Las aspiraciones a una mayor equidad estuvieron en el centro de las protestas que desencadenaron la Primavera Árabe hace casi cinco años, y siguen sin cumplirse en gran medida. En nuestro nuevo documento, demostramos que la reforma tributaria puede contribuir en gran medida a satisfacer esas aspiraciones.
La fiscalidad es un punto de contacto fundamental entre el Estado y los ciudadanos. El volumen de ingresos que se recauda, la forma en que se distribuye la carga tributaria y la manera en que se aplican los impuestos pueden influir de forma notable tanto en la realidad como en la percepción de las oportunidades económicas, así como en el grado de confianza en el gobierno.
Los sistemas tributarios varían mucho entre los países de Oriente Medio y el Norte de África: algunos cuentan con sistemas tributarios diversos y desarrollados (los importadores de petróleo, y Argelia, Irán y Yemen); en otros, los ingresos fiscales proceden principalmente del petróleo (esencialmente, exportadores de petróleo). En ambos casos, sin embargo, hay mucho margen para mejorar la equidad, tanto para las personas como para las empresas, mediante la fiscalidad.
Diseño tributario: un cauce para una mayor equidad en sistemas tributarios diversificados
En muchos de estos países, los sistemas tributarios están bien establecidos, pero su aplicación suele ser arbitraria y está diseñada para beneficiar a los privilegiados.
Por ejemplo, el tipo máximo del impuesto sobre la renta de las personas físicas suele ser bajo y se aplica a rentas tan elevadas que casi nadie se ve afectado; en consecuencia, los ricos pueden no pagar su parte justa, en comparación con la carga que soporta la clase media. Las empresas se enfrentan a tipos impositivos comparables a los de otras regiones, pero en muchos países las empresas privilegiadas quedan exentas mediante exenciones no transparentes y, con frecuencia, aplicadas de forma arbitraria. Los impuestos sobre el valor añadido (IVA) también adolecen de exenciones, con la complicación adicional de una multiplicidad de tipos. Por último, una administración tributaria onerosa se asocia con un trato injusto hacia los ciudadanos y las empresas (Gráfico 1).
¿Qué se puede hacer? Los cambios clave en el diseño de los sistemas tributarios pueden marcar una gran diferencia: mejorar la equidad, crear unas condiciones de competencia más equilibradas para las empresas y reducir las oportunidades de aplicación arbitraria de las leyes fiscales. Nuestro documento propone:
Simplificar las estructuras tributarias consolidando los múltiples tipos del IVA y reduciendo el número de tipos impositivos que pagan las empresas.
Ampliar la base sobre la que se recaudan los impuestos eliminando las exenciones del impuesto sobre sociedades y reduciendo y orientando mejor las del IVA.
Aumentar la progresividad del impuesto sobre la renta de las personas físicas, con tres o cuatro tipos impositivos que aumenten con los ingresos, y aplicarlo a todos los tipos de renta (por ejemplo, no solo los salarios, sino también los ingresos por inversiones), para que los hogares ricos paguen su parte justa.
Introducir o diseñar mejor y hacer cumplir los impuestos sobre los bienes inmuebles.
Hacer que la administración tributaria y aduanera sea más fácil de usar mediante la mejora del «servicio al cliente» y la simplificación de los códigos y la normativa.
Empezar con buen pie: creación de un sistema tributario justo en países dependientes de los ingresos petroleros
Los países exportadores de petróleo, dependientes de los ingresos procedentes del crudo, no han tenido mucha necesidad de introducir otros impuestos. Pero la posibilidad de que los precios del petróleo se mantengan bajos de forma persistente está cambiando esta perspectiva, ya que muchos países ya han perdido la capacidad de avanzar sin esfuerzo gracias al colchón de los ingresos petroleros. Ampliar el sistema tributario sería importante no solo para recaudar ingresos, sino también para respaldar la diversificación económica a largo plazo.
Estos países podrían empezar gradualmente con un «paquete básico» que incluya un IVA de tipo reducido, impuestos sobre los beneficios aplicados a todas las empresas residentes, impuestos especiales e impuestos sobre la propiedad. Simultáneamente, podrían desarrollar su capacidad administrativa y su experiencia en materia tributaria. Y, como elemento clave de la equidad en cualquier sistema tributario moderno, podrían empezar a planificar un impuesto sobre la renta de las personas físicas amplio y eficaz.
Se necesitará voluntad política
Todo esto puede sonar fácil en teoría, pero la realidad es que estas reformas encontrarán mucha resistencia. Los responsables de políticas en Oriente Medio y el Norte de África tendrán que hacer frente a los intereses creados, generar un apoyo amplio y reformar las administraciones tributarias, que quizá tengan poco interés en el cambio. Una comunicación eficaz, la transparencia y un diálogo constructivo entre el Estado y los ciudadanos serán fundamentales para el éxito de la reforma tributaria.
Este artículo se publica en colaboración con IMF Direct. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autoría: Pritha Mitra es economista principal del Departamento de Oriente Medio y Asia Central del FMI.
Imagen: Vista aérea de Nairobi, la capital de Kenia, el 13 de julio de 2001.

