¿Por qué nos importan los ciclos económicos? En 1985, Robert Lucas sostuvo célebremente que el coste en bienestar de la volatilidad macroeconómica es muy pequeño y que, por tanto, los economistas deberían centrarse en el crecimiento a largo plazo en lugar de en las políticas de estabilización. Actualizó sus cálculos en 2003 utilizando datos de Estados Unidos de 1947 a 2001 y llegó a las mismas conclusiones: el coste de las fluctuaciones respecto de la tendencia de consumo a largo plazo asciende a tan solo 30 dólares per cápita al año.
Por otro lado, los costes de los ciclos económicos quizá no se limiten a la volatilidad del consumo actual. Por ejemplo, quienes no encuentran trabajo durante una recesión sufren un impacto negativo en su capital humano, lo que puede tener consecuencias duraderas para su productividad a lo largo de toda su carrera (por ejemplo, Kahn 2010 observa un efecto grande, negativo y persistente de graduarse en la universidad durante una recesión).
Otro coste a largo plazo de la recesión es su impacto duradero en las preferencias y los valores, que a su vez pueden afectar negativamente a las decisiones económicas y políticas. Por ejemplo, Giuliano y Spilimbergo (2014) muestran que los estadounidenses que crecieron durante recesiones tienen más probabilidades de sostener valores favorables a la redistribución que quienes crecieron en épocas de bonanza. Malmendier y Nagel (2007) muestran que las personas que han vivido épocas mejores en cuanto a la rentabilidad bursátil son menos reacias al riesgo.
La crisis en Rusia y su efecto en la confianza
En nuestro artículo reciente (Ananyev y Guriev 2015), observamos que las crisis también pueden tener un efecto inmediato, sustancial y duradero en la confianza interpersonal.1 La confianza es uno de los conceptos centrales de las ciencias sociales modernas. Es importante para la rendición de cuentas política (Nannicini et al. 2010), la eficiencia del sistema judicial (La Porta et al. 1997), el desarrollo financiero (Guiso et al. 2004) y el crecimiento económico (Tabellini 2005, Algan y Cahuc 2010).
Por eso es importante entender qué determina la confianza en sí misma. Muchos investigadores han sostenido que la confianza puede tener profundas raíces históricas. Por ejemplo, Putnam (1994) afirmó célebremente que las diferencias de capital social (y, por tanto, de calidad de la gobernanza) entre el norte y el sur de Italia pueden explicarse por las diferencias entre los regímenes políticos que se remontan al siglo XI. Nunn y Wantchekon (2011) atribuyen el bajo nivel de capital social de algunos países africanos al legado del comercio de esclavos.
En nuestro artículo mostramos que, aunque parece realista suponer que el acervo de capital social depende de la trayectoria histórica, también puede reaccionar a acontecimientos económicos recientes. En particular, estudiamos el efecto de la crisis económica de 2008-09 en la confianza en Rusia. En Rusia, el PIB descendió un 8% entre 2008 y 2009. La contracción fue rápida. En el cuarto trimestre de 2008, el PIB descendió un 19% en términos anuales y, en el primer trimestre de 2009, descendió un 17% en términos anuales.
Las regiones rusas vivieron la crisis de distintas maneras. En algunas, el PIB cayó un 20%, mientras que en otras llegó a aumentar un 1%. ¿Por qué fue tan distinto el efecto de la crisis en las diferentes regiones? El impacto de la crisis dependió de la estructura industrial de las regiones. Las regiones con una mayor proporción de industrias pesadas y producción petrolera registraron caídas más pronunciadas de los ingresos. Como en cualquier recesión, la inversión sufrió más que el consumo. La Figura 1 muestra que, en 2008-2009, la inversión descendió más de un 50%, mientras que el consumo cayó solo un 6%. No es de extrañar que los productores de bienes de capital afrontaran un desplome drástico de la demanda. Además, como los precios mundiales del petróleo se desplomaron a un tercio durante la crisis, la industria del petróleo y el gas también se contrajo un 40%. Al mismo tiempo, las industrias de bienes de consumo y los servicios experimentaron solo una caída moderada o incluso siguieron creciendo.
Figura 1. Evolución de los distintos componentes del PIB ruso

La Figura 2 muestra que las regiones especializadas en la industria manufacturera registraron un mayor descenso del PIB en 2009. En promedio, un aumento de un punto porcentual en la proporción de la industria manufacturera en el PIB regional se asoció con una caída adicional del 0,4% del PIB durante la crisis. La relación entre la especialización en el petróleo y el impacto de la crisis es similar.
Figura 2. Proporción de la industria manufacturera en el PIB regional e impacto de la crisis

La caída del PIB vino acompañada de un fuerte descenso de la confianza interpersonal. En la encuesta representativa a nivel regional que utilizamos en nuestro artículo, la confianza en Rusia cayó del 34% en el segundo trimestre de 2008 a solo el 19% en 2009. Por supuesto, la caída de la confianza fue mayor en las regiones donde el descenso del PIB fue más pronunciado. Sin embargo, esta correlación no es informativa por sí sola, ya que la caída del PIB podría haber sido endógena al descenso de la confianza.
Para resolver el problema de la endogeneidad, necesitamos encontrar un instrumento para la caída del PIB: un factor que afectara al descenso del PIB durante la crisis, pero que no afectara directamente al cambio en la confianza. Utilizamos la estructura de la economía regional heredada de la época soviética (concretamente, datos del último Censo Industrial soviético, de 1989). Es probable que las regiones especializadas en el petróleo o en la producción de bienes de capital hace 25 años sigan estándolo. Por lo tanto, es probable que sean las más afectadas durante la crisis.
La composición de las economías regionales, cuyas diferencias se heredan de la industrialización soviética, es exógena a los acontecimientos de 2008-09. Utilizamos la composición de la economía regional de la era soviética para predecir el descenso de los ingresos en 2009. Después usamos la caída prevista de los ingresos para medir el impacto de los ingresos regionales en la confianza. Observamos que el efecto del cambio en los ingresos sobre el cambio en la confianza es estadísticamente significativo y de gran magnitud. Al controlar por otros determinantes convencionales de la confianza, mostramos que una disminución del 10% en los ingresos se asocia con una caída de cinco puntos porcentuales en la proporción de encuestados que afirman que se puede confiar en la mayoría de las personas (Figura 3). En Rusia, se trata de un efecto grande, dado que el nivel medio de confianza es del 25%.
Figura 3. Cambio en la confianza y cambio en los ingresos entre 2009 y 2009 en las regiones rusas.

Fuentes: Ananyev y Guriev (2015).
¿Es persistente la destrucción del capital social? Para responder a esta pregunta, incluimos la pregunta sobre la confianza en una encuesta realizada en las mismas regiones en abril de 2014, con la misma estrategia de muestreo. A comienzos de 2014, el PIB ruso era incluso superior al nivel anterior a la crisis. Por tanto, si el efecto de las perturbaciones de los ingresos sobre la confianza es transitorio, no deberíamos encontrar indicios de que la crisis afectara al cambio en la confianza entre 2008 y 2014.
Observamos diferencias importantes en la evolución de la confianza tras la crisis entre las regiones donde la caída inicial de la confianza había sido baja o moderada y aquellas donde había sido alta. En el primer grupo de regiones, la confianza se recuperó hasta los niveles anteriores a la crisis. En el segundo grupo, el nivel de confianza seguía siendo en 2014 diez puntos porcentuales más bajo que en 2008.
Observaciones finales
Estos hallazgos sugieren que las recesiones económicas pueden, efectivamente, provocar la destrucción de normas y creencias que sustentan la cooperación. Nuestros resultados tienen claras implicaciones para las políticas públicas. En esencia, aportan un argumento adicional a favor de las políticas gubernamentales anticíclicas. Los beneficios de estas políticas no se limitan a mitigar los costes a corto plazo de las recesiones. Las políticas anticíclicas también pueden contribuir al desarrollo a largo plazo, ya que ayudan a mantener el acervo de capital social.
Este artículo se publica en colaboración con Vox EU. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
Para seguir al día de la Agenda, suscríbase a nuestro boletín semanal.
Autor: Sergei Guriev es profesor asociado y rector de la New Economic School de Moscú, y afiliado de investigación del CEPR
Imagen: Un corredor de bolsa observa las cifras de los índices bursátiles en la pantalla de su ordenador en una firma de corretaje de Bombay, el 6 de agosto de 2007. REUTERS/Punit Paranjpe

