A pesar del crecimiento económico, el descenso de la fecundidad y el aumento de los salarios y los niveles educativos, la participación de las mujeres casadas en la fuerza laboral de las zonas urbanas de India se ha estancado en torno al 18 % desde mediados de la década de 1980. En un artículo reciente, investigamos qué puede explicar este estancamiento de la participación femenina en la fuerza laboral (FLFP). A partir de distintas oleadas de encuestas transversales que abarcan el periodo de 1987 a 2011, analizamos los factores que afectan a la participación de las mujeres en la fuerza laboral y cómo han cambiado con el tiempo estos factores y sus efectos.
Entender las causas del estancamiento de la FLFP es importante por varias razones. Actualmente, la estructura por edades de la población de India es favorable, con una proporción grande y creciente de personas en edad de trabajar. Sin embargo, los beneficios que un país puede obtener de este dividendo demográfico dependen del empleo productivo de la población en edad de trabajar, de la que aproximadamente la mitad son mujeres. De hecho, un empleo femenino elevado y creciente contribuye a un mayor crecimiento de la productividad (Banco Mundial, 2011) y ha sido fundamental para sostener las altas tasas de crecimiento económico de Asia Oriental (Klasen y Lamanna, 2009; Young, 1995).
Más allá de la contribución de las mujeres al crecimiento, el estancamiento de la FLFP tiene consecuencias para el grado en que ellas se benefician del crecimiento. El empleo y los ingresos son determinantes sólidos del poder de negociación dentro del hogar, con efectos en el bienestar de las mujeres y los niños. Si existen barreras económicas estructurales o culturales que impiden la participación de las mujeres en la fuerza laboral, estas no pueden aprovechar las nuevas oportunidades.
Nuestro análisis muestra que un factor que contribuye a las menores tasas de FLFP es el clásico «efecto renta», por el cual el aumento de la educación y los ingresos de los hombres reduce la oferta laboral de las mujeres casadas (en términos de los modelos de oferta laboral, los mayores ingresos de la pareja reducen el valor de que una misma obtenga ingresos adicionales).
Otro factor importante y clásico del lado de la oferta es el efecto de la educación de las propias mujeres, aunque su papel es más complejo de lo que cabría esperar. En primer lugar, existe una marcada relación en forma de U entre el nivel educativo de las mujeres y su participación en la fuerza laboral (véase la Figura 1). La probabilidad de que las mujeres formen parte de la fuerza laboral disminuye a medida que aumenta su educación hasta la secundaria básica, y solo aumenta cuando tienen al menos educación secundaria. Esta forma de U se mantiene incluso si tenemos en cuenta numerosas características individuales y del hogar (incluidos los ingresos de otros miembros del hogar y la estructura sectorial del empleo en el distrito), y apunta a la importancia del estigma social asociado a que las mujeres educadas trabajen en empleos manuales poco cualificados.
Figura 1: Tasa de participación en la fuerza laboral de las mujeres casadas, por nivel educativo

Sorprendentemente, también observamos que el efecto positivo de la educación superior en la participación de las mujeres en la fuerza laboral (es decir, el tramo ascendente de la relación en forma de U entre educación y FLFP) se ha desplomado. Aunque es difícil determinar con exactitud por qué la educación superior se ha asociado menos estrechamente con la participación en la fuerza laboral, varios indicios apuntan a cambios en la selección de quienes acceden a la educación superior.
En general, un efecto positivo de la educación superior en la participación en la fuerza laboral puede reflejar en parte una selección endógena: cursar estudios superiores e incorporarse a la fuerza laboral pueden ser ambos resultados de ciertos factores determinantes que no observamos en los datos, como la educación o la participación en la fuerza laboral de los padres de las mujeres, la influencia de sus pares o sus preferencias personales. Este proceso de selección puede cambiar con el tiempo. Pensemos, por ejemplo, en una mayor oferta educativa (más institutos y universidades) y en el aumento de los beneficios de la educación en el mercado matrimonial (los hombres con más estudios prefieren casarse con mujeres con más estudios): ambos pueden explicar que más mujeres cursen estudios superiores, aunque no tengan una marcada inclinación a incorporarse a la fuerza laboral. El resultado sería una selección positiva menor y, por tanto, una asociación más débil entre la educación superior y la FLFP.
En nuestro artículo, aportamos varias pruebas compatibles con una menor selección positiva hacia la educación. Una de ellas es un análisis de cohortes por año de nacimiento, que muestra que los «beneficios de la educación superior» (en cuanto a la probabilidad de trabajar) en cualquier año concreto de encuesta han sido menores para las cohortes más jóvenes. Además, para una cohorte determinada, los beneficios de la educación no han disminuido mucho con el tiempo. Por tanto, el efecto decreciente de la educación superior parece deberse a la incorporación de nuevas cohortes a la población en edad de trabajar: mujeres que estudiaron más recientemente y para quienes la educación superior está menos asociada con la participación en la fuerza laboral.
Por último, constatamos que la demanda, junto con los estigmas asociados a ciertos tipos de empleo para las mujeres educadas, también ha contribuido al estancamiento de la FLFP. La mayor parte del crecimiento del empleo se produjo en la construcción y los servicios poco cualificados, mientras que la expansión del empleo en la manufactura y los servicios profesionales no ha sido suficiente para absorber a una población femenina en edad de trabajar cada vez mayor. Como las mujeres con más estudios buscan empleo principalmente en los servicios profesionales, incluidos la salud, la educación y los servicios públicos, el lento crecimiento de estos puestos frente al aumento del número de mujeres educadas ha frenado su participación en la fuerza laboral.
Si persisten las tendencias y preferencias actuales, es poco probable que las mujeres aumenten drásticamente sus tasas de participación en la fuerza laboral en los próximos años. Aunque el crecimiento del empleo en la manufactura podría contribuir a elevar la FLFP, según las tendencias actuales es improbable que India aproveche plenamente los beneficios de su dividendo demográfico. Y, lo que es importante, el aumento del nivel educativo de las mujeres no contribuirá mucho a su empoderamiento económico, que suele asociarse con el empleo y los ingresos. En la medida en que la participación de las mujeres en la fuerza laboral la decidan sus familias y no refleje sus propias preferencias, o esté limitada por su incapacidad para migrar o desplazarse por motivos laborales, estaría justificada una acción política para promover el empleo femenino. Pero incluso si la principal limitación son las propias preferencias de las mujeres, el grado en que esto obstaculiza su participación en la fuerza laboral debería preocupar a quienes formulan políticas.
Esta publicación apareció primero en el blog «Let’s Talk Development» del Banco Mundial.
La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autoría: Janneke Pieters es profesora adjunta del Grupo de Economía del Desarrollo de la Universidad de Wageningen, en los Países Bajos. Stephan Klasen es profesor de Economía del Desarrollo en la Universidad de Göttingen, en Alemania.
Imagen: Karuna Prakash Mukudum (izquierda), coordinadora que trabaja para Financial Information Network and Operations Ltd (FINO), procesa una tarjeta inteligente mientras recoge dinero de una mujer en la aldea de Wavanje, en el distrito de Raigad. INDIA-BANK/ REUTERS/Danish Siddiqui
