Las políticas y programas que buscan reducir la pobreza de las mujeres en el África subsahariana suelen partir de la premisa de que las mujeres tienen limitaciones para mejorar sus medios de vida. Se cree que no son las principales responsables de la toma de decisiones en sus hogares en ámbitos como la elaboración del presupuesto y la agricultura. Un equipo de evaluación de género, dirigido por Cornelia Tesliuc, pretendía abordar este tipo de suposiciones con especial atención a Zambia, lo que sirvió de base para el diseño del proyecto Girls’ Education and Women’s Empowerment and Livelihoods (GEWEL).
Como parte de GEWEL y a petición del Gobierno zambiano, dirigí un equipo de investigación que llevó a cabo entrevistas individuales de carácter conversacional y debates en grupo con 113 mujeres de comunidades rurales. Aunque los resultados no son representativos de la población general de las zonas rurales de Zambia, sí cuestionan muchos de los supuestos habituales sobre los desafíos que enfrentan las mujeres en su vida cotidiana. Conversar con estas mujeres reveló que:
Las mujeres pueden viajar a los mercados urbanos para vender sus productos, y de hecho lo hacen. Nunca mencionaron que presiones externas, por parte de sus maridos u otras personas de sus comunidades, las mantuvieran cerca de casa.
Muchas mujeres tienen una gran capacidad de decisión sobre las cuestiones del hogar, incluida la elaboración del presupuesto familiar, la compra de semillas y fertilizantes, la compraventa de artículos domésticos y la educación de los hijos.
Muchas mujeres explicaron que trabajan y cultivan junto a sus maridos, y afirmaron: «las parejas se ayudan en la vida». Los problemas matrimoniales y el divorcio no son infrecuentes en estas comunidades, pero, en última instancia, los matrimonios «malos» no parecen limitar más que la pobreza, y los buenos matrimonios mejoran la vida de las mujeres.
Las mujeres afirmaron que pueden compaginar el cuidado de los hijos con sus demás actividades diarias. No consideraban una carga tener a los niños con ellas mientras cultivaban o realizaban actividades comerciales. Algunas mujeres dijeron que sus maridos cuidan de los niños mientras ellas realizan «trabajos a destajo» –empleos temporales y ocasionales para familias relativamente más acomodadas–. Sin embargo, en comparación con los hombres, las mujeres sí experimentan más limitaciones de tiempo cuando cuidan de niños enfermos o de familiares adultos.
Las mujeres de este estudio no consideraban que las tareas domésticas fueran excesivamente opresivas. Cuando se les preguntó por el tiempo dedicado a las labores del hogar, como barrer, limpiar y cocinar, las participantes respondieron que «cocinar no lleva mucho tiempo» y que «no hay mucho trabajo» que hacer en casa.
Todas las mujeres casadas coincidieron en que sus maridos no pondrían objeciones a que persiguieran convertirse en «empresarias de éxito», ya que los «problemas en el hogar se reducirían» y sus maridos «estarían agradecidos».
Aspiraciones y riesgo
La mayoría de las mujeres en edad de trabajar anhelan ser propietarias de pequeños negocios. En muchos casos, los negocios que aspiran a crear son extensiones de sus actividades económicas actuales, como la venta de tomates o de pescado seco. Estas mujeres –entre las más pobres de los pobres– son muy conscientes de su posición social y económica, y el desarrollo de negocios rentables se percibe como una oportunidad para mejorar sus vidas.
Sin embargo, también comprobamos que las mujeres a menudo dudan en dar pasos para construir sus negocios por los riesgos que perciben. Sin acceso al crédito ni a seguros que las protejan frente a los riesgos, las mujeres ven riesgos en todas partes: el de desperdiciar tiempo y dinero al viajar a los mercados urbanos, el de perder el ganado y el de no poder devolver un préstamo.
En conjunto, la evaluación de género constató que la exposición al riesgo es un obstáculo mayor para la generación de ingresos de las mujeres que las nociones habituales de «falta de empoderamiento», como la falta de tiempo y el bajo poder de negociación dentro del hogar.
A partir de estos hallazgos, el proyecto GEWEL ha diseñado un paquete integral de apoyo en efectivo, seguros y formación empresarial para respaldar a los participantes del programa, que será sometido a una evaluación de impacto rigurosa.
**Los investigadores que participan en el proyecto GEWEL son el Gobierno de Zambia, la Social Protection and Labor Global Practice, el Gender CCSA y el Gender Innovation Lab.**
Esta entrada apareció por primera vez en el blog Africa Can… del Banco Mundial. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autora: Michelle Poulin es socióloga del Laboratorio de Innovación de Género de la Región de África, dentro de la Oficina del Economista Jefe de la Región de África del Banco Mundial.
Imagen: Una niña vende manzanas al borde de la carretera y espera a clientes justo a las afueras de la ciudad angoleña de Lubango, el 15 de enero de 2010. REUTERS/Finbarr O’Reilly
