La conmoción cerebral es mucho peor para las mujeres que para los hombres, según estudios

Members of the Faster Pussycats and Bad Reputations jockey for position during the Terminal City Rollergirls League championship roller derby game in Vancouver, British Columbia September 8, 2012. The women's roller derby league was created in 2006 and the Faster Pussycats won this year's championship. Picture taken September 8, 2012. REUTERS/Andy Clark (CANADA - Tags: SPORT) - GM1E89A039Q01
“There was nothing that really looked at females and concussion, because everything was about the NFL or the NHL, and concussions in male athletes or boxers.”Image: REUTERS/Andy Clark
Este contenido ha sido traducido automáticamente con IA.
  • Las investigaciones sugieren que las mujeres sufren más conmociones cerebrales que los hombres

  • Tradicionalmente, los estudios en este campo han estado dominados por hombres, pero trabajos más recientes intentan corregir esa situación y buscan averiguar por qué las mujeres podrían verse más afectadas.

Las deportistas tienen el doble de probabilidades que los hombres de sufrir una conmoción cerebral, y los efectos son más graves. Pero, dado que la investigación se centra principalmente en los hombres, ¿qué podemos hacer para asegurarnos de que las mujeres con conmoción cerebral no queden desatendidas?

Pocos deportes son tan rápidos y frenéticos como el roller derby. El partido, de una hora de duración, se desarrolla en ráfagas frenéticas de dos minutos mientras dos equipos corren en sentido antihorario por una pista ovalada.

Cada equipo tiene una “jammer” que intenta adelantar a cuatro “blockers” rivales, y puntúa por cada rival al que adelanta una vuelta.

Los “blockers” pueden obstruir el camino con el torso o empujar a las rivales fuera de su trayectoria con un rápido golpe de las partes superiores de las piernas o de los brazos. Las “jammers” realizan un “juke” (un movimiento de engaño lateral) y un “whip”, en el que una compañera de equipo les agarra la mano y las impulsa hacia delante, por delante del grupo.

Los aficionados se sienten atraídos por el feroz dramatismo de la competición, pero, como cabe esperar en cualquier deporte de contacto, las lesiones son habituales.

Jessica acababa de trasladarse a Estados Unidos desde Francia cuando asistió a su primer partido de roller derby. “Desde ese primer partido me enamoré de este deporte”, afirma. Empezó a competir y, con el tiempo, llegó a dirigir al equipo de Francia en la Copa del Mundo de 2011; incluso conoció a su esposa gracias a este deporte.

En el verano de 2016, Jessica jugaba como blocker para un equipo del área de la Bahía, en California. Se encontraba delante del jammer rival y, justo cuando se giró para comprobar su posición, un blocker contrario chocó contra ella a gran velocidad.

Cuando el hombro del blocker impactó en el lado derecho de su barbilla, Jessica sintió un dolor extraordinario en el lado opuesto del cráneo y cayó al suelo. El movimiento brusco de sacudida de la cabeza, como sabe ahora, hizo que su cerebro rebotara dentro del cráneo, lo que provocó el intenso dolor y la grave conmoción cerebral.

No buscó atención médica inmediata. Cuando había sufrido una conmoción cerebral anteriormente, su médico le había aconsejado tomárselo con calma durante unas semanas antes de volver a jugar. Y entonces parecía haber funcionado bien.

Esta vez, sin embargo, siguió con dolores de cabeza y una sensación de constricción mental (una sensación de presión, como una “tenaza” en el cerebro, dice), por más que descansara. Concentrarse durante cualquier período de tiempo era a menudo extremadamente difícil, y era sensible a la luz intensa de las pantallas de ordenadores y teléfonos, por lo que tenía que llevar gafas de sol en el trabajo.

También experimentó bajones de ánimo inexplicables; en el trabajo, a veces tenía que ir a llorar a su coche. “No había nada que lo provocara”, dice. “Y yo no era de las que lloran con facilidad, así que me resultaba sumamente alarmante que de pronto me dieran estos episodios de llanto sin motivo alguno.”

Image: Erin Aniker en Twenty Twenty para Mosaic

Han pasado ya tres años desde su lesión, pero Jessica todavía no se ha recuperado por completo de estos síntomas. “No he perdido la esperanza, pero en este momento no hay un camino claro hacia la mejoría, ni un calendario claro de cuándo sucedería.”

¿Pudo Jessica haber tenido un mayor riesgo de sufrir una conmoción cerebral simplemente por su sexo? Investigaciones nuevas y convincentes sugieren que esta es una posibilidad real, en un contexto de creciente reconocimiento de que los cerebros masculinos y femeninos pueden responder a las lesiones de forma muy distinta.

Esto se suma a una preocupación creciente en general por las conmociones cerebrales, provocada en parte por lesiones de alto perfil en deportes como el fútbol, el fútbol americano, el rugby y el boxeo.

La conmoción cerebral es una alteración de la función neurológica como consecuencia de un golpe, impacto o sacudida en la cabeza. El movimiento violento de la cabeza provoca una liberación momentánea de diversos neurotransmisores que desequilibra la señalización del cerebro. También puede hacer que el tejido neural se inflame y reduzca el flujo de sangre al cerebro (y, con ella, de la glucosa y el oxígeno), privando a nuestras células nerviosas de su combustible.

Los síntomas inmediatos incluyen ver estrellas, sentir mareos y confusión, o perder por completo el conocimiento. Muchas personas también sufren el síndrome posconmoción mucho después del suceso, con un conjunto de síntomas persistentes, como náuseas, dolores de cabeza, mareos y confusión mental. Pueden durar semanas, meses o incluso años. Algunos estudios sugieren que una conmoción cerebral también puede ir acompañada de un mayor riesgo de pensamientos suicidas, y existe preocupación por que las lesiones repetidas puedan provocar daños a largo plazo y degeneración cerebral.

El posible impacto a largo plazo de la conmoción cerebral es ahora bien conocido y ha llevado a muchas asociaciones deportivas a cambiar sus normas y procedimientos para reducir el peligro de lesión. Pero existe poca conciencia sobre los riesgos potencialmente mayores para las jugadoras y sobre la posible necesidad de diagnósticos y tratamientos diferenciados, incluso entre los profesionales sanitarios. “En ningún momento, cuando hablaba con médicos, mencionaron ninguna posible diferencia [derivada] de ser mujer”, afirma Jessica.

Sin embargo, las investigaciones recientes sugieren que las deportistas no solo tienen más probabilidades de sufrir una conmoción cerebral en cualquier deporte determinado, sino que también tienden a presentar síntomas más graves y a tardar más en recuperarse.

Katherine Snedaker, fundadora de la organización sin ánimo de lucro Pink Concussions, considera que muchas personas como Jessica son “pacientes invisibles” con una “lesión invisible”, lo que significa que pueden tener dificultades para obtener el apoyo que necesitan.

Al arrojar luz sobre estas diferencias y comprender sus causas, científicos y activistas como Snedaker esperan mejorar la situación de todas las mujeres que luchan contra las consecuencias persistentes, y a veces debilitantes, que pueden derivarse de un solo golpe en la cabeza.

Dado que millones de personas al año sufren conmociones cerebrales en todo el mundo, y que cada vez más mujeres practican deportes de contacto como el rugby y el fútbol, lo que podría exponerlas a un mayor riesgo de lesión, esta nueva comprensión no puede llegar lo bastante pronto.

Se cree que la conmoción cerebral se distinguió por primera vez de otros tipos de lesión cerebral hace más de 1.000 años, gracias al médico persa Rhazes, pero las diferencias por sexo en las conmociones cerebrales solo han sido objeto de investigación seria en las últimas dos décadas aproximadamente.

Este retraso quizá refleje un sexismo histórico dentro de la medicina, que a menudo ha descuidado investigar la posibilidad de que los cuerpos femeninos puedan actuar de forma distinta a los masculinos (además de las diferencias evidentes, por ejemplo, en la salud reproductiva). En el pasado, la mayoría de los ensayos clínicos incluían, por ejemplo, muchos más hombres que mujeres, aunque eso ha mejorado. La mayoría de los ensayos con animales también se realizaban con machos y, solo en 2014, los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos anunciaron que los estudios que financiaban debían utilizar tanto animales hembra como machos, salvo que hubiera razones claras para centrarse en uno y no en el otro.

Las diferencias de sexo en las conmociones cerebrales también han quedado oscurecidas por el hecho de que muchas de estas lesiones son consecuencia de accidentes deportivos, y las niñas y las mujeres históricamente tenían menos probabilidades de competir en las disciplinas que más atención han atraído en relación con las conmociones cerebrales.

Tracey Covassin, que actualmente trabaja en la Universidad Estatal de Michigan, ha sido una de las principales investigadoras que estudian las posibles diferencias de sexo en las conmociones cerebrales. Canadiense de nacimiento e inspirada por su propio amor por el hockey sobre hielo, cuando empezó hace 20 años apenas encontró investigaciones sobre el tema.

“No había nada que realmente estudiara a las mujeres y las conmociones cerebrales, porque todo giraba en torno a la NFL o la NHL, y a las conmociones cerebrales en atletas masculinos o boxeadores.”

Para corregir ese déficit, Covassin recurrió primero a los registros de lesiones de la Asociación Nacional Deportiva Universitaria, para ver con qué frecuencia se producían conmociones cerebrales entre hombres y mujeres en los mismos deportes. En el fútbol, el baloncesto y el softbol, por ejemplo, descubrió que las jugadoras tienen casi el doble de probabilidades de sufrir una conmoción cerebral que los jugadores.

Covassin y otros investigadores comenzaron entonces a analizar los efectos de una conmoción cerebral. Descubrieron que los hombres y las mujeres también tienden a informar de síntomas diferentes en los días y semanas siguientes.

Mientras que las conmociones cerebrales en hombres tienen más probabilidades de ir seguidas de amnesia, por ejemplo, en las mujeres es más probable que provoquen dolores de cabeza prolongados, fatiga mental, dificultades de concentración y cambios de humor.

Las deportistas también parecen necesitar más tiempo para que esos síntomas desaparezcan. Un estudio con 266 adolescentes (entre ellos futbolistas y jugadores de fútbol americano, luchadores y esquiadores) descubrió que, de media, las mujeres tardaban 76 días en recuperarse, mientras que los hombres tardaban 50.

Como me cuenta Esther, estudiante de la Universidad de Georgetown en Washington, DC, que sufrió una conmoción cerebral debilitante mientras jugaba al fútbol en octavo curso: “Realmente no me di cuenta de lo grave que era. Y no fue hasta el día siguiente, cuando volví al colegio como si nada, que de verdad no podía ver la pizarra. Me sentía muy mareada y tenía un dolor de cabeza horrible, horrible.”

Los síntomas persistieron. Incluso a la hora de comer, cuenta, le costaba concentrarse en lo que decían los demás con el ruido de la sala, y ver un documental en clase le provocaba oleadas de náuseas. Su síndrome posconmoción duró dos años y medio, pero, justo cuando empezaba a sentirse de nuevo bien, sufrió una nueva conmoción cerebral (al caerse por un tramo de escaleras) que provocó nuevos síntomas prolongados con los que todavía está aprendiendo a convivir hoy, cuatro años después. “Creo que los síntomas que todavía tengo ahora son una especie de efecto acumulativo.”

Anna, de 18 años y residente en la ciudad de Nueva York, sufrió tres conmociones cerebrales mientras jugaba al baloncesto durante su segundo y tercer año de instituto. La tercera fue la más debilitante, y tuvo que faltar al colegio entre cuatro y cinco meses para recuperarse.

“Tenía dolores de cabeza terribles, no era capaz de pensar bien ni de construir frases de forma lógica”, recuerda.

Algunos investigadores han sostenido que muchas de las diferencias de sexo notificadas se deben simplemente a los roles de género sociales.

¿Quizá las niñas y las mujeres son más cuidadosas con su salud y más propensas a revelar sus síntomas, mientras que a los niños y los hombres se les ha inculcado “aguantar el dolor”? Sin embargo, las pruebas que respaldan la existencia de algún tipo de diferencia básica en la notificación de síntomas son contradictorias.

Algunos estudios también han utilizado medidas más objetivas de la función cognitiva; uno de ellos reveló que las mujeres tenían aproximadamente 1,7 veces más probabilidades que los hombres de presentar signos de deterioro cognitivo unos días después de sufrir la conmoción cerebral. Esto incluye una disminución mucho mayor de los tiempos de reacción. Las deportistas con conmoción cerebral también tienden a mostrar mayores déficits en la memoria visual (aunque no todos los estudios han logrado detectar esta diferencia).

Ante estas pruebas, la autonotificación “no puede ser la única razón” de las diferencias de sexo, afirma Inga Koerte, neurobióloga de la Facultad de Medicina de Harvard y de la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich.

Tras una conmoción cerebral, las deportistas también parecen obtener peores resultados que los hombres en una prueba del reflejo vestibulooculomotor, que permite a nuestros ojos fijarse en un objetivo mientras el cuerpo se mueve.

Estas pruebas piden a las personas que fijen la vista en un punto fijo mientras mueven la cabeza arriba y abajo o de lado a lado, y luego valoren síntomas como dolor de cabeza, mareo, náuseas o sensación de “confusión”. La observación detallada dificulta que alguien oculte su estado, afirma Covassin. “Así que, aunque intenten mentirte al respecto, simplemente no tienen buen aspecto”, dice. Esto debería reducir cualquier sesgo en la autonotificación, pero en esta prueba las mujeres siguen presentando peores síntomas que los hombres.

¿Quizá la suposición de que los niños y los hombres son de alguna manera más ambiciosos y competitivos (y, por tanto, más propensos a ocultar sus síntomas) es en sí misma un reflejo de estereotipos anticuados y sesgos implícitos?

Snedaker lo cree así. “Creo que el dolor de las mujeres ha sido desestimado, como lo ha sido en otras lesiones mentales o físicas.”

Señala algunas pruebas de que, en general, a las mujeres se les receta menos analgésicos en el hospital. Un estudio de 2008 con pacientes estadounidenses sometidos a cirugía cardiaca reveló, por ejemplo, que a las mujeres se les administraban más sedantes que a los hombres, a quienes se les daban más analgésicos; quizá porque los médicos asumen implícitamente que el malestar de las mujeres es más emocional que fisiológico. Otro estudio descubrió que las mujeres que acudían a urgencias con dolor abdominal tenían menos probabilidades de que se les recetaran analgésicos que los hombres con la misma queja.

Ramesh Raghupathi, catedrático de neurobiología y anatomía de la Universidad Drexel de Filadelfia, se muestra igualmente escéptico ante la idea de que podamos descartar con tanta facilidad las diferencias de sexo en las conmociones cerebrales.

Afirma que se ha encontrado con muchas deportistas que siguen jugando a pesar del dolor, en lugar de renunciar a sus ambiciones deportivas, a pesar de los riesgos que ello conlleva. “Especialmente en niveles [altos] de competición, las chicas de secundaria, de bachillerato o de universidad tienen la misma probabilidad de ocultar sus lesiones”, afirma.

En las semanas previas a la conmoción cerebral de Jessica, había sufrido algunos golpes leves, pero había optado por volver a jugar, lo que quizá agravó los efectos de la lesión posterior. Con perspectiva, ahora lamenta no haberse tomado más tiempo de descanso.

Comprender exactamente por qué las mujeres son más susceptibles a sufrir conmociones cerebrales será esencial si queremos reducir esos riesgos. Las investigaciones recientes se han centrado en tres teorías principales.

Algunos investigadores han propuesto que podría deberse a que el cuello de las mujeres tiende a ser más delgado y menos musculoso que el de los hombres.

Recuerde que el cerebro puede moverse libremente dentro del cráneo (es como una gelatina muy apretada en un recipiente de Tupperware), y esto significa que cualquier movimiento brusco de la cabeza puede hacer que se desplace, causando potencialmente daños.

Por esta razón, cualquier cosa que ayude a proteger el cráneo de los movimientos bruscos debería protegerle de la conmoción cerebral, y eso incluye un cuello más robusto que sea capaz de amortiguar mejor un golpe.

“Si se tiene un cuello más grueso, se tiene una base más firme, por lo que la probabilidad de que la cabeza se mueva es mucho menor”, afirma Raghupathi.

En conjunto, según un estudio, el grosor del cuello femenino es aproximadamente un 30 por ciento menor que el masculino, y esto aumenta la posible aceleración de la cabeza hasta en un 50 por ciento.

La segunda idea que han señalado los investigadores son algunas pequeñas diferencias anatómicas en el propio cerebro. Se cree que los cerebros femeninos tienen un metabolismo ligeramente más rápido que los masculinos, con un mayor flujo sanguíneo hacia la cabeza: en esencia, tienen un poco más de hambre. Y si una lesión en la cabeza interrumpe momentáneamente ese suministro de glucosa y oxígeno, podría causar un daño mayor.

La tercera posibilidad reside en las hormonas sexuales femeninas, con algunas pruebas llamativas de que el riesgo de conmoción cerebral varía según los niveles hormonales durante el ciclo menstrual.

Investigadores de la Facultad de Medicina y Odontología de la Universidad de Rochester, por ejemplo, siguieron la evolución de 144 mujeres con conmoción cerebral que acudieron a seis servicios de urgencias en el norte del estado de Nueva York y en Pensilvania.

Descubrieron que las lesiones durante la fase folicular (después de la menstruación y antes de la ovulación) tenían menos probabilidades de provocar síntomas un mes después, mientras que una lesión durante la fase lútea (después de la ovulación y antes de la menstruación) daba lugar a resultados significativamente peores.

Todavía no está claro por qué puede ser así, pero podría estar relacionado con el aumento y la disminución de los niveles de progesterona durante las fases del ciclo.

Investigaciones previas han demostrado que los traumatismos craneales pueden alterar temporalmente la producción de diversas hormonas, entre ellas la progesterona. Durante la fase lútea los niveles de progesterona son más altos, y los investigadores plantean la hipótesis de que la repentina “retirada” provocada por el traumatismo craneal desequilibra el cerebro y contribuye a los síntomas más persistentes y graves. En la fase folicular, en cambio, los niveles de progesterona ya son más bajos y no caerían de forma tan drástica, por lo que los síntomas resultantes son menos graves.

En consonancia con esta hipótesis, diversos estudios han descubierto que las mujeres que toman anticonceptivos orales también tienen menos probabilidades de sufrir síntomas graves tras una conmoción cerebral. Amy Herrold, de la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern, en Chicago, explica que los anticonceptivos orales funcionan regulando los niveles de hormonas sexuales en el organismo. “Así, en lugar de tener subidas y bajadas hormonales a lo largo del mes, los niveles son más constantes”, afirma Herrold, que también trabaja como científica investigadora en el Hospital de Veteranos Edward Hines, Jr., en Illinois.

Siempre que la píldora siga tomándose después de la conmoción cerebral, eso podría prevenir la caída repentina de progesterona, lo que explicaría los síntomas menos graves.

Complicando las cosas, los aumentos de estrógenos y progesterona durante la fase lútea también podrían influir en la señalización de la dopamina. La dopamina está implicada en muchas de las funciones cerebrales que se ven afectadas por la conmoción cerebral (entre ellas la motivación, el estado de ánimo, la memoria y la concentración), lo que la convierte en un buen candidato a mecanismo potencial.

El reciente trabajo del equipo de Raghupathi con animales sugiere que la oleada de hormonas durante la fase lútea podría hacer que los receptores de dopamina sean ligeramente más vulnerables a las perturbaciones. Así, si una lesión en la cabeza se produce durante ese período, parece desequilibrar la señalización de la dopamina a largo plazo, con posibles consecuencias importantes para esas numerosas funciones cerebrales. “Es la alteración de esta conectividad entre células [y] entre regiones lo que constituye una posible base de los problemas de comportamiento”, afirma Raghupathi.

Pero, como subraya Tracey Covassin, todavía no sabemos cuánta verdad contienen estas hipótesis. “No diría que ninguna de ellas esté claramente determinada en este momento.”

Las distintas explicaciones no son mutuamente excluyentes: investigaciones futuras podrían descubrir que las diferencias en la musculatura, el flujo sanguíneo y el equilibrio de hormonas y neurotransmisores contribuyen todas a ello.

La investigación futura también deberá estudiar otras consecuencias de la conmoción cerebral a más largo plazo. Existe preocupación, por ejemplo, de que los impactos en la cabeza puedan aumentar el riesgo de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer. No sabemos si las mujeres también podrían correr un mayor riesgo en este sentido.

Aunque las pruebas de estas diferencias de sexo han crecido en los últimos años, algunos expertos preferirían que estos resultados se replicaran con estudios adicionales y cuidadosamente controlados antes de difundir ampliamente el mensaje.

Sin esa corroboración, temen que las afirmaciones públicas insuficientemente respaldadas puedan perjudicar sin querer la recuperación de las mujeres. Como argumentó Melissa McCradden, neurocientífica y exdeportista de competición, en un artículo para Scientific American en 2017, las expectativas propias de un paciente pueden influir en su evolución. “Por eso, si etiquetamos así a las mujeres, puede tener un efecto directo y negativo en su recuperación de la conmoción cerebral”, escribió.

También existe el temor de que esta información pueda poner en mayor riesgo a los hombres, si asumen erróneamente que la conmoción cerebral es solo un problema de mujeres.

“Si nos centramos demasiado en cualquier tipo de división percibida o posible entre hombres y mujeres, puede dar la falsa impresión de que los hombres son en realidad más capaces de soportar una conmoción cerebral [de lo que realmente son]”, afirma Luke Griggs, director general adjunto de Headway, una organización benéfica que ofrece apoyo a los supervivientes de lesiones cerebrales y a sus cuidadores en el Reino Unido. Los niños y los hombres podrían creer que pueden volver a jugar demasiado pronto, cuando, insiste, todos deberían ser cautelosos tras una conmoción cerebral en lugar de intentar ignorar sus síntomas.

Son preocupaciones razonables, pero muchas personas con conmoción cerebral se han sentido frustradas por la falta actual de conocimiento sobre su afección.

Esther me dijo que algunos de sus médicos conocían las diferencias de sexo. Pero le habría gustado saberlo ella misma antes de sufrir la conmoción cerebral. “No tenía ni idea”, dice. “Y creo que si eres deportista, practiques el deporte que sea, mereces conocer los riesgos potenciales. Si eres una chica que practica deporte, mereces saber que quizá corras más riesgo que tus homólogos masculinos.”

Esther y Jessica subrayan que no habrían dejado que los riesgos les impidieran practicar esos deportes en primer lugar; esto no debe entenderse como otra excusa para limitar el potencial de las niñas y las mujeres. Pero esperan que las deportistas se beneficien de tener el conocimiento necesario para protegerse de lesiones innecesarias y para asegurarse de que no se sientan presionadas a volver a jugar demasiado pronto, por ejemplo.

Una mayor conciencia sobre estas diferencias de sexo podría dar lugar, en última instancia, a una mejor atención antes y después del suceso.

Una estrategia podría ser diseñar mejores cascos para mujeres. Por desgracia, no es tan sencillo: las conmociones cerebrales pueden surgir tanto del movimiento brusco de la cabeza como de un golpe directo en el cráneo, lo que significa que los cascos no previenen ciertas causas de conmoción cerebral (aunque sí pueden prevenir fracturas y otras lesiones en la cabeza).

Algunos investigadores están adoptando otro enfoque: diseñar ejercicios especiales que podrían fortalecer los músculos del cuello femenino, lo que podría reducir el violento movimiento de la cabeza tras un impacto. “Podría disminuir la probabilidad básica de lesiones cerebrales [por conmoción]”, afirma Inga Koerte.

Y si investigaciones futuras demuestran que la caída repentina de progesterona aumenta los riesgos, podría ser un motivo para que las deportistas tomen anticonceptivos orales (aunque las pruebas aún no son lo bastante sólidas para hacer esta recomendación).

Para Jessica, estas medidas llegarán demasiado tarde. Ahora vive y trabaja en el Reino Unido y, tras tres años, muchos de sus síntomas han remitido lo suficiente como para que pueda “vivir mi vida en gran medida sin demasiado trauma”, dice, pero sigue teniendo un dolor de cabeza constante y persistente, y debe estar siempre alerta ante un “brote”, que puede producirse cada vez que se esfuerza en exceso. Y las pequeñas dificultades que antes podía manejar con facilidad siguen resultando abrumadoras.

De hecho, el día en que íbamos a hablar, ella estaba elaborando algunas previsiones de ventas para el trabajo. Dice que no era nada del otro mundo, pero pronto sintió que la niebla la envolvía.

«Estaba mirando esas cifras y nada tenía sentido: ni siquiera [podía] saber por dónde empezar para que tuvieran sentido».

Todavía no puede practicar su querido roller derby, e incluso correr, con sus movimientos bruscos y repetidos que resuenan por todo el cuerpo, le resulta insoportable, aunque recientemente ha empezado a escalar, lo cual no provoca recaídas. Sin respuestas de la medicina convencional, ha recurrido a la acupuntura y la osteopatía.

Sobre todo, la experiencia hace que Jessica sea constantemente consciente de la presencia física de su cerebro y de su vulnerabilidad. «Quiero decir que normalmente no eres consciente de tu cerebro. Simplemente está ahí; es como tus pies, es como respirar. Pero en mi caso, siempre soy consciente de él».

Licencia y republicación
Los artículos del Foro Económico Mundial pueden volver a publicarse de acuerdo con la Licencia Pública Internacional Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0, y de acuerdo con nuestras condiciones de uso. Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no del Foro Económico Mundial.