Rodrigo Neves no esperaba tener que librar una batalla. Después de que el ayuntamiento de Niterói, Brasil, aprobara a principios de este mes una nueva ley que amplía de 5 a 30 días el permiso de paternidad remunerado que Brasil garantiza a nivel nacional para los empleados municipales que se convierten en padres, Neves, alcalde de la ciudad, prometió revocarla. No esperaba verse bombardeado por medios de comunicación y una campaña local que exigían que la ley se mantuviera. La noticia incluso llegó a la BBC.
«¿Cómo hacemos frente a la escasez de docentes y barrenderos si se ausentan durante tanto tiempo?», dijo Neves. «Soy padre de tres hijos y no creo que sea necesario ni esencial tener 30 días de permiso de paternidad».
Actualmente, Brasil ofrece solo cinco días de permiso de paternidad remunerado, frente a cuatro meses de permiso de maternidad con sueldo íntegro (Estados Unidos, por supuesto, no ofrece ninguno). Sin embargo, muchos funcionarios públicos de los niveles municipal y federal de Brasil (y de otros países) están del lado de Neves: creen que permitir 30 días de permiso de paternidad perjudicará la productividad de los trabajadores y el funcionamiento de las ciudades y los países. Se equivocan. De hecho, ocurre lo contrario.
Las experiencias de países tan septentrionales como Suecia y tan orientales como Japón muestran que las políticas que promueven la participación de los padres en el hogar son buenas para la economía, la igualdad de género y las familias. Y también son buenas para los hombres.
Las experiencias de países tan septentrionales como Suecia y tan orientales como Japón muestran que las políticas que promueven la participación de los padres en el hogar son buenas para la economía, la igualdad de género y las familias. Y también son buenas para los hombres. Una larga serie de estudios demuestra los efectos positivos de la paternidad activa en la salud y el bienestar de los propios hombres, en sus relaciones de pareja y en el desarrollo social, emocional, físico y cognitivo de sus hijos. Las investigaciones muestran que, cuando los hombres participan más en los primeros cuidados de un hijo, es más probable que sigan vinculados a él y asuman una parte más equitativa de las tareas de cuidado.
Y eso tiene importantes implicaciones económicas. Si los hombres comparten la mitad del trabajo de cuidados en el hogar gracias a políticas como la ampliación del permiso de paternidad remunerado, aumenta la participación de las mujeres en la fuerza laboral remunerada. Numerosos estudios han constatado el beneficio económico del permiso de maternidad; también se acumulan las pruebas sobre los permisos para los padres.
Consideremos lo siguiente: la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos informa que, si las mujeres de Estados Unidos trabajaran en la misma proporción que los hombres, el PIB estadounidense podría crecer un 9 por ciento; el de Francia, más de un 11 por ciento; y el de Italia, un 23 por ciento. En promedio, en los países de la OCDE, si la participación de las mujeres en el ámbito laboral convergiera con la de los hombres para 2030, podríamos ver un aumento general del 12 por ciento del PIB. Estos datos se suman a las recientes recomendaciones de política de la OIT, el FMI y el Banco Mundial, que señalan que el permiso de paternidad y una participación equitativa de los hombres en las tareas de cuidado son componentes esenciales para promover la participación de las mujeres en el ámbito laboral y estimular la economía en su conjunto.
Esto sería especialmente bienvenido en Brasil, donde, tras una década de meteórico progreso económico, el crecimiento se ha ralentizado y se proyecta apenas un 0,3 por ciento para 2014, la cifra más baja en 5 años. En las últimas dos décadas, la participación de las mujeres en el mercado laboral brasileño ha aumentado hasta el 60 por ciento. El permiso de paternidad podría impulsarla aún más.
La lucha de Brasil por la igualdad de género también necesita un impulso. Brasil cayó nueve puestos con respecto al año pasado en el último informe del Índice Global de Brecha de Género, y quedó por detrás de Cuba y Mozambique. No es de extrañar que Islandia, Suecia y Noruega —países que ofrecen permisos de maternidad y paternidad remunerados— ocupen, respectivamente, el primer, tercer y cuarto lugar en el informe. Son ejemplos convincentes de que las políticas favorables a los padres contribuyen al empoderamiento económico de las mujeres y a la estabilidad y el crecimiento económicos de un país.
Desde luego, crear estas políticas es solo la mitad de la batalla. La siguiente pregunta es: si ofrecemos permisos, ¿los hombres los tomarán? Los estudios indican que muchos hombres, en particular los del sector privado, temen por la estabilidad de su empleo si se toman un permiso prolongado para cuidar de un hijo. Una estrategia clave para convencer a los hombres de que se tomen el permiso es que sea remunerado y que al menos una parte no pueda transferirse de la madre al padre. Otra lección clave aprendida de lugares como Islandia, Suecia y Noruega —países pioneros en ofrecer permisos de paternidad remunerados hace más de 20 años— es que los empleadores, sobre todo en el sector privado, deben animar a los hombres a tomarse el permiso y asegurarles que hacerlo no perjudicará su trayectoria profesional.
Por ejemplo, el famoso «permiso para papás» de Suecia fomenta la participación parental al compensar a madres y padres con el 90 por ciento de su salario y ofrecer subsidios que garantizan que los padres se tomen al menos un mes libre (y al reservar una parte del permiso parental exclusivamente para el padre). Hoy, 9 de cada 10 padres en Suecia se toman un permiso de paternidad que dura, en promedio, más de 6 semanas. Un resultado: un estudio realizado en Suecia constató que los ingresos de las mujeres aumentan un 7 por ciento por cada mes que su pareja se toma de permiso.
Más allá de los países, las empresas también están tomando nota. Una empresa brasileña está dando ejemplo al ampliar el permiso de paternidad remunerado de los 5 días exigidos actualmente a 30 días. Ernst and Young, que ofrece permisos remunerados a las madres y permisos remunerados limitados a los padres, ha constatado que estas políticas dan frutos en términos de satisfacción y retención de los trabajadores, tanto padres como madres.
Pese a estos avances alentadores, esta es nuestra realidad actual: a escala mundial, la tendencia es que los hombres trabajen más horas remuneradas cuando tienen un hijo y las mujeres trabajen menos.
Pese a estos avances alentadores, esta es nuestra realidad actual: a escala mundial, la tendencia es que los hombres trabajen más horas remuneradas cuando tienen un hijo y las mujeres trabajen menos. Además, después del nacimiento del primer hijo, es más probable que las mujeres vuelvan al trabajo a tiempo parcial que los hombres. El resultado: los ingresos de los hombres aumentan, los de las mujeres siguen siendo más bajos y muchas mujeres permanecen fuera del mercado laboral formal. Otro resultado: seguimos viendo los cuidados como trabajo de mujeres, mientras que los hombres son vistos, en el mejor de los casos, como «ayudantes».
El permiso de paternidad remunerado rompe esta tendencia destructiva. Es clave para cambiar las expectativas tradicionales de género y lograr la plena igualdad de las mujeres. Y también podría ser clave para reactivar economías estancadas.
Casi 1.000 personas han firmado una petición para pedir al alcalde de Niterói, Neves, que conceda permisos a los padres. Ahora es el momento de que otros políticos y responsables de formular políticas, en Brasil y en otros lugares, escuchen a la ciudadanía y consideren el permiso de paternidad remunerado. No se trata de si es «necesario y esencial», en palabras de Neves. Es, sencillamente, una política inteligente y justa en todos los sentidos.
Este artículo se publica en colaboración con New America. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autores: Gary Barker escribe para New America. Mary Robbins escribe para New America.
Imagen: Kelvin Villaroel sostiene a su hijo Isaac para una foto frente a un cerezo en plena floración en Central Park, Nueva York, el 20 de abril de 2014. REUTERS/Carlo Allegri.
