Ejemplos de avances en igualdad de género en Bangladesh y la India

Ejemplos de avances en igualdad de género en Bangladesh y la India
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Hoy en día, la mayoría de las mujeres siguen llevándose la peor parte en el terreno económico: según prácticamente todos los indicadores disponibles, las mujeres tienen más limitaciones y sufren mayor exclusión económica que los hombres.
A escala mundial, los hombres tienen casi el doble de probabilidades que las mujeres de tener un empleo a tiempo completo. En promedio, las mujeres ganan entre un 10 y un 30 por ciento menos que los hombres que trabajan, y dedican al menos el doble de tiempo que ellos al trabajo doméstico no remunerado, como cuidar de familiares y realizar las tareas del hogar.

Además de los obstáculos del mercado laboral y las obligaciones familiares que se imponen a las mujeres, también debemos tener en cuenta las barreras legales. Según el informe Women, Business and the Law, elaborado por el Grupo de Indicadores Globales del Banco Mundial, las leyes restringen los tipos de empleo que pueden desempeñar las mujeres en 79 economías. Las restricciones más amplias al empleo femenino se encuentran en Europa Oriental y Asia Central.

El acceso a los servicios financieros es otro ámbito en el que las mujeres aún no están a la par de los hombres. La base de datos Global Findex muestra, por ejemplo, que en Asia Meridional el 41 por ciento de los hombres adultos y el 25 por ciento de las mujeres adultas tienen cuentas bancarias.

Otros datos también muestran los desafíos que las mujeres de todo el mundo siguen afrontando.

Una de cada tres mujeres casadas en el mundo sufre alguna forma de violencia doméstica.

Y, en consonancia con una tendencia más amplia en África subsahariana, donde las agricultoras representan casi la mitad de la fuerza laboral agrícola, un estudio reciente de Malawi mostró que las parcelas administradas por mujeres son un 25 por ciento menos productivas que las administradas por hombres, porque ellas tienen menos acceso a insumos productivos como tierras, semillas, fertilizantes y servicios de extensión agrícola. Según una estimación, si las mujeres de todo el mundo dispusieran de los recursos que necesitan, entre 100 y 150 millones menos de personas pasarían hambre cada día.

Aunque la situación de las limitaciones que enfrentan las mujeres es grave, en el pasado reciente se han logrado avances, tanto económicos como en los indicadores sociales. Y cuando a las mujeres les va bien, también les va bien a sus familias. Modificando un poco aquel viejo proverbio, podemos decir: «Enseña a un hombre a pescar y no pasará hambre. Enseña a una mujer a pescar y no pasarán hambre ni ella ni sus hijos».

Esto nos recuerda dos ejemplos.

En primer lugar, se ha señalado que en los últimos años Bangladesh ha superado no solo a Pakistán, sino también a la India en algunos indicadores de bienestar. Hay motivos para creer que esto se debe al notable éxito de los pioneros de los microcréditos, que establecieron la norma de que solo las mujeres podían optar a ciertos préstamos. Este pequeño acto de incorporar a las mujeres a la vida económica y darles voz ha contribuido a mejorar la calidad de vida no solo de ellas, sino también de hogares enteros, lo que ha dado lugar a una marcada mejora de los indicadores sociales del país.

Hoy Bangladesh presenta buenos resultados en educación femenina y esperanza de vida (las mujeres allí viven hasta los 71 años, el promedio de las mujeres de todo el mundo). La salud infantil también ha mejorado, y esto se debe en buena medida a una mejor integración de las mujeres en la sociedad.

Un segundo ejemplo se refiere a la participación política de las mujeres en la India. Hace algunos años, la India introdujo un cambio importante y progresista en la ley, según el cual solo las mujeres podían presentarse a cargos públicos en un tercio de los gobiernos locales elegidos al azar. Aprovechando esta asignación aleatoria natural, Raghabendra Chattopadhyaya y Esther Duflo demostraron en un estudio célebre que, cuando hay mujeres en puestos de liderazgo, mejora la provisión de bienes públicos locales, como el agua. Así, contar con una mujer líder marca una diferencia en la provisión de bienes públicos en la zona y mejora la calidad de vida general.

En el Banco Mundial, estamos dejando de evaluar nuestros esfuerzos en función de lo que una acción pueda aportar al crecimiento económico o al PIB y nos centramos más en los dos objetivos de poner fin a la pobreza extrema e impulsar la prosperidad compartida. Al hacerlo, sabemos que prestar atención a la igualdad de género es una buena decisión económica. Sin embargo, debo apresurarme a añadir que no tenemos que justificar todas las intervenciones en términos de «buena economía». Incorporar a quienes están marginados y excluidos a la corriente principal debe considerarse algo bueno en sí mismo.

Una conclusión clave al recordar el Día Internacional de la Mujer es que las mujeres son la mitad de la humanidad y deben ser tratadas con dignidad y respeto. Aunque su participación en una actividad económica más amplia tuviera un pequeño efecto negativo en el crecimiento del PIB, los beneficios de una mayor igualdad de género justificarían ese costo.

Por suerte, no tenemos que contemplar semejante sacrificio del crecimiento, porque todos los estudios, incluido el análisis exhaustivo realizado como parte del Informe sobre el desarrollo mundial 2012, muestran que una mayor inclusión de las mujeres favorece el desempeño económico general.

Esta publicación apareció originalmente en el blog Let’s Talk Development del Banco Mundial. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Kaushik Basu es vicepresidente sénior de Economía del Desarrollo y economista jefe del Banco Mundial.

Imagen: Trabajadores cosen gorros de oración en una fábrica del viejo Daca. REUTERS/Andrew Biraj

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