La violencia contra las mujeres es una pandemia mundial. Es un problema que no conoce fronteras geográficas, socioeconómicas ni culturales. Adopta muchas formas y está muy extendida: una de cada tres mujeres sufrirá violencia física o sexual en algún momento de su vida.
Incluye la violación, la violencia doméstica, los abusos en la escuela, el acoso en el trabajo y en la calle, y el hostigamiento en Internet. En algunos países, mujeres y niñas son agredidas cuando salen porque no tienen un inodoro. La violencia sexual se utiliza como táctica en los conflictos armados, con consecuencias horribles.
Alrededor de 120 millones de niñas de todo el mundo (algo más de 1 de cada 10) han sufrido relaciones sexuales forzadas u otros actos sexuales forzados en algún momento de su vida. Más de 133 millones de niñas y mujeres han sido sometidas a la mutilación genital femenina en los 29 países de África y Oriente Medio donde esta práctica dañina es más común.
Aunque el 35 por ciento de las mujeres de todo el mundo ha sufrido violencia, algunos estudios nacionales han concluido que el 70 por ciento de las mujeres ha sido maltratado por una pareja íntima. Se calcula que, de todas las mujeres asesinadas en 2012, casi la mitad fueron asesinadas por sus parejas íntimas o familiares. En muchos casos, quienes deberían inspirar mayor confianza son precisamente quienes infunden más miedo.
La mayoría de las veces, los casos de violencia contra las mujeres no se denuncian.
La omnipresencia de esta violencia debería conmocionarnos a todos. La violencia contra las mujeres y las niñas ocurre donde vives, y posiblemente incluso le ocurre a alguien que conoces.
Cada noviembre, el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer y los 16 Días de activismo que le siguen nos recuerdan lo mucho que la violencia contra las mujeres nos afecta a todos y qué podemos hacer al respecto.
Las trágicas consecuencias de la violencia contra las mujeres van más allá del dolor y el sufrimiento. La violencia tiene un costo, tanto humano como económico. Desde pagar servicios para tratar y apoyar a las mujeres maltratadas y a sus hijos hasta llevar a los agresores ante la justicia, pasando por la pérdida de productividad y empleo, los costos son enormes, no solo para las víctimas y sus familias, sino también para las empresas y los países.
Investigaciones recientes del Banco Mundial muestran que la violencia contra las mujeres tiene un impacto significativo en el PIB de un país. Solo en Estados Unidos, se han calculado en 5.800 millones de USD los costos anuales de la violencia de pareja.
Aunque quizá nunca conozcamos plenamente la magnitud del problema, sí sabemos cómo detenerlo: en el fondo, prevenir la violencia contra las mujeres exige cuestionar de raíz la cultura de discriminación que permite que continúe.
Para poner fin a la violencia, debemos derribar los estereotipos y las actitudes de género negativos que la alimentan y perpetúan. Será necesario denunciar los chistes y comentarios sexistas que a menudo se descartan como «inofensivos» y hacer frente a los comportamientos abusivos siempre que los veamos y dondequiera que ocurran. Todos debemos examinar y cuestionar nuestras propias actitudes y esforzarnos por ser modelos para los jóvenes. Debemos mostrar a los niños modelos saludables de masculinidad. También debemos empoderar a niñas y niños, mujeres y hombres, para que abracen la igualdad de género.
Todos tenemos un papel que desempeñar, y el sector privado no es una excepción. Las empresas tienen un papel importante, desde desarrollar proyectos hasta brindar apoyo financiero directo a organizaciones que trabajan para poner fin a la violencia y adoptar los principios de responsabilidad social corporativa.
Casi 700 líderes empresariales de todo el mundo ya han firmado públicamente una Declaración de apoyo de los directores ejecutivos a los Principios para el Empoderamiento de las Mujeres, una iniciativa conjunta del Pacto Mundial de las Naciones Unidas y ONU Mujeres. Los Principios ofrecen orientación práctica al sector privado sobre cómo empoderar a las mujeres en el lugar de trabajo, el mercado y la comunidad. Necesitamos que más líderes se involucren, y animo encarecidamente a otros a adherirse a los Principios y a tomar todas las medidas necesarias para combatir la desigualdad y la discriminación.
Como parte de mi campaña ÚNETE para poner fin a la violencia contra las mujeres, este año la ONU conmemorará el 25 de noviembre alentando acciones locales para poner fin a la violencia contra las mujeres y las niñas de nuestras comunidades, y utilizando el naranja como color unificador de las iniciativas de promoción. En la ciudad de Nueva York, el propio vecindario de la ONU, el Empire State Building y el edificio de la ONU se iluminarán de naranja para crear conciencia sobre el problema, mientras que se organizarán otros eventos en todo el mundo.
Este año y todos los años, seguiré haciendo todo lo que esté a mi alcance para poner fin a la violencia y defender la igualdad de las mujeres y las niñas. Los insto a todos a acompañarme.
Participa en la campaña ÚNETE para poner fin a la violencia contra las mujeres.
Encuentra ideas para actuar y comparte tu actividad en la página del evento mundial de Facebook o con la etiqueta #orangeurhood en Twitter.
Más información sobre los Principios para el Empoderamiento de las Mujeres.
Publicado en colaboración con LinkedIn
Autor: Ban Ki-moon es el octavo Secretario General de las Naciones Unidas.
Una mujer que pidió permanecer en el anonimato relata su experiencia en un refugio para víctimas de violencia doméstica en Caracas, el 16 de marzo de 2011. REUTERS.
