Este artículo se publica en colaboración con Duke.
A pesar de los esfuerzos por aumentar la diversidad de género en la cardiología, persisten diferencias importantes en las características del puesto y en la remuneración entre los hombres y las mujeres que tratan a pacientes cardíacos, según un estudio dirigido por Duke Medicine y presentado en la reunión anual de la American Heart Association.
Los investigadores encontraron que el número de cardiólogas sigue siendo desproporcionadamente bajo en comparación con el de la medicina en general; que las mujeres que eligen esta especialidad tienen mucha menos probabilidad de especializarse en procedimientos intervencionistas, mejor remunerados; y que las mujeres ganan menos, incluso al ajustar por los distintos tipos de trabajo que realizan.
“Estos resultados reproducen las diferencias salariales que se han observado entre médicos, abogados, directivos de empresas y otros profesionales de ambos sexos”, afirmó Pamela Douglas, M.D., profesora Geller de Investigación en Enfermedades Cardiovasculares del Duke Clinical Research Institute. Douglas es la autora principal de la investigación, que también se publica en el Journal of the American College of Cardiology.
“La cardiología debe ser un entorno acogedor para las mujeres”, dijo Douglas. “Una forma de lograrlo es reconocer estas diferencias y trabajar para corregirlas.”
Douglas y sus colegas analizaron datos de 161 consultas de cardiología en comunidades de Estados Unidos encuestadas en un informe de 2013 de MedAxiom, empresa que recopila y distribuye datos e información empresarial específicamente para cardiólogos. La encuesta se considera una visión no sesgada de las prácticas empresariales, incluidas las horas trabajadas, los tipos de trabajo realizados y las tarifas de remuneración.
Los investigadores hallaron que:
• Las mujeres representan alrededor del 12 por ciento de los cardiólogos, cifra desproporcionadamente baja, dado que la mitad de los graduados de facultades de medicina son mujeres.
• Las mujeres tienen más probabilidades de especializarse en cardiología general o no invasiva: el 53 por ciento sigue esta subespecialidad, frente al 28 por ciento de los hombres.
• Casi el 91 por ciento de los cardiólogos varones declararon trabajar a tiempo completo, mientras que alrededor del 80 por ciento de las mujeres afirmaron hacerlo.
• Los hombres predominan en las subespecialidades intervencionistas, que realizan procedimientos basados en catéteres mejor remunerados. Más del 39 por ciento de los cardiólogos varones declararon una subespecialidad intervencionista, frente al 11 por ciento de las mujeres.
• Los hombres ganan más dinero, incluso después de tener en cuenta todas las diferencias medidas en la descripción del puesto, el entorno de práctica y la productividad. La medida de productividad incluye los sesgos conocidos del sistema de facturación denominado unidad de valor relativo (RVU, por sus siglas en inglés), mediante el cual los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid, organismo federal, reembolsan los procedimientos según una puntuación que tiene en cuenta la complejidad, el tiempo y el valor de un servicio. Los procedimientos intervencionistas suelen tener puntuaciones RVU más altas que los servicios cognitivos. Como resultado, los cardiólogos varones generaron una mediana de 9.301 RVU, frente a 7.430 de las mujeres.
• Las diferencias en los procedimientos, las horas de trabajo y las tarifas de facturación se traducen en mayores ingresos para los hombres: una mediana de unos 100.000 dólares más al año que para las mujeres.
• Incluso al ajustar por las diferencias en la cantidad y el tipo de trabajo realizado, las mujeres en cardiología ganan unos 32.000 dólares menos al año que sus homólogos varones. A lo largo de una vida laboral, esta cifra supera el millón de dólares.
“Este es el primer estudio que demuestra que, aunque los cardiólogos y las cardiólogas comparten la misma especialidad, sus descripciones de puesto son notablemente distintas”, dijo Douglas. “El 39 por ciento de los hombres son intervencionistas frente al 11 por ciento de las mujeres, y esto sienta las bases de una remuneración más alta.”
“Las diferencias en la subespecialización y en la práctica fueron llamativas y merecen atención”, afirmó Reshma Jagsi, M.D., profesora asociada de la Universidad de Míchigan y primera autora del estudio. “Pero también es importante señalar que la diferencia de remuneración entre hombres y mujeres no puede explicarse por completo por las diferencias en subespecialidad, procedimientos u otras muchas características personales, laborales y de la práctica que evaluamos.”
Douglas afirmó que el estudio no abordó las razones por las que las mujeres se orientan hacia la cardiología general en lugar de la subespecialidad intervencionista, ni explicó las diferencias en la carga de trabajo. No obstante, los autores del estudio sugieren que las diferencias podrían deberse a desigualdades de género arraigadas en el ámbito profesional y a diferencias en las decisiones sobre el equilibrio entre vida laboral y personal.
“Es importante analizar esto, porque como profesión no tenemos pleno acceso a nuestro ‘grupo de talento’ de residentes de medicina interna cualificados”, dijo Douglas. “Eso se convierte en un problema empresarial y sanitario, ya que cada vez reconocemos más la importancia de la diversidad entre los profesionales para optimizar la atención a los pacientes.”
Además de Douglas y Jagsi, entre los autores del estudio figuran: Cathie Biga; Athena Poppas; George P. Rodgers; Mary N. Walsh; Patrick J. White; Colleen McKendry; Joseph Sasson; y Phillip J. Schulte.
La publicación no implica el respaldo de los puntos de vista por parte del Foro Económico Mundial.
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Autora: Sarah Avery escribe para Duke.
Imagen: la enfermera titulada Rebecca Moak posa para una foto en el centro de traumatología del Centro Médico de la Universidad de Misisipi, en Jackson (Misisipi). REUTERS/Jonathan Bachman
