeres mayores.
El maltrato a las personas mayores debe examinarse y abordarse del mismo modo que el maltrato infantil, la violencia doméstica y la agresión sexual, afirmó Greenlee.
Es importante destacar que los panelistas pidieron más estadísticas para comprender mejor cómo viven las mujeres mayores y qué problemas afrontan.
«Se necesitan datos para garantizar que las mujeres mayores dejen de ser invisibles y para que se las tenga en cuenta», afirmó Kate Bunting, directora ejecutiva de HelpAge USA, una organización benéfica mundial que defiende a las personas mayores.
Este artículo se publica en colaboración con The Thomson Reuters Foundation. Su publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autora: Lisa Anderson es corresponsal para América del Norte de The Thomson Reuters Foundation.
Imagen: Una mujer mira un escaparate en Oxford Street, en el centro de Londres. REUTERS/Olivia Harris.
