¿Por qué los hombres tienen más probabilidades de asumir riesgos financieros?

¿Por qué los hombres tienen más probabilidades de asumir riesgos financieros?
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Las preferencias y creencias heterogéneas tienen implicaciones de gran alcance para la dinámica de los mercados laborales (Killingsworth 1987), los mercados financieros (Garleanu y Panageas, en prensa) y la macroeconomía (Chien et al. 2014). La heterogeneidad entre géneros es especialmente relevante – cada grupo incluye a la mitad de la población, y existen diferencias sistemáticas en las preferencias de hombres y mujeres, que a su vez tienen grandes efectos en los resultados económicos (Croson y Gneezy 2009, DellaVigna et al. 2013, Bertrand et al. 2015).

La investigación realizada hasta ahora ha estudiado los efectos de la biología y la genética en las actitudes frente al riesgo según el género (Sapienza et al. 2009), Barnea et al. 2010). En un artículo reciente (D’Acunto 2015), analizo si la identidad social puede ayudar a explicar estas diferencias. La identidad social es el conjunto de comportamientos estereotipados que la sociedad atribuye a hombres y mujeres (Akerlof y Kranton 2000).

Tabla 1. Estereotipos de identidad atribuidos a hombres y mujeres por 200 encuestados

La identidad masculina aumenta la tolerancia al riesgo

¿Cómo comprobar un efecto causal de la identidad social sobre las preferencias y las inversiones? Manipulo aleatoriamente los estereotipos de identidad a nivel individual en un entorno controlado, lo que deja claro a los sujetos los rasgos asociados a su grupo de género (Benjamin et al. 2010). A continuación, pido a los sujetos que realicen tareas de medición de la tolerancia al riesgo y tareas de inversión sencillas. Las manipulaciones hacen que los estereotipos de identidad resulten destacados o amenazan las identidades (Willer et al. 2013). Ambas intervenciones aumentan la disposición de los hombres, pero no de las mujeres, a participar en comportamientos arriesgados según la literatura de psicología.

En un primer experimento, mido la tolerancia al riesgo de los sujetos mediante tareas de elección de loterías antes y después de activar o amenazar aleatoriamente su identidad. Este procedimiento permite medir el cambio en la tolerancia al riesgo debido a las manipulaciones a nivel individual. La figura 1(a) muestra que la distribución de la tolerancia al riesgo de los hombres antes de las manipulaciones es similar entre los grupos de tratamiento: en promedio, todos son aversos al riesgo. La figura 1(b) representa la distribución del cambio en la tolerancia al riesgo según las condiciones de tratamiento. Los hombres del grupo de control mantienen la misma tolerancia al riesgo antes y después de las manipulaciones. Pero los hombres de las condiciones de prominencia y de amenaza se vuelven, en promedio, más tolerantes al riesgo tras cada manipulación.

Figura 1a. Tolerancia al riesgo de los hombres antes de las manipulaciones

Figura 1b. Cambio en la tolerancia al riesgo de los hombres debido a las manipulaciones

La identidad hace que los hombres tengan exceso de confianza

Pero ¿qué mecanismos transmiten el efecto de la identidad sobre las actitudes de riesgo de los hombres? En un segundo experimento, observo que la identidad hace que los hombres tengan exceso de confianza. Los hombres activados creen que tendrán más éxito del que sugiere la probabilidad objetiva de éxito. Para crear una medida a nivel individual de las creencias de superioridad respecto al promedio, pregunto a los sujetos con qué frecuencia creen que ellos mismos y sus vecinos tendrían éxito si invirtieran diez veces en una oportunidad que en promedio tiene éxito cinco de cada diez veces. La figura 2(a) muestra que los hombres tienen, en promedio, exceso de confianza, mientras que las mujeres no, lo que es coherente con la conjetura de Barber y Odean (2001). En la figura 2(b) represento la medida de creencias de superioridad respecto al promedio por tratamiento, solo para los hombres. Los hombres activados (a la derecha) creen que tienen más probabilidades que sus pares de tener éxito en un juego de puro azar; es decir, las activaciones aumentan el exceso de confianza de los hombres.

En un tercer experimento, muestro que este efecto sobre el exceso de confianza actúa a través de la ilusión de controlar procesos aleatorios. Replico los resultados induciendo exceso de confianza en forma de ilusión de control. Induzco exceso de confianza activando una sensación de poder sobre los demás (Fast et al., 2009). Al igual que las manipulaciones de identidad, los hombres a los que se induce exceso de confianza se vuelven más tolerantes al riesgo.

Figura 2a. Exceso de confianza según el género

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Figura 2b. Creencias de superioridad de los hombres respecto al promedio en las condiciones de tratamiento

La identidad afecta a las decisiones de inversión de los hombres

A continuación, analizo el comportamiento inversor. En un cuarto experimento, manipulo la identidad y presento a los sujetos una oportunidad arriesgada cuyo valor esperado es positivo. Los sujetos reciben una dotación virtual de 100 dólares y deciden si invierten y cuánto invierten. La figura 2 muestra que los hombres en las condiciones de activación de la identidad y de exceso de confianza desean invertir significativamente con más frecuencia que los del grupo de control. En un análisis de mínimos cuadrados ordinarios, observo que los hombres de ambas condiciones invierten en promedio 20 dólares más que los del grupo de control, tras tener en cuenta la heterogeneidad de edad y educación. Podemos interpretar estos resultados como una prueba causal del efecto del exceso de confianza sobre la operativa bursátil (Barber y Odean 2001). Los mismos resultados se obtienen en un quinto experimento, en el que planteo las decisiones de inversión como inversiones delegadas en nombre de un principal. Podemos interpretar estos resultados como una prueba causal de la sensibilidad de la inversión al flujo de caja de los directivos con exceso de confianza (Malmendier y Tate 2005).

Figura 3. Frecuencia de las inversiones positivas de los hombres según las condiciones de tratamiento

La identidad afecta más a los hombres mayores que a los jóvenes

Los estereotipos de género evolucionan con el tiempo y entre culturas; sus efectos sobre el comportamiento deberían desvanecerse en la medida en que disminuya la diferencia entre los estereotipos percibidos de hombres y mujeres. Analizo la heterogeneidad de los efectos entre cohortes: los sujetos mayores deberían tener una visión más marcada de los estereotipos de identidad de género que las cohortes más jóvenes, y especialmente quienes nacieron después de 1990. Por ello, los sujetos mayores deberían reaccionar más a las manipulaciones de identidad que los más jóvenes. Esto es lo que encuentro en la figura 4(a) para el cambio en la tolerancia al riesgo de los sujetos, y en la figura 4(b) para el cambio en su disposición a invertir.

Figura 4a. Efecto de la identidad sobre la tolerancia al riesgo de los hombres por cohortes

Figura 4b. Efecto de la identidad sobre las inversiones de los hombres por cohortes

Conclusiones

La identidad de género, junto con la biología, ayuda a explicar las diferencias en la tolerancia al riesgo, la confianza y el comportamiento inversor entre géneros. A diferencia de la biología, la identidad social es un producto cultural y puede manipularse mediante señales de identidad de género. Las pruebas de este artículo aportan una validación causal a la literatura que relaciona el exceso de confianza con la inversión, y proponen la identidad como fuente de exceso de confianza en los hombres. Los resultados también ofrecen una justificación para las campañas de marketing que explotan señales masculinas y de exceso de confianza para aumentar las tasas de adopción de productos arriesgados por parte de los consumidores. Los efectos de la identidad sobre el comportamiento se desvanecen a medida que los estereotipos de género se vuelven menos marcados. Por ello, las diferencias de comportamiento entre géneros, tan extendidas, podrían persistir durante menos tiempo del que los investigadores han pensado hasta ahora.

Referencias

Akerlof, G y R Kranton (2000), “Economics and Identity”, Quarterly Journal of Economics 115(3): 715-753.

Barber, B y T Odean (2001), “Boys Will be Boys: Gender, Overconfidence, and Common Stock Investment”, Quarterly Journal of Economics 116(1): 261-292.

Barnea A, H Cronqvist y S Siegel (2010). “Nature or Nurture: What Determines Investor Behavior?”, Journal of Financial Economics 98: 583-604.

Benjamin D, J Choi y J Strickland (2010), “Social Identity and Preferences”, American Economic Review 100(3): 1913-1928.

Bertrand M, E Kamenica y J Pan (en prensa), “Gender Identity and Relative Income within Households”, Quarterly Journal of Economics.

Chien Y, H Cole y H Lustig (2014), “Implications of Heterogeneity in Preferences, Beliefs and Asset Trading Technologies for the Macroeconomy”, St. Louis Fed WP 2014-014A.

Croson, R y U Gneezy (2009), “Gender Differences in Preferences”, Journal of Economic Literature 47(2): 1-17.

D’Acunto, F (2015), “Identity, Overconfidence, and Investment Decisions”, Working Paper.

DellaVigna S, J List, U Malmendier y G Rao (2013), “The Importance of Being Marginal: Gender Differences in Generosity”, American Economic Review 103(3): 586-590.

Fast N, N Sivanathan, N Mayer y A Galinsky (2012), “Power and Overconfident Decision Making”, Organizational Behaviour and Human Decision Processes 117(2): 249-260.

Garleanu, N y S Panageas (en prensa), “Young, Old, Conservative and Bold: The Implications of Heterogeneity and Finite Lives for Asset Pricing”, Journal of Political Economy, en prensa.

Killingsworth, M (1987), “Heterogeneous Preferences, Compensating Wage Differentials, and Comparable Worth”, Quarterly Journal of Economics 102(4): 727-742.

Malmendier, U y G Tate (2005). “CEO Overconfidence and Corporate Investment”, Journal of Finance 60(6): 2661-2700.

Sapienza P, L Zingales y D Mastripieri (2009), “Gender Differences in Financial Risk Aversion and Career Choices are Affected by Testosterone”, Proceedings of the National Academy of Science.

Willer R, C Rogalin, B Conlon y M Wojnowicz (2013), “Overdoing Gender: A Test of the Masculine Overcompensation Thesis”, American Journal of Sociology 118: 980-1022.

Este artículo se publica en colaboración con [publicado originalmente por] VoxEU. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Francesco D’Acunto es profesor adjunto de Finanzas en la Universidad de Maryland, R.H. Smith School of Business.

Imagen: Una bola se ve sobre una ruleta frente a máquinas tragamonedas en Gaming Expo Asia, en Macao, el 22 de mayo de 2012. REUTERS/Bobby Yip.

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