Actualmente solo hay 30 presidentas y primeras ministras en todo el mundo, pero las mujeres líderes importan por motivos que van más allá de alcanzar la equidad de género.
Se analiza a cuatro presidentas de tres sistemas políticos distintos —Filipinas, Indonesia y Sri Lanka— para determinar por qué importa el liderazgo femenino.
Las mujeres líderes pueden influir en la vida de las mujeres de varias maneras: ayudándolas a ascender, promoviendo leyes pensadas para ellas y sirviendo de modelo.
Actualmente solo hay 30 presidentas y primeras ministras en todo el mundo. Moldavia y Barbados son los únicos dos países donde las mujeres ocupan tanto la presidencia como el cargo de primera ministra, mientras que Bangladesh es el único país donde una mujer ha gobernado durante más años que un hombre en el último medio siglo.
Está claro que las mujeres líderes importan para la equidad de género, pero, como muestra mi investigación, también pueden ser importantes para las mujeres de otras maneras.
Analicé a cuatro presidentas distintas de tres sistemas políticos: la primera presidenta de Filipinas, Corazon Aquino (1986–1992), y su segunda líder mujer, Gloria Macapagal Arroyo (2001–2010); la primera y única presidenta de Indonesia, Megawati Sukarnoputri (2001–2004); y Chandrika Bandaranaike Kumaratunga (CBK), de Sri Lanka.
CBK, quinta presidenta de Sri Lanka entre 1994 y 2005, siguió los pasos de su madre, Sirimavo Bandarnaike, la primera mujer elegida jefa de Gobierno en el mundo, en 1960.
Me interesaba la diferencia que estas mujeres líderes habían marcado en la vida de las mujeres a través de las leyes. Sin embargo, no quería presentar a ciegas una visión positiva del impacto de las mujeres como presidentas.
En mi investigación utilicé el Índice Legislativo de Género, que se basa en evaluadores humanos y aprendizaje automático para determinar en qué medida las leyes promueven los derechos de las mujeres. El índice indicaba si las leyes promulgadas durante los mandatos de estas líderes eran «buenas» para las mujeres.
Por supuesto, las «mujeres» no constituyen una categoría homogénea con los mismos intereses y necesidades. Y tampoco todas las mujeres líderes son iguales. Pero hay tres razones por las que las mujeres líderes pueden ser más importantes para las mujeres.
1. Ayudar a las mujeres a ascender
La facultad de hacer nombramientos es fundamental para el liderazgo presidencial. La presidenta Macapagal Arroyo reconoció ante mí que la presidenta Aquino le había «abierto el camino» de múltiples maneras.
Aquino había invitado a Macapagal-Arroyo a incorporarse a su Gobierno como subsecretaria del Departamento de Comercio e Industria.
Los miembros del gabinete influyen directamente en los proyectos de ley que se presentan ante el poder legislativo nacional. Sin embargo, tradicionalmente las mujeres han ocupado menos cargos ministeriales. Los que ocupaban solían ser carteras con características claramente «femeninas» o de «bajo prestigio», como las relacionadas con las personas mayores, la infancia y la familia.
De las cuatro mujeres que estudié, tres nombraron a más mujeres para sus gabinetes que los líderes varones que las precedieron, como ocurrió con las líderes mujeres de América Latina. La excepción fue la presidenta Megawati, cuyo número de mujeres nombradas igualó al de su predecesor.
Aquino era conocida por nombrar a mujeres con poder político en su administración, como la doctora Lourdes Reynes Quisumbing, primera mujer del país en ocupar el cargo de secretaria de Educación y Miriam Defensor-Santiago, nombrada directora de la Oficina de Inmigración y Deportación. Defensor-Santiago se presentó más tarde a la presidencia, sin éxito, y fue la primera mujer del sudeste asiático elegida para la Corte Penal Internacional.
Entre las siete mujeres nombradas por Kumaratunga, una estuvo a cargo de vivienda, construcción y desarrollo, una cartera importante en Sri Lanka.
Arroyo nombró a la notable cifra de 12 mujeres para su gabinete (frente a dos con su predecesor). Estos nombramientos de mujeres pueden —aunque no necesariamente— abrir la puerta a una mejor representación de los intereses de las mujeres.
2. Legislar en favor de las mujeres
A pocas mujeres líderes de la historia se las ha reconocido como defensoras de los derechos de las mujeres. Sin embargo, en ciertos ámbitos las leyes pueden aprobarse más rápidamente cuando los grupos de mujeres movilizan más recursos para aprovechar una oportunidad.
La Ley para la Eliminación de la Violencia en el Hogar de Indonesia, promulgada por la presidenta Megawati en 2004, tardó siete años en aprobarse. A modo de contraste, la Ley de Matrimonio de Indonesia (Ley n.º 1/1974), que regulaba la poligamia y el matrimonio forzado y protegía mejor los bienes de las mujeres, se debatió durante 75 años antes de aprobarse.
En Sri Lanka, CBK gestionó el tsunami asiático al final de su mandato. Durante la recuperación posterior al tsunami, se centró en las viudas, la ayuda a los medios de vida de las mujeres y el nombramiento de mujeres en comités de gestión de desastres en todos los niveles.
La presidenta Macapagal-Arroyo era senadora cuando redactó un proyecto de ley para combatir la violencia contra las mujeres. Posteriormente, el proyecto volvió a presentarse y se amplió hasta convertirse en la Ley contra la violencia hacia las mujeres y sus hijos de Filipinas, que ella promulgó en 2004. Sin embargo, los grupos de mujeres suelen pasar por alto el papel de Macapagal-Arroyo en la aprobación de la ley.
3. La importancia de una «señora presidenta»
Es difícil demostrar el efecto de servir de modelo, pero, allá donde fui, las personas entrevistadas señalaron la importancia de que una mujer estuviera al mando. Como primeras presidentas de sus países, Aquino, Kumaratunga y Megawati cambiaron las normas de la política, que se consideraba un ámbito exclusivamente masculino e inapropiado para las mujeres.
Pronunciar «ella» o «señora» significa mucho más que un simple cambio de pronombre de género. La «pareja madre e hija» de Sri Lanka, como presidenta y primera ministra, contrastaba claramente con el país actual. El líder varón, el presidente Rajapaksa, huyó hace poco del país tras una grave mala gestión económica y fue sustituido por otro hombre, el ex primer ministro (Ranil Wickramasinghe): difícilmente un nuevo comienzo.
Aunque las comparaciones tienen sus limitaciones, los 11 años de liderazgo de CBK fueron un período de estabilidad relativa para un país que en los últimos años ha sufrido bajo líderes (varones) cada vez más represivos.
Pero el efecto de servir de modelo de una mujer líder solo puede durar cierto tiempo. Para que las mujeres líderes formen parte del futuro de un país y no solo de su historia, los partidos deben invertir en facilitar que las mujeres que participan actualmente en política asciendan y puedan competir con éxito por el cargo más alto.
No es solo una cuestión de género
El liderazgo de las mujeres tiene algo particular. Sin embargo, en palabras de una de las principales activistas musulmanas de Sri Lanka, «la elección de los líderes, su capacidad y su liderazgo dependen de muchas cualidades más humanas que propias de las mujeres o los hombres».
Es importante reconocer que durante las presidencias de Aquino y Macapagal Arroyo hubo retrocesos en la salud reproductiva de las mujeres filipinas, como cuando esta última promovió la planificación familiar natural no científica.
En Indonesia, mientras tanto, una cuota de igualdad de género —según la cual el 30 % de los candidatos de un partido deben ser mujeres— fue descrita como la ley más importante aprobada durante el mandato de la presidenta Megawati. Sin embargo, ella fue su principal opositora y solo promulgó el proyecto de ley cuando temió perder el «voto de las mujeres» en 2004. (De hecho, perdió esas elecciones).
Está por verse qué significará la nueva generación de mujeres líderes para millones de mujeres.
Sanna Marin, de Finlandia, que lidera una coalición de cinco partidos encabezados todos por mujeres, ha pedido más leyes con perspectiva de género. Mientras tanto, Mia Mottley, de Barbados, cambió los términos del debate en su país con un contundente discurso reciente sobre el cambio climático.
La pregunta de Mottley, «¿cuándo ejercerán su liderazgo los líderes?», bien podría inspirar a la actual generación de mujeres líderes a hacer más y a hacerlo mejor por las demás mujeres.
