Durante demasiado tiempo, las mujeres y las niñas de África han sufrido discriminación y desigualdades en el mercado laboral que no solo las han perjudicado a ellas, sino también a sus familias, comunidades y países en su conjunto. Al comenzar 2015, el Año del Empoderamiento de las Mujeres de la Unión Africana, hay algo claro: no reduciremos la pobreza sin trabajar para lograr la igualdad de género.
Aunque la mayoría de los gobiernos de África reconoce que empoderar a las mujeres y las niñas es un factor clave para el desarrollo económico, la transición de la fecundidad en África —un factor importante para el crecimiento económico sostenido— ha sido mucho más lenta que en otras regiones del mundo. El acceso a la planificación familiar y a los servicios de salud materna, así como la educación de las niñas, suelen traducirse en mejores oportunidades económicas para las mujeres y una menor fecundidad. Algunos gobiernos de África buscan maneras innovadoras de acelerar la transición demográfica. En Níger, por ejemplo, donde la tasa de fecundidad (7,6 hijos por mujer) se encuentra entre las más altas del mundo, el programa educativo «Escuela para maridos», impartido por líderes comunitarios tradicionales de confianza, está prosperando en todo el país y poniendo de relieve los beneficios de la planificación familiar y la salud reproductiva.
Las niñas sanas y educadas que tienen igual acceso a las oportunidades pueden convertirse en mujeres fuertes e inteligentes, capaces de asumir puestos de liderazgo en sus países. La presidenta Ellen Johnson Sirleaf, que lidera la lucha contra el ébola en Liberia, es un ejemplo. Desde puestos de liderazgo, las mujeres también pueden contribuir a desarrollar políticas que apoyen a las mujeres y las niñas y a seguir ampliando las oportunidades de empleo, educación y acceso a servicios de salud. En países como Rwanda y Sudáfrica, el aumento del número de legisladoras ayudó a impulsar leyes que promueven la igualdad de género, como las que otorgan a las mujeres iguales derechos sobre la tierra y garantizan sus derechos reproductivos. En Rwanda, la mayor seguridad de la tenencia de la tierra llevó a las propietarias a aumentar sus inversiones en tierras en 18 puntos porcentuales, el doble del nivel observado entre los hombres.
Aunque el continente tiene una de las tasas más altas de participación laboral femenina —solo superada por Asia—, el empleo vulnerable (como el trabajo familiar no remunerado) sigue siendo la norma. Las mujeres africanas trabajan más horas que los hombres y realizan la mayor parte del trabajo doméstico (no remunerado). Las investigaciones muestran que el promedio diario de horas que las mujeres dedican al trabajo agrícola en cuatro países de África subsahariana es de casi 467 minutos, frente a unos 371 minutos al día en el caso de los hombres.
Aunque las agricultoras representan casi la mitad de la fuerza laboral agrícola del continente, su productividad es significativamente menor que la de sus homólogos masculinos. En Malawi, por ejemplo, un estudio reciente mostró que las parcelas gestionadas por mujeres son un 25 % menos productivas que las gestionadas por hombres. Sin embargo, se estima que, si las mujeres de todo el mundo tuvieran igual acceso a recursos productivos (como semillas, fertilizantes y servicios de extensión), entre 100 y 150 millones menos de personas pasarían hambre cada día.
A menudo se pasan por alto las importantes contribuciones de las mujeres africanas al comercio regional, pues cruzan las fronteras nacionales para compartir bienes, servicios y conocimientos allí donde se necesitan. Sin embargo, obstáculos como las barreras no arancelarias, que restringen las importaciones, limitan su potencial para contribuir mucho más, no solo a nivel regional, sino también mundial. El comercio transfronterizo informal, en el que las mujeres representan el 70 %, aporta un promedio de 17.600 millones de dólares al año a los 15 Estados miembros de la Comunidad de Desarrollo de África Austral solamente.
La mayoría de las mujeres que trabajan fuera del sector agrícola son trabajadoras por cuenta propia en el sector informal, pero no tienen acceso a financiación para hacer crecer sus negocios. Además, la segregación del mercado suele relegar a las mujeres a sectores menos productivos. Sin embargo, como mostró un estudio reciente del Banco Mundial , en Uganda las mujeres que trabajan en sectores dominados por hombres ganan tres veces más que las mujeres con empleos tradicionalmente femeninos.
Las brechas de género en la educación son igual de generalizadas. Aunque las tasas de matriculación de las niñas en la educación primaria han aumentado significativamente en África subsahariana, los niños todavía tienen 1,55 veces más probabilidades de completar la educación secundaria. En cambio, es más probable que las niñas abandonen los estudios, si es que logran asistir a la escuela secundaria. En África oriental y meridional, la pobreza y las exigencias del trabajo doméstico suelen impedir que las niñas asistan a la escuela, una tendencia que se ve agravada por el matrimonio infantil. En Angola, Eritrea, Etiopía y Mozambique, la tasa de matriculación de las niñas en primaria es menor que la de los niños, y las tasas caen aún más en los niveles secundario y terciario. En definitiva, la pobreza disminuye cuando más mujeres y niñas reciben educación: la educación secundaria aumenta los ingresos futuros de las niñas entre un 10 y un 20 %. Además, las mujeres suelen tener más probabilidades de gastar dinero en cosas que benefician a los niños, mejorando sus posibilidades de alcanzar la salud y la prosperidad.
Aportar pruebas para cerrar la brecha de género
El Banco Mundial ha convertido el logro de la igualdad de género en una prioridad máxima. En 2013, pusimos en marcha el Laboratorio de Innovación de Género de África para abordar las causas subyacentes de la desigualdad de género mediante evaluaciones de impacto rigurosas que permitan identificar soluciones para cerrar la brecha de género. Los datos de Uganda sugieren que la combinación adecuada de formación profesional y habilidades para la vida puede mejorar considerablemente los medios de vida de las adolescentes. En Burkina Faso, nuestros investigadores descubrieron que empoderar económicamente a las adolescentes y sus familias puede influir de manera significativa y positiva en su comportamiento sexual y su salud. En mayo de 2013, el presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim,
anunció 1.000 millones de dólares en apoyo a los países de la región de los Grandes Lagos, con especial énfasis en las mujeres, uno de los grupos más vulnerables de la región. Como parte de ese compromiso, el Banco aprobó 107 millones de dólares para Burundi, la República Democrática del Congo y Rwanda, con el fin de abordar la violencia de género. El proyecto ofrece servicios integrados de salud y asesoramiento, asistencia jurídica y oportunidades económicas a las supervivientes de la violencia sexual y de género; es el primero de su tipo en África. En mayo de 2013, el presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, anunció 1.000 millones de dólares en apoyo a los países de la región de los Grandes Lagos, con especial énfasis en las mujeres, uno de los grupos más vulnerables de la región. Como parte de ese compromiso, el Banco aprobó 107 millones de dólares para Burundi, la República Democrática del Congo y Rwanda, con el fin de abordar la violencia de género. El proyecto ofrece servicios integrados de salud y asesoramiento, asistencia jurídica y oportunidades económicas a las supervivientes de la violencia sexual y de género; es el primero de su tipo en África.
También hemos centrado más nuestra atención en las mujeres de la región del Sahel mediante el Proyecto de Empoderamiento de las Mujeres y Demografía del Sahel, de 170 millones de dólares. Esta iniciativa se suma a los compromisos existentes del Banco con los programas de salud maternoinfantil en el Sahel. El proyecto mejorará los recursos de salud reproductiva en toda la región, haciéndolos más accesibles y asequibles. También reforzará los centros de formación existentes que prestan servicios de partería y enfermería en zonas rurales, y pondrá a prueba iniciativas para adolescentes y compartirá conocimientos sobre ellas.
Las mujeres son esenciales para acabar con la pobreza en todo el mundo. En ningún lugar es esto más cierto que en África subsahariana. Fortalecer el papel de las mujeres como líderes, empresarias, consumidoras y protagonistas económicas transformará el continente. Para mejor.
Este artículo se publica en colaboración con el blog Nasikiliza del Banco Mundial. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Makhtar Diop, exministro de Economía y Finanzas de Senegal, es vicepresidente del Banco Mundial para su región de África.
Imagen: Una mujer recoge hojas de té en una plantación de Nandi Hills, en la región montañosa de Kenia, al oeste de la capital, Nairobi. REUTERS/Noor Khamis.
