La Gran Transferencia de Riqueza no cambiará las finanzas por sí sola, pero los propietarios de riqueza sí pueden hacerlo

In the next 20 years, trillions of dollars will be passed down in inheritances – much of that wealth transfer will flow to women.
In the next 20 years, trillions of dollars will be passed down in inheritances – much of that wealth transfer will flow to women.Image: REUTERS/Edgar Su
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  • En los próximos 20 años, billones de dólares se transmitirán mediante herencias, y gran parte de ellos llegará a manos de mujeres.

  • Este momento puede marcar un cambio profundo en la administración de la riqueza mundial, si quienes la heredan deciden utilizarla de otra manera.

  • A medida que avanza la gran transferencia de riqueza, debemos cuestionar las normas heredadas, interactuar con los sistemas existentes y transformarlos con el tiempo.

Vivimos lo que muchos denominan la «Gran Transferencia de Riqueza», un cambio histórico de capital hacia nuevas manos, que incluye un aumento significativo de mujeres como propietarias de riqueza y responsables de la toma de decisiones.

En las próximas dos décadas, más de 80 billones de dólares en activos de todo el mundo pasarán de la Generación Silenciosa y de los baby boomers a sus familias y seres queridos. Es probable que quienes reciban ese capital sean más diversos en cuanto a género que cualquier generación heredera de riqueza anterior. En particular, las mujeres heredarán sumas significativas de riqueza.

Sobre el papel, suena transformador. Pero persiste una pregunta más profunda: ¿la nueva titularidad cambiará realmente la forma en que se asigna el capital, o simplemente reproducirá los mismos sistemas con rostros diferentes?

Recientemente, el Consejo Global de Futuro para la Inversión en la Paridad de Género organizó un debate entre inversores, historiadores y profesionales para explorar precisamente esta tensión. Surgió una verdad matizada y, en ocasiones, incómoda: el cambio es posible, pero desde luego no está garantizado.

Para comprender los sistemas de poder e influencia actuales, es necesario reflexionar sobre cómo se han arraigado con el tiempo.

Los orígenes del sistema financiero actual

La historiadora Mary Bridges analiza la banca de principios del siglo XX para examinar cómo los nuevos actores de los sistemas financieros han transformado —y han sido transformados por— los regímenes heredados.

Cuando los bancos estadounidenses se expandieron al extranjero a comienzos del siglo XX, no inventaron sistemas nuevos desde cero: copiaron los existentes. Los directivos bancarios estadounidenses enviaron a sus aprendices a Londres, contrataron a directivos británicos e incluso adoptaron la caligrafía británica para que los libros contables de sus sucursales fueran legibles para sus homólogos y competidores. Los sistemas heredados se asimilaron, a menudo sin cuestionarlos.

La lección es clara: los nuevos actores suelen heredar estructuras antiguas que son «rígidas». Por ello, simplemente cambiar quién ocupa la cúspide no reconfigura automáticamente la arquitectura subyacente.

Todo esto es pertinente hoy y para la gran transferencia de riqueza. El capital podría estar pasando a manos de las mujeres y, si los propietarios de riqueza y los proveedores del sector optan por hacer las cosas de una manera algo distinta, la asignación de capital puede volverse más innovadora.

El acceso no equivale necesariamente a poder

Entonces, ¿por dónde empezar a catalizar el cambio?

La respuesta breve es que debe suceder en muchos lugares diferentes. Las oficinas familiares pueden ser un vehículo para impulsar esta evolución, pero es complicado.

Gran parte de la riqueza reside en oficinas familiares, y el poder, la presencia y la influencia de las mujeres también crecen en este ámbito. Más que en generaciones anteriores, están sentadas en consejos de administración, forman parte de comités de inversión y participan en los procesos de toma de decisiones.

Sin embargo, sentarse a la mesa es solo el primer paso. Como señaló Salma Al Rashid, directora de Inversiones y miembro del consejo de administración de Rashid S. Alrashid & Sons: «Estar en la sala es una cosa. Tener la última palabra es algo muy distinto».

También es importante entender que, en muchas organizaciones, pero especialmente en las oficinas familiares, las decisiones se ven moldeadas no solo por la gobernanza formal, sino también por lo que ocurre fuera de la sala de juntas: por las relaciones, la confianza, la intuición y las normas no escritas. Las decisiones clave pueden surgir, y han surgido, de reuniones privadas, espacios sociales, intercambios fortuitos y encuentros casuales. Son espacios donde se transmite el conocimiento, se conciben las ideas y se genera confianza.

La desigualdad de riqueza también existe en los animales, según han descubierto los científicos.
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El poder y los límites de las redes

Estas redes informales sin duda plantean un desafío. Pero la buena noticia es que también ofrecen oportunidades.

Puede llevar más tiempo cambiar las redes informales que las formales, pero es posible. Y una vez que las normas comienzan a cambiar —una vez que las culturas se transforman y se establecen nuevos patrones de comportamiento—, las redes de poder informales pueden convertirse en poderosos motores de progreso.

El mundo de las finanzas se basa tanto en las relaciones como en el capital, lo que significa que, cuando estas fuerzas subyacentes cambian, todo el panorama puede transformarse.

En concreto, en cuanto a cómo pueden las mujeres que se incorporan a las oficinas familiares y al mundo de las finanzas empezar a impulsar este cambio, existen distintas teorías.

Algunos profesionales señalan la importancia de construir coaliciones: trabajar junto a las estructuras de poder existentes, en lugar de en su contra. Esto incluye involucrar a los homólogos masculinos como socios en el cambio. En muchos contextos, especialmente donde las redes siguen dominadas por hombres, este tipo de alianza no es opcional, sino esencial.

Al mismo tiempo, cada vez se reconoce más que simplemente replicar en paralelo las redes existentes, creando espacios separados para las mujeres, puede no ser suficiente. La integración, más que el aislamiento, parece ser el camino más eficaz, aunque sea también el más complejo.

En cualquier caso, es esencial que vayamos más allá de la suposición de que el cambio se producirá de forma natural.

La Gran Transferencia de Riqueza puede alterar quién posee el capital, pero por sí sola no altera cómo se despliega ese capital. Ese cambio requiere intención: una disposición activa a cuestionar las normas heredadas, a interactuar con los sistemas existentes y a transformarlos con el tiempo. Si este momento ha de ser verdaderamente transformador, no será porque haya cambiado la titularidad, sino porque quienes la heredan decidan utilizarla de otra manera.

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