El pasado miércoles la U.S. Securities and Exchange Commission aprobó una norma incluida en la Ley de Reforma de Wall Street y Protección del Consumidor Dodd-Frank de 2010 que exige a las empresas que cotizan en bolsa calcular y, posteriormente, divulgar la proporción entre la remuneración de su director ejecutivo y la de su trabajador mediano. La norma ha tardado cinco años en elaborarse y ha sido muy polémica. La regulación fue aprobada por una votación de 3 a 2. El impacto futuro de la regulación en las decisiones de las corporaciones y en la fijación de sus salarios es desconocido y está abierto a debate. Pero lo que sí sabemos es que producirá una gran cantidad de datos nuevos.
El hecho de que una norma que solo divulga información sobre remuneraciones haya tardado cinco años en aprobarse entre polémicas dice bastante sobre el potencial de futuras medidas políticas en materia de remuneración de los ejecutivos. Como Neil Irwin sostiene en The Upshot, las opiniones enfrentadas sobre los méritos de la norma son indicativas de los debates sobre las razones del rápido aumento de la remuneración de los ejecutivos en comparación con lo que ganan los trabajadores situados en el punto medio de la escala salarial de las empresas que cotizan en bolsa.
Un lado del debate sostiene que el aumento de la remuneración de los ejecutivos es simplemente un reflejo de dinámicas de mercado. Los directores ejecutivos cobran mucho más porque son cada vez más importantes en un mundo globalizado con empresas más grandes. Si se reduce su remuneración, se irán a otra parte. El otro lado del debate afirma que la remuneración de los ejecutivos no está determinada en su totalidad por la capacidad del ejecutivo y que en algunas empresas los ejecutivos pueden fijar su propia remuneración. Aunque en ambos casos, la cuestión no es si una remuneración menor hará que los ejecutivos se marchen, sino si las empresas pueden pagar una remuneración más baja y obtener el mismo nivel de talento que Dean Baker, del Center for Economic and Policy Research, señala.
Jordan Weissmann en Slate es escéptico de que una mayor información sobre la desigualdad salarial dentro de las empresas vaya a servir para reducir la remuneración de los ejecutivos. Duda de que los consumidores cambien sus decisiones de compra en función de la nueva información, ni de que a los inversores y a los miembros de los consejos de administración les importe. En ese segundo frente, quizá los inversores «amorales» no se preocupen porque no han observado ningún indicio de que la desigualdad dentro de empresas individuales afecte de algún modo a los resultados empresariales. Los nuevos datos podrían servir de base para investigaciones que muestren si así ocurre.
Considere una investigación que muestra que los trabajadores son más productivos cuando conocen su lugar relativo dentro de la estructura salarial de la empresa. Sin embargo, otras investigaciones no muestran ningún efecto. Los nuevos datos generados por la norma podrían ayudar a economistas y analistas de mercado a evaluar esa cuestión.
Además, existe el debate en curso sobre el papel relativo de la creciente desigualdad dentro de las empresas y la desigualdad entre empresas. Estos nuevos datos sobre la desigualdad intraempresarial no podrán responder preguntas sobre el aumento de la desigualdad de ingresos en el pasado. Pero podrían ser útiles en investigaciones que describan el estado actual de la desigualdad de ingresos y su evolución futura.
Si la simple divulgación de las proporciones salariales afectará o no a la política de remuneración de los ejecutivos a corto plazo está abierto a debate. Pero, mientras tanto, la divulgación de nuevos datos de amplia disponibilidad sobre la remuneración intraempresarial podría ayudar a hacer avanzar el debate.
Este artículo se publica en colaboración con The Washington Center for Equitable Growth. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Nick Bunker es analista de políticas del Washington Center for Equitable Growth.
Imagen: Martin Raak, desarrollador de productos de Igus GmbH, trabaja en su ordenador durante una sesión fotográfica en su sede de Colonia. REUTERS/Ina Fassbender
