Cómo detener la violencia contra las mujeres antes de que empiece

Cómo detener la violencia contra las mujeres antes de que empiece
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Algunos datos emergen del ruido de la investigación y se quedan con uno: inquietantes, preocupantes, sorprendentes. En mi caso, uno de esos datos ha sido la creciente evidencia mundial sobre el vínculo entre presenciar o sufrir violencia durante la niñez y ejercer violencia contra las mujeres en la edad adulta. Entre las contribuciones recientes a la investigación se incluyen elanálisis de la encuesta multinacional International Men and Gender Equality Survey (IMAGES), que corroboró aún más este vínculo entre la niñez y la edad adulta, así como un estudio de CARE y Partners for Prevention en Sri Lanka, que encontró que los hombres que sufrieron violencia durante la niñez tenían entre 1,7 y 2 veces más probabilidades de ejercer violencia contra sus parejas íntimas que los hombres que no sufrieron abusos. La experiencia de violencia durante la niñez también se prolonga hasta la edad adulta y está relacionada con el acoso escolar y el uso de la agresión en las relaciones de pareja entre los chicos.

Desde la perspectiva de la programación, estos datos ayudarán a esclarecer las vías de la violencia e identificar posibles puntos de entrada para interrumpir este ciclo en distintas etapas. Entonces, ¿qué funciona para evitar que la violencia de género se transmita de generación en generación? ¿Qué debemos saber para abordar este ciclo de violencia de manera más eficaz?

El reciente informe de CARE —«Abordar la transmisión intergeneracional de la violencia de género: centrarse en los entornos educativos »— intenta retomar el tema donde terminan los datos y pregunta, desde la perspectiva de quienes ejercen en este ámbito: ¿qué sigue? El informe reúne investigaciones sobre la trayectoria de la violencia desde la niñez hasta la adolescencia y la edad adulta, y compila conocimientos sobre las estrategias de programación existentes.

Las estrategias actuales para interrumpir el ciclo de violencia entre generaciones incluyen:

  • Ofrecer tratamiento psicológico a niños y adolescentes que sufren maltrato infantil o que están expuestos a la violencia de pareja en el hogar.

  • Prevenir el acoso escolar, incluso mediante estrategias prometedoras como la mediación entre pares y una mejor supervisión del alumnado, así como el trabajo con padres, madres y cuidadores para fortalecer sus habilidades de crianza.

  • Prevenir la violencia en las relaciones de pareja entre jóvenes. Los programas eficaces cuestionan las normas de género, brindan a los jóvenes los conocimientos y las habilidades para reconocer relaciones saludables y saber cómo manejar las que no lo son, les informan sobre los servicios comunitarios y hacen hincapié en la resolución de conflictos sin violencia y en las habilidades de comunicación.

  • Promover la crianza positiva y las habilidades para orientar a los niños. Los programas eficaces de capacitación para padres incluyen las siguientes habilidades para una buena crianza y orientación infantil: identificar y registrar conductas problemáticas en el hogar; utilizar el refuerzo positivo, como los elogios y los sistemas de puntos; aplicar métodos disciplinarios no violentos, como retirar privilegios y usar el tiempo fuera; supervisar y vigilar la conducta infantil; y recurrir a estrategias de negociación y resolución de problemas.

  • Transformar las normas de género a lo largo de todo el ciclo de vida. Involucrar a jóvenes de tan solo 10 a 14 años para que cuestionen las normas de género resulta particularmente eficaz, ya que todavía están formando sus creencias.

A partir del análisis de las prácticas y evidencias actuales, el informe propone las siguientes prácticas prometedoras para mejorar la programación:

  • Centrarse en la prevención temprana: prevenir la violencia antes de que empiece. Este enfoque «desde el origen» incluye abordar la violencia de pareja y el maltrato infantil en los hogares, con el fin de disminuir el impacto negativo de la exposición a la violencia y reducir la probabilidad de que los niños expuestos ejerzan violencia a lo largo de su vida;

  • Garantizar la participación de la comunidad e incluir apoyo psicosocial e intervenciones conductuales, como la resolución no violenta de conflictos, la resolución de problemas, la autorregulación y la mediación entre pares, para abordar las consecuencias de la violencia que los jóvenes quizá ya hayan sufrido;

  • Integrar componentes de tutoría y mentoría para ayudar a niñas y niños a lograr el éxito académico, y permitir que jóvenes mayores o adultos actúen como modelos positivos;

  • Incorporar elementos de intervenciones contra la violencia en las relaciones de pareja entre jóvenes que sean adecuados al contexto;

  • Ampliar las intervenciones en entornos educativos formales y no formales para incluir capacitación dirigida a padres y otros miembros de la comunidad, ya que las escuelas suelen ser lugares de reunión comunitaria;

  • Integrar componentes dirigidos a padres y parejas, como el refuerzo positivo, las habilidades de negociación, los métodos disciplinarios no violentos, la resolución de problemas y la resolución no violenta de conflictos, para prevenir el maltrato infantil y la violencia de pareja.

A menudo, los ámbitos del desarrollo de la primera infancia, la adolescencia, la educación y la programación sobre violencia de pareja, centrada en gran medida en adultos, cuentan con expertos técnicos, nichos, organizaciones o donantes distintos. El documento nos recuerda cómo los diferentes actores y ámbitos pueden colaborar y aportar sus fortalezas y conocimientos respectivos para hacer frente a desafíos comunes.

Para obtener más detalles sobre ejemplos y estrategias de proyectos específicos, así como sobre enfoques de medición e investigación, el informe completo está disponible aquí.

Esta publicación apareció primero en el blog Voices del Banco Mundial. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autora: Leigh Stefanik es la Oficial Sénior del Programa sobre GBV de CARE USA.

Imagen: Una mujer, que pidió permanecer en el anonimato, relata su experiencia en un refugio para víctimas de violencia doméstica en Caracas, el 16 de marzo de 2011. REUTERS/Jorge Silva

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