Ahorrar dinero es difícil. Sin embargo, se considera también necesario para realizar grandes compras, como una casa o un coche, abrir un negocio o planificar la jubilación. El ahorro puede resultar especialmente difícil para los pobres, que viven día a día y no disponen de mucha renta disponible.
En los países más ricos, las instituciones financieras ofrecen una gran variedad de productos para ayudar a sus clientes a reservar ahorros, pero en los países más pobres hay menos opciones de ahorro. Muchas personas pobres acaban escondiendo efectivo, invirtiendo en activos como ganado o tierras, o recurriendo a acuerdos informales de ahorro.
Sin embargo, para quienes tienen incluso un poco de dinero que guardar, los beneficios pueden ser enormes. Los economistas del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) Abhijit Banerjee y Esther Duflo han constatado que incluso quienes viven con menos de 1 dólar al día tienen capacidad de ahorrar y con frecuencia gastan dinero en artículos no esenciales, como alcohol, tabaco y televisores. Además, cuando las personas pobres aumentan sus ingresos, destinan solo dos tercios de su renta adicional a alimentos. Estos hallazgos sugieren que las personas pobres sí disponen de fondos para ahorrar.
Pero ¿por qué resulta tan difícil ahorrar para personas de todos los niveles de ingresos?
Una razón es la aversión a la pérdida. Los investigadores han determinado que las personas necesitan mucho más para renunciar a algo que ya poseen del que están dispuestas a pagar por ello. En un experimento del psicólogo Daniel Kahneman y de los economistas Jack Knetsch y Richard Thaler, se pidió a un grupo de estudiantes de la Universidad de Cornell que indicaran cuánto pagarían por una taza con el logotipo de la universidad. A continuación, el grupo se dividió en dos y solo a una mitad se le entregó una taza. Después, se permitió a los estudiantes comprar o vender las tazas en un «mercado».
Contrariamente a lo que cabría esperar, los estudiantes que tenían tazas tenían muy pocas probabilidades de venderlas, incluso si no les concedían mucho valor y no estaban dispuestos a pagar mucho por una cuando se les preguntaba. Los estudiantes que tenían tazas consideraban la venta como una pérdida, y los que no tenían tazas consideraban la compra como una ganancia. En la banca, destinar dinero a una cuenta de ahorro puede percibirse como una pérdida, ya que impide una ganancia en el contexto actual.
Para superar la aversión a la pérdida, las entidades bancarias y financieras deberían hacer tangibles las ventajas de las cuentas de ahorro. Etiquetar las cuentas como «emergencias», «casa» o «jubilación» puede ayudar a recordar a las personas por qué están ahorrando. En segundo lugar, proporcionar recordatorios visuales de por qué se creó una cuenta de ahorro también puede recordar a las personas las ganancias futuras y distraerlas de la pérdida que están experimentando en ese momento.
Otra razón por la que el ahorro puede resultar difícil es que requiere la formación de un nuevo hábito y el desplazamiento de hábitos antiguos. En El poder del hábito, el autor Charles Duhigg afirma que los hábitos antiguos son difíciles de romper y que los nuevos hábitos pueden resultar difíciles de formar porque los patrones de comportamiento que repetimos como hábitos están literalmente grabados en nuestras vías neuronales. Cuando un comportamiento se vuelve habitual, está guiado por procesos cognitivos automatizados y no está asociado a procesos de decisión elaborados. Sin embargo, mediante la repetición, es posible formar nuevos hábitos y también mantenerlos.
Para superar los malos hábitos, puede ser más fácil hacer que los ahorros se deduzcan de forma automática, imitando el proceso automático de un hábito. Esto dio buenos resultados en una serie de experimentos dirigidos por los economistas Esther Duflo, Michael Kremer y Jonathan Robinson, en los que ofrecieron distintos planes de ahorro a agricultores de Busia (Kenia) con efectivo de una cosecha reciente.
A algunos agricultores se les dio la opción de destinar de inmediato dinero a una cuenta de ahorro destinada a fertilizante (una inversión que los agricultores no podían permitirse en el momento de la temporada de siembra), a otros se les exigió esperar unos días para depositar sus ahorros y a otros no se les informó de la cuenta de fertilizante, pero pudieron comprar el fertilizante más adelante, durante la temporada de siembra. Los investigadores comprobaron que el 57 % de los agricultores que aportaron de inmediato a la cuenta de ahorro compraron fertilizante, el 30 % de quienes tuvieron que esperar unos días para pagar lo compraron y solo el 17 % de quienes no fueron informados de la cuenta pudieron adquirir fertilizante llegada la temporada de siembra.
Esto confirma las investigaciones sobre el éxito que han tenido las empresas al inscribir automáticamente a los empleados en planes de ahorro para la jubilación .
Ahorrar dinero puede implicar recortes muy dolorosos y difíciles a corto plazo, pero el hecho de que muchas personas pobres estén dispuestas a ahorrar también significa que se reconocen sus beneficios. Las cuentas de ahorro innovadoras que ofrecen etiquetado y visualización, recordatorios y deducciones automáticas pueden ayudar.
Publicado en colaboración con World Bank Blogs
Autora: Roxanne Bauer es consultora del departamento de Comunicaciones Operativas de Relaciones Externas y Corporativas del Banco Mundial (ECROC).
Imagen: Un cliente tiene su dinero listo en una tienda de los extensos barrios marginales de Kibera, en Nairobi, capital de Kenia. REUTERS/Noor Khamis
