Uno de cada 7 países está muy lejos de la meta o lejos de ella en al menos una cuarta parte de los indicadores del ODS 5.
Actualmente se dispone de cerca de la mitad de los datos necesarios para hacer seguimiento del ODS 5.
Nuevas proyecciones revelan que 383 millones de mujeres y niñas vivirán en pobreza extrema en 2022.
«Reconstruir mejor» parece ser la frase de moda estos días, mientras los países se apresuran a recuperarse de los efectos adversos de la pandemia. Pero ¿lo hemos conseguido? ¿Estamos ahora en una mejor situación que antes de la pandemia? Para responder con precisión a estas preguntas, necesitamos reunir pruebas y datos sólidos. Y, más importante aún, si queremos responderlas teniendo en cuenta el bienestar de las mujeres y las niñas, necesitamos datos de género exhaustivos sobre género.
El reciente Índice Global de Brecha de Género (IGBG) predice que, al ritmo actual de progreso, se necesitarán 132 años para alcanzar la paridad plena: un contundente mensaje para que los responsables de formular políticas comprendan la urgencia de lograr la igualdad de género. Sin embargo, según la ONU, podrían pasar hasta 286 años para cerrar las brechas en la protección jurídica y eliminar las leyes discriminatorias, y hasta 140 años para alcanzar la paridad en la representación de las mujeres en puestos directivos en el ámbito laboral.
Un panorama preocupante
El mecanismo de seguimiento del ODS 5 de ONU Mujeres, publicado como parte del anual Informe Panorama de Género, pone de relieve todas las metas e indicadores del ODS 5 para contar la historia del progreso hasta la fecha, basándose en datos nacionales, regionales y mundiales. La falta de datos para algunos indicadores ya es, por sí misma, una historia, y refleja la baja prioridad que se concede a estos ámbitos. Como dice el refrán: «Lo que se mide, se valora».
El mecanismo de seguimiento del ODS 5 no solo llama la atención sobre la magnitud de lo que sigue siendo desconocido, sino también sobre la enorme brecha de datos de género y sus implicaciones para los debates sobre políticas. Visualizar lo que todavía no sabemos y las implicaciones que esto tiene para canalizar el capital y los recursos necesarios es tan importante como visualizar lo que ya sabemos.
La siguiente imagen se creó de una forma claramente humana —mediante colores basados en datos reales— para comunicar la urgencia con la que debe acelerarse la igualdad de género.
Los efectos borrosos y de mezcla ilustran el panorama incompleto de nuestro progreso actual en el ODS 5. Tras estos efectos digitales hay millones de mujeres que afrontan desafíos reales y viven experiencias diversas. Un trazo azul en la imagen indica que la meta «se ha alcanzado o casi alcanzado», mientras que el verde sugiere que las áreas están «cerca de la meta». Del mismo modo, los tonos más cálidos de rojo y naranja representan áreas «lejos de la meta», y el rojo más oscuro señala las que están «muy lejos de la meta».
Al igual que en un mapa de calor, los tonos fríos de azul y verde ilustran un esperanzador avance hacia la igualdad, mientras que los tonos más cálidos muestran señales alarmantes de que un objetivo mundial está lejos de alcanzarse.

Las enormes brechas de datos
Lamentablemente, los colores amarillo, naranja y rojo que dominan este diagrama no hacen más que confirmar que el mundo se está quedando atrás en su compromiso de alcanzar los ODS establecidos para 2030.
Uno de cada 7 países está muy lejos de la meta o lejos de ella en al menos una cuarta parte de los indicadores del ODS 5. En los tres ámbitos más críticos para el empoderamiento de las mujeres —el tiempo dedicado al trabajo de cuidados y doméstico no remunerado, la toma de decisiones sobre la salud sexual y reproductiva, y la provisión de sistemas para hacer seguimiento de la financiación de la igualdad de género—, el mundo está lejos o muy lejos de la meta.
A escala mundial, solo un indicador —la presencia de mujeres en los gobiernos locales— está cerca de la meta; incluso en este ámbito, la situación varía mucho según el país. En otros ámbitos, como eliminar las leyes discriminatorias y poner fin a las prácticas nocivas, el progreso ha sido moderado, pero sigue siendo insuficiente si aspiramos a alcanzar el ODS 5 para 2030.
Otra imagen del mismo mecanismo de seguimiento abre el telón sobre las enormes brechas de datos. Cuando los valores de los indicadores del ODS 5 que antes se habían pasado por alto se incorporan al lienzo, las pinceladas grises dominan la imagen.

Un esfuerzo mundial para aliviar la carga
La situación del ODS 5, ilustrada en este formato sencillo y accesible, pone de manifiesto el arduo camino que tenemos por delante. Muchas de las normas sociales vigentes siguen limitando el control que las mujeres tienen tanto sobre sus cuerpos como sobre sus roles en la sociedad, y la pandemia no ha hecho más que agravar el problema.
He aquí dos ejemplos concretos:
Durante décadas, la participación de las mujeres en el trabajo ha sido mucho menor que la de los hombres. Sin embargo, en 2020, el cierre de las escuelas, la pérdida repentina de empleos en sectores con predominio femenino y el papel principal de las mujeres como cuidadoras hicieron que su participación en la fuerza laboral disminuyera aún más. Cerca de 113 millones de mujeres de entre 25 y 54 años, con pareja e hijos pequeños, estaban fuera de la fuerza laboral en 2020.
Antes de la pandemia, las mujeres y las niñas ya tenían más probabilidades que los hombres de vivir en la pobreza . Nuevas proyecciones de ONU Mujeres, el PNUD y el Pardee Centre for International Futures, que tienen en cuenta en cierta medida los efectos de la pandemia, revelan que, a escala mundial, 383 millones de mujeres y niñas vivirán en pobreza extrema en 2022 (frente a 368 millones de hombres y niños). En un escenario de «graves daños», que contempla mayores niveles de malnutrición, descensos en la matriculación y la calidad de la educación, una creciente brecha salarial entre hombres y mujeres y efectos desproporcionados en el empleo femenino, esta cifra podría aumentar hasta 446 millones (427 millones en el caso de los hombres y los niños).
Los desafíos que afrontamos son enormes, pero no insuperables, aunque la COVID-19 los complique. Todo plan nacional de recuperación debería incluir inversiones importantes en la economía de los cuidados y su infraestructura. Esto aliviaría la carga del trabajo de cuidados no remunerado y permitiría a las mujeres incorporarse a la fuerza laboral, al tiempo que se crearían empleos sostenibles y ecológicos. Un enfoque integrado de políticas que, por ejemplo, incluya un mayor gasto en protección social, inversiones en la economía verde y mejores infraestructuras y educación podría sacar de la pobreza a cerca de 150 millones de mujeres y niñas en todo el mundo para 2030.
Los ODS son un compromiso colectivo. Si toda la comunidad mundial no acelera el progreso, no lograremos la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres. Es vital asumir un compromiso de acción unificado y audaz, y el momento de invertir en las mujeres es ahora.
