La violencia contra las mujeres en todo el mundo ha aumentado en medio de la COVID-19.
Datos recientes muestran que casi 1/4 de todas las niñas han sufrido violencia de género antes de cumplir 19 años.
Debemos actuar urgentemente contra esta situación y garantizar que se respeten y protejan los derechos de las mujeres en todo el mundo.
La violencia contra las mujeres y las niñas ha alcanzado una escala devastadora en todo el mundo. Un informe reciente de las Naciones Unidas reveló que una de cada tres mujeres, aproximadamente 736 millones en todo el mundo, ha sufrido violencia física y psicológica. Desde la violencia de pareja hasta el acoso sexual, estas diversas formas de abuso perjudican profundamente a las mujeres. Y, lamentablemente, esta situación ha empeorado aún más desde el inicio de la COVID-19.
Erradicar la violencia contra las mujeres
Un análisis detallado de los datos revela que la violencia contra las mujeres comienza a una edad temprana: casi una cuarta parte de todas las niñas ha sufrido violencia de género antes de cumplir 19 años, si ha tenido una relación de pareja. Las agresiones físicas y sexuales son ahora una amenaza para el bienestar de las mujeres de tal magnitud que podría hablarse de una pandemia.
Uno de los desafíos morales que definirán nuestra época será erradicar la violencia contra las mujeres. Y es posible lograrlo.
Las soluciones centradas en las supervivientes son fundamentales
Las organizaciones de la sociedad civil pueden desempeñar un papel importante al conectar a especialistas en cuestiones jurídicas y seguridad personal con mujeres de comunidades en riesgo. Entre estas comunidades se encuentran zonas rurales donde la pobreza persiste y donde las supervivientes de la violencia de género a menudo no tienen a quién acudir. Como resultado, la violencia sexual suele quedar impune. Debemos dar prioridad a ampliar el acceso de las mujeres a los servicios jurídicos, tanto como medida de prevención como de rendición de cuentas. Se debería alentar a los grupos de la sociedad civil que cuenten con los recursos pertinentes a colaborar con las supervivientes y sus comunidades para corregir el abandono del pasado.
También hay regiones donde los sistemas tradicionales de justicia pueden revictimizar a las supervivientes. En estos lugares, necesitamos especialistas sobre el terreno que ayuden a las mujeres y las niñas. En regiones con sistemas tradicionales de justicia, como África Oriental, la estructura pública de liderazgo comienza con los ancianos de las aldeas. Las organizaciones de servicios y defensa de derechos deberían facilitar diálogos con los ancianos respetados sobre los estigmas y estereotipos persistentes.
Hay que humanizar a las supervivientes de agresiones sexuales mostrando a los ancianos las experiencias traumáticas de primera mano que han vivido. La sociedad civil también puede ofrecer apoyo de salud mental a las supervivientes. Juntos, debemos dar ejemplo y mostrar que la respuesta adecuada hacia las supervivientes es brindarles atención, en lugar de marginarlas.
«Juntos, debemos dar ejemplo y mostrar que la respuesta adecuada hacia las supervivientes es brindarles atención, en lugar de marginarlas»
Bincheng Mao
Las organizaciones internacionales deberían colaborar con las autoridades de los gobiernos locales para empoderar a las mujeres y animarlas a considerar la posibilidad de compartir sus historias. Es indispensable ofrecer protección a las supervivientes, y la comunidad internacional debería proporcionar recursos materiales adecuados a las regiones de menores ingresos para crear refugios para víctimas de abusos de género. Promover el acceso a productos de higiene femenina también es fundamental para empoderar a las mujeres.
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Educar a la próxima generación
Enseñar a la próxima generación a defender a las mujeres y las niñas debe ser una prioridad. Las investigaciones patrocinadas por la OMS muestran que una educación temprana eficaz puede ayudar a prevenir la violencia de pareja. Las instituciones internacionales deberían ofrecer orientación para reformar la educación en materia de igualdad de género; luego, las organizaciones nacionales por los derechos de las mujeres pueden adaptar el mensaje al contexto local. Los hombres y los niños deberían aprender desde temprana edad a elegir palabras y acciones respetuosas al dirigirse a las mujeres. En otras palabras, los hombres y los niños deberían participar activamente en las iniciativas de prevención.
Además de aplicar estrategias educativas justas y equitativas, es fundamental garantizar la seguridad de las mujeres y las niñas durante sus desplazamientos a la escuela. En comunidades con un riesgo especialmente alto, los autobuses escolares deberían contar con inspectores de billetes que verifiquen las identidades. Un estudio de caso de Tanzania ha demostrado que la educación es una vía fundamental para acabar con la pobreza. Garantizar el derecho de las mujeres a recibir una educación de alta calidad ayuda a romper el ciclo de la pobreza y les permite comprender sus derechos humanos.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial en materia de diversidad, equidad e inclusión?
El Centro para la Nueva Economía y la Sociedad conecta a líderes para comprender cómo los cambios económicos y tecnológicos están transformando los empleos, las competencias y las oportunidades.
Mediante el conocimiento compartido y la colaboración, el Centro permite a sus socios explorar modelos económicos inclusivos que apoyen a las personas y las sociedades durante la transición.
La acción moral también es una decisión económica inteligente
Para movilizar una acción decisiva, es fundamental recordar a quienes dudan los graves costos económicos de la desigualdad de género. Cuando las personas sufren violencia física y sexual, su salud general se deteriora y empiezan a faltar al trabajo. Cada día que las mujeres víctimas de abuso faltan al trabajo se traduce en pérdidas para la productividad y la producción económica general de un país. Por ello, a cualquier gobierno le conviene actuar y hacer frente a la violencia contra las mujeres.
La violencia de género puede perjudicar a cualquiera, pero ciertos grupos son especialmente vulnerables. Por ejemplo, afecta de manera desproporcionada a las mujeres y las niñas que viven en regiones menos desarrolladas. ONU Mujeres ha señalado que las mujeres de los países clasificados como «países menos adelantados» han estado expuestas durante el último año a una tasa considerablemente más alta de violencia de pareja: un 13 % más. Esto significa que una mayor proporción de mujeres de las regiones de bajos ingresos sufre abusos que pueden limitar su contribución al desarrollo económico local y perpetuar un ciclo de violencia y pobreza. La lucha contra la violencia de género será más importante en las zonas más pobres del mundo. Un esfuerzo mundial para erradicar la violencia contra las mujeres ofrece a los países pobres la oportunidad de acelerar el crecimiento económico y aliviar la pobreza.
Los derechos de las mujeres son derechos humanos, y los derechos humanos son derechos de las mujeres
Los derechos de las mujeres son derechos humanos, y los derechos humanos son derechos de las mujeres. Cuando este principio se proclamó en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing en 1995, la gente se atrevió a imaginar un siglo XXI más inclusivo y compasivo. Ahora, con la violencia contra las mujeres nuevamente en aumento, debemos tomar medidas concretas con urgencia para promover sus derechos.
