La discriminación contra las personas que integran la comunidad lesbiana, gay, bisexual, trans e intersexual no solo perjudica a las personas; también perjudica a las familias, las empresas y países enteros.
El último vídeo de la campaña «Libres e Iguales» de la ONU, «El precio de la exclusión», pone de relieve los daños sociales y económicos que causa la discriminación contra las personas LGTB en todo el mundo.
Según estudios realizados en Estados Unidos, el Reino Unido y Tailandia, entre la mitad y dos tercios de los estudiantes LGTB son víctimas de acoso escolar de forma habitual, y hasta un tercio deja de ir a clase para escapar del acoso.
Muchos jóvenes LGTB, acosados en la escuela y rechazados en casa, acaban sin hogar. Hasta un 40 % de los jóvenes sin hogar que viven en las calles de las principales ciudades de Estados Unidos se identifica como LGTB o queer, frente a una proporción probablemente inferior al 10 % de la población juvenil en general.
Un estudio estadounidense constató que los jóvenes gais y lesbianas tienen cuatro veces más probabilidades de plantearse o intentar suicidarse, en comparación con la población general, mientras que los jóvenes trans tienen diez veces más probabilidades de hacerlo.
En una serie de indicadores sociales y económicos, las personas LGTB, en especial las lesbianas y las personas trans, tienden a estar peor que la población general. Estudios realizados en varios países han constatado que las tasas de pobreza, inseguridad alimentaria y desempleo son más elevadas en la comunidad LGTB.
Tragedias personales, economías malogradas
Estas estadísticas representan tragedias personales incalculables para las personas afectadas, pero también reflejan un absurdo desperdicio del potencial humano a gran escala. Cada joven trans expulsado de su casa o forzado a renunciar a la educación supone una pérdida para la sociedad. Cada trabajador o trabajadora gay o lesbiana que se ve obligado a dejar su empleo o incluso su país representa una oportunidad perdida de construir una economía más productiva.
A nivel macro, el coste para la economía de un país puede cifrarse en miles de millones. Según un estudio piloto realizado para el Banco Mundial el año pasado, la discriminación contra las personas LGTB en India podría costar a la economía de ese país hasta 32 000 millones de dólares al año en producción económica perdida.
Parte de la solución depende de los gobiernos: se necesitan nuevas leyes y políticas para proteger a las personas LGTB de un trato injusto. Desde comienzos de la década de 1990, con el impulso de las Naciones Unidas, unos 45 países han despenalizado la homosexualidad, más de 30 han reconocido plenamente las relaciones entre personas del mismo sexo y más de 60 han prohibido la discriminación por motivos de orientación sexual –y, en algunos casos, de identidad de género– en el ámbito laboral.
Lo correcto y lo inteligente
Pero, para avanzar más, los gobiernos necesitan la participación activa y el compromiso de las empresas. En los últimos años, empresas grandes y pequeñas han tomado medidas para hacer el entorno laboral más seguro e inclusivo para sus empleados LGTB. Muchas han cambiado su forma de hacer negocios con el objetivo de atender mejor a los clientes LGTB y, en algunos casos, exigir compromisos antidiscriminatorios a sus proveedores en todos los niveles de su cadena de suministro.
El altruismo y el interés propio apuntan en la misma dirección. Combatir la discriminación es lo correcto y resulta esencial para que los derechos humanos de las personas LGTB estén debidamente protegidos. Pero también es lo inteligente para cualquier empresa que quiera maximizar la productividad de su propia plantilla, así como para cualquier país que quiera aprovechar todo el potencial económico de su población.
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Autor: Charles Radcliffe dirige el equipo de temas globales de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU en Nueva York.
Imagen: Phanlavee Chongtansattam (izq.) y Rungtiwa Tangkanopast (der.), que son pareja, miran documentos mientras trabajan en su oficina de Bangkok el 16 de agosto de 2013. REUTERS/Athit Perawongmetha

