¿Dónde están todas las mujeres?

¿Dónde están todas las mujeres?
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La expresión ‘mujeres desaparecidas’, acuñada por Amartya Sen (1990, 1992), se refiere a la observación de que en partes del mundo en desarrollo —en particular en India y China— la proporción de mujeres respecto a los hombres es sospechosamente baja. En promedio, en los países desarrollados nacen más varones que mujeres, pero ese desequilibrio empieza a corregirse poco después. El efecto combinado es (o debería ser) una proporción aproximadamente igual de hombres y mujeres en la población en su conjunto. Esto no ocurre en muchas partes del mundo en desarrollo.

Sen calculó cómo las proporciones de sexos sesgadas se traducen en cifras absolutas de mujeres desaparecidas. Sus cálculos nos permiten deducir el número de mujeres adicionales que estarían vivas en, por ejemplo, China o India si estos países tuvieran la misma proporción de mujeres y hombres que los países desarrollados, donde presumiblemente mujeres y hombres reciben una atención similar. La metodología de Sen sugiere que más de 200 millones de mujeres están ‘demográficamente’ desaparecidas en el mundo en desarrollo. Se pretende que esta cifra sea una estimación del número total de mujeres que han muerto prematuramente debido a la discriminación de género.

Estas cifras astronómicas han dado lugar a una extensa bibliografía destinada a explicar el fenómeno de las ‘mujeres desaparecidas’. Un eje central de esta bibliografía son las proporciones de sexos sesgadas al nacer, una señal de alarma de los abortos selectivos por sexo (Junhong 2001, Lin et al. 2014, y Jha et al. 2006). Un segundo ámbito de interés es la primera infancia y la posibilidad de que las niñas sean sistemáticamente menos atendidas (Deaton 1989, Garg y Morduch 1998, Oster 2009). Das Gupta (2005) resume con bastante acierto la bibliografía cuando afirma que ‘la evidencia indica que las preferencias parentales determinan de forma abrumadora el déficit femenino en el sur y el este de Asia’.

En trabajos anteriores (Anderson y Ray 2010, 2012), examinamos críticamente la distribución por edad de las mujeres desaparecidas. En lugar de basarnos en las proporciones de sexos globales, que apuntan a un ‘stock’ global de mujeres desaparecidas y dificultan separar el problema por grupos de edad, utilizamos tasas de mortalidad por ‘flujo’ según edad y sexo. Esto nos permite estimar el número de mujeres desaparecidas (por año) en cada categoría de edad. En marcado contraste con el énfasis de la literatura anterior en el aborto selectivo por sexo y el infanticidio femenino, constatamos que la gran mayoría de las mujeres desaparecidas son en realidad de edad adulta . Además, un número considerable de mujeres adultas desaparecidas se encuentra en África subsahariana, donde una tasa de nacimientos inusual (el porcentaje de niñas nacidas es biológicamente más alto entre las etnias africanas) oculta el problema desde la perspectiva tradicional del ‘stock’.

Que la mayoría de las mujeres desaparecidas sea de edad adulta sugiere que la mortalidad femenina excesiva en el mundo en desarrollo no se debe solo a preferencias parentales sesgadas por género. Más bien, nuestras estimaciones revelan que la situación de las mujeres adultas puede ser un problema tan grave como el de las niñas que nunca llegaron a nacer o que mueren prematuramente en la infancia.

En trabajos recientes llevamos estos hallazgos un paso más allá, al examinar el papel de la viudez para explicar las mujeres desaparecidas en edad adulta (Anderson y Ray 2015). Hay razones prima facie para plantear esta sospecha: está bien documentado que las personas no casadas fallecen a un ritmo más rápido que las casadas. En los países desarrollados, este exceso relativo de mortalidad entre las personas no casadas se da en todas las edades, en ambos sexos, en todas las etnias y para todas las causas de muerte (Johnson et al. 2000). Aunque los datos de los países en desarrollo son algo más imprecisos, la evidencia indica de forma similar un exceso relativo de mortalidad entre las personas no casadas en la mayoría de los grupos de edad y en ambos sexos. La mayor parte de este exceso procede de la viudez, dado que el matrimonio a edad temprana es prácticamente universal en los países en desarrollo, por lo que los adultos no casados suelen ser viudos. Nada de esto sorprende: al fin y al cabo, el matrimonio aporta importantes beneficios económicos, psicológicos y ambientales, e implica que dos personas se cuidan mutuamente.

Sin embargo, el hecho de que tanto los países desarrollados como los países en desarrollo padecen el ‘sesgo de la no nupcialidad’, lo que plantea una cuestión sutil sobre las mujeres desaparecidas en este aspecto concreto. Las tasas de mortalidad femenina más altas, por sí solas, no implican mujeres desaparecidas: estas tasas en relación con las de los hombres deben ser más altas en los países en desarrollo. Pero esa posibilidad no es descabellada: al fin y al cabo, el precio de la viudez es especialmente elevado para las mujeres en los países en desarrollo. En Asia meridional, esta marginación está bien documentada tanto en India como en Bangladés (Chen y Dreze 1992, Jensen 2005, Rahman et al. 1992). Esa vulnerabilidad no solo se debe a la pérdida del principal sostén del hogar (el marido), sino también a las leyes de propiedad y a las normas laborales que restringen el acceso de las viudas a los recursos económicos. Las normas patrilocales agravan la situación. El apoyo económico y social que recibe una viuda en la aldea de su difunto marido suele ser extremadamente limitado. A ello se suman diversas costumbres y creencias: reclusión y aislamiento respecto de la familia y la comunidad, un cambio permanente de dieta y vestimenta, desaliento a volver a casarse, y el hecho de que, a menudo, las viudas en Asia meridional sean consideradas portadoras de mala suerte y deban ser evitadas (no son bienvenidas en actos sociales, ceremonias ni rituales). Además, se trata de un problema de gran magnitud: en India hay más de 40 millones de viudas.

Una situación similar puede documentarse en los países africanos (Sossou 2002, Oppong 2006). Al igual que en Asia meridional, las normas de herencia y los derechos de propiedad restringen el acceso de una viuda a los recursos de su difunto marido. El aislamiento general de las viudas (así como determinados rituales de reclusión) es una práctica extendida. Se puede acusar a las viudas de brujería y perseguirlas si se sospecha que de alguna manera han causado la muerte de sus maridos. Las creencias en la brujería están muy extendidas en el África subsahariana, y las mujeres mayores son las víctimas típicas de los asesinatos por brujería (Miguel 2005). Por costumbre, las causas de cualquier muerte se buscan dentro del sistema social imperante, y los presuntos brujos en la familia del fallecido o del enfermo son el principal objeto de culpa (Oppong 2006).

En definitiva, dadas estas extremas vulnerabilidades que enfrentan las viudas en los países en desarrollo, esperamos que la ‘mortalidad excesiva de las personas no casadas’ sea relativamente más extrema para las mujeres en estas regiones. Esto abre la posibilidad de que la ‘no nupcialidad’ por sí sola explique una proporción significativa del número total de mujeres desaparecidas. Ahora bien, cada año hay aproximadamente 1,5 millones de mujeres desaparecidas en edad adulta (20-65 años). Están distribuidas por India (y el sur de Asia en general), China, el sudeste y el oeste de Asia, y diversas regiones del continente africano. Nuestra metodología indica que más del 40% de estas mujeres desaparecidas en edad adulta puede atribuirse a no estar casadas. Estas estimaciones varían según la región. En India y otras partes del sur y el sudeste de Asia, alrededor del 55% de las mujeres adultas desaparecidas se debe a no tener marido. Para el África subsahariana, las estimaciones son algo menores, en torno al 35%, y para China solo el 13%.

El número total de mujeres no casadas desaparecidas cada año, por región, se recoge en la tabla siguiente.

Tabla 1.

Fuentes de datos: U.N.UN World Marriage Data 2012; U.N.UN Demographic Yearbook 2003; U.N.UN World Population Prospects: The 2012 Revision.

Aproximadamente el 70% de las mujeres no casadas desaparecidas tiene edad reproductiva (20-45 años). Estas mujeres más jóvenes se clasifican como desaparecidas precisamente porque en Asia y África sus tasas de mortalidad, en relación con las de los hombres no casados, son extremadamente altas en comparación con la misma proporción en los países desarrollados de referencia. La discrepancia significativa se debe a un acceso limitado a los recursos y a la atención sanitaria de este grupo, muy marginado socialmente.

El 30% restante de las mujeres no casadas desaparecidas es de mayor edad (entre 45 y 65 años). Nuestros cálculos demuestran que el exceso de mortalidad femenina en este grupo de mujeres mayores no casadas se debe principalmente a un segundo factor clave: la incidencia relativa de la viudez es mayor en las regiones en desarrollo. Es posible que este factor no esté tan directamente vinculado a la discriminación de género, y que tenga más que ver con los patrones de mortalidad por edad y sexo asociados al desarrollo. Pero se necesita más investigación para determinar con precisión las fuentes del importante exceso de mortalidad femenina derivado de la ausencia de matrimonio entre las mujeres de partes de Asia y África.

Las vulnerabilidades que enfrentan las mujeres no casadas en los países en desarrollo han sido ampliamente debatidas. Nuestro enfoque sitúa explícitamente estas vulnerabilidades en el contexto de las mujeres desaparecidas, lo que permite comparar distintas fuentes de exceso de mortalidad femenina. El resultado —que más del 40% del exceso de mortalidad femenina puede atribuirse a este único factor— es realmente notable.

Referencias

Anderson, S y D. Ray (2010), “Missing Women: Age and Disease”, Review of Economic Studies, volumen 77, octubre, : 1262-1300.

Anderson S, y D Ray (2012) “The Age Distribution of Missing Women in India”, Economic and Political Weekly, diciembre, vol. XLVII, n.º (47-48),: 87-95.

Anderson, S y D Ray (2015) “Missing Unmarried Women”, NBER Working Paper No. 21511.

Chen, M y J Dreze (1992) ”Widows and Health in Rural North India,”,” Economic and Political Weekly, 27, No. 43/44, WS81–WS92.

Das Gupta, M (2005), “Explaining Asia’s ‘Missing Women’: A New Look at the Data”, Population and Development Review, 31 (3),): 529–535.

Deaton, A (1989), “Looking for Boy/Girl Discrimination in Household Expenditure Data”, World Bank Economic Review, 3,: 183–210.

Garg, A y J Morduch (1998), “Sibling Rivalry and the Gender Gap: Evidence from Child Health Outcomes in Ghana”, Journal of Population Economics, 11 (4), ): 471–493.

Jensen, R T (2005) “Caste, Culture, and the Status and Well-Being of Widows in India,”, enAnalyses in the Economics of Aging, D A Wise (editor), University of Chicago Press, 357–373.

Jha P, R Kumar, P Vasa, N Dhingra, D Thiruchelvam y R Moineddin (2006), “Low Male-to-female Sex Ratio of Children Born in India: National Survey of 1.1 Million Households”, Lancet, 367, : 211–218.

Johnson N J J, E Backlund, P D Sorlie y C A A Loveless (2000) ”Marital Status and Mortality: The National Longitudinal Mortality Study,”, Annals of Epidemiology 10(4),: 224–238.

Junhong, C (2001), “Prenatal Sex Determination and Sex-selective Abortion in Rural Central China”, Population and Development Review, 27, : 259–281.

Lin M-J, J-T Liu y N Qian, N (2014) “More Missing Women, Fewer Dying Girls: The Impact of Abortion on Sex Ratios ratios at Birth and Excess Female Mortality in Taiwan” Journal of European Economic Association, 12(4):, 899-926.

Miguel, E (2005) ”Poverty and Witch Killing,”, Review of Economic Studies, 72(4):, 1153–1172.

Oppong, C (2006) ”Familial Roles and Social Transformations: Older Men and Women in Sub-Saharan Africa,”, Research on Aging 28(6),: 654–668.

Oster, E (2009), “Proximate Sources of Population Sex Imbalance in India”, Demography, 46:, 325–340.

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Sen, A (1990), “More Than 100 Million Women Are Missing”, The New York Review of Books, 37 (20), 1990–.

Sen, A (1992), “Missing Women”, British Medical Journal, 304, 587–588.

Sossou, M-A (2002) ”Widowhood Practices in West Africa: The Silent Victims,” International Journal of Social Welfare 11, 201–209.

Este artículo se publica en colaboración con VoxEU. Su publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Siwan Anderson es profesora asociada de la Escuela de Economía de Vancouver. Debraj Ray es catedrático Silver de la Facultad de Artes y Ciencias y profesor de Economía en la Universidad de Nueva York.

Imagen: Una empresaria japonesa (C) se desplaza al trabajo en el distrito de Marunouchi, en Tokio. REUTERS/Kiyoshi Ota

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