Imágenes escalofriantes publicadas en las redes sociales para que todo el mundo las vea muestran a hombres acusados de homosexualidad arrojados desde edificios altos, apedreados hasta la muerte o abatidos de un disparo en la cabeza por grupos extremistas, entre ellos el Estado Islámico (conocido como ISIS) en Irak, Siria y Libia.
Esto fue lo peor, pero en modo alguno lo único, de la violencia dirigida contra las personas lesbianas, gais, bisexuales y transgénero (LGBT) en todas las partes del mundo. Según un informe de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos sobre la discriminación y la violencia contra las personas LGBT, presentado en junio:
Desde 2011, cientos de personas han sido asesinadas y miles más heridas en ataques brutales y violentos… Otras violaciones documentadas incluyen la tortura, la detención arbitraria, la denegación de los derechos de reunión y de expresión, y la discriminación en la atención sanitaria, la educación, el empleo y la vivienda.
Pero en 2015 también hubo noticias muy positivas para las personas LGBT. En mayo, México e Irlanda extendieron el matrimonio a las parejas del mismo sexo. Un mes después, Mozambique despenalizó la homosexualidad, y el Tribunal Supremo de Estados Unidos dictaminó a favor de la igualdad matrimonial, lo que permitió los matrimonios entre personas del mismo sexo en todo el país
Malta, Irlanda y Colombia separaron el proceso legal para el reconocimiento de las personas transgénero de los procedimientos médicos. En junio, Colombia presentó una declaración conjunta ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU en nombre de 72 países, de todas las regiones del mundo, en la que se reafirmaba el compromiso de poner fin a la violencia y la discriminación por motivos de orientación sexual e identidad de género.

Violencia extrema – y rápido progreso
La violencia extrema y el rápido avance hacia la igualdad son los dos extremos de 2015. Entre las señales negativas figuran los proyectos de ley que imitarían la notoria «ley de propaganda» de Rusia al establecer sanciones por facilitar información objetiva o positiva sobre la homosexualidad en Kirguistán, Kazajistán y Bielorrusia.
En un revés para las mujeres transgénero, un tribunal federal de Malasia revocó una sentencia que había declarado inconstitucional una disposición de la Sharia (ley islámica) que prohíbe «a una persona de sexo masculino que se haga pasar por mujer», y las autoridades religiosas siguieron deteniendo a mujeres trans. En Brunéi y en la provincia indonesia de Aceh, nuevas leyes de la Sharia prevén azotes públicos, prisión e incluso la pena de muerte por conductas homosexuales. Egipto encarceló a hombres gais y a mujeres transgénero por cargos de «libertinaje», y Marruecos encarceló de forma sistemática a hombres acusados de homosexualidad.
Las personas LGBT en Nigeria sufrieron violencia y abusos bajo la sombra de una ley extrema contra las personas LGBT. En Gambia, sede de la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos, hombres gais y lesbianas huyeron de una represión de motivación política. En Estados Unidos, tras una campaña de alarmismo contra las personas transgénero, los votantes de la ciudad de Houston rechazaron una ordenanza contra la discriminación que habría impedido la discriminación no solo por motivos de identidad de género y orientación sexual, sino también por raza, edad y otras categorías.
Eslovenia, mediante un referéndum, rechazó la igualdad matrimonial solo unos meses después de que el parlamento extendiera el matrimonio a las parejas del mismo sexo.
Entre las señales positivas del año figuran los avances para las personas transgénero en India y Tailandia, donde los desarrollos legales prometen una mayor protección e inclusión social. Se ha permitido a grupos LGBT de Kenia y Túnez inscribirse y operar, en una afirmación importante del derecho de asociación. Malawi mantuvo una moratoria sobre las detenciones por conductas homosexuales consentidas, a la espera de una revisión judicial en la que activistas impugnaron leyes discriminatorias. Y la constitución de Nepal, por lo demás profundamente defectuosa, incluye un rayo de esperanza en una cláusula que protege a las minorías sexuales y de género.
Una petición de protección y una respuesta de rechazo
Los avances en las Naciones Unidas ofrecen una visión de las tendencias globales y de los patrones emergentes en materia de orientación sexual e identidad de género. El 29 de septiembre, en un acto de alto nivel del grupo central LGBT celebrado en la sede de la ONU, secretario general Ban Ki-moon pronunció una apasionada petición en favor de la protección de las personas LGBT en todo el mundo, y ese mismo día 12 organismos de la ONU emitieron una declaración conjunta sobre la lucha contra la violencia y la discriminación contra las personas LGBT e intersexuales, la primera de su tipo.
Pero hay una fuerte reacción en contra. Rusia lleva años posicionándose como defensora de los «valores tradicionales», en alianza con otros países, principalmente de Oriente Medio y África. Esto proporciona un cómodo barniz positivo para que los Estados que vulneran derechos encubran la represión de grupos independientes, las restricciones a la oposición política y las medidas para recortar las libertades individuales, presentándolas como la defensa de los «valores tradicionales».
Las resoluciones patrocinadas por Rusia en la ONU sobre los «valores tradicionales» han intentado socavar la universalidad de los derechos humanos. Rusia y sus aliados han tratado de crear una falsa dicotomía entre los valores tradicionales y los derechos humanos. Y los derechos de las personas LGBT, junto con los derechos reproductivos de las mujeres, son los pararrayos de este debate.
Esta dinámica se puso de manifiesto en una resolución sobre la «protección de la familia», impulsada por Egipto, que el Consejo de Derechos Humanos aprobó en junio. La resolución pretende consagrar una concepción restringida de la familia como garante de la «moral» y las «tradiciones», sin una consideración significativa de si estas cumplen las normas internacionales de derechos humanos. Rusia bloqueó los intentos de Sudáfrica, Brasil y Uruguay de reconocer una definición más amplia de familia.
La homofobia como herramienta política
Estas resoluciones son intentos apenas disimulados de utilizar el lenguaje y las instituciones de los derechos humanos para frenar los derechos de las personas LGBT y de todas aquellas que no encajan en las normas patriarcales. Esto coincide con el uso político creciente de la homofobia por parte de líderes que se han presentado como guardianes de unos «valores tradicionales» asediados, para desviar la atención de sus fracasos de gobierno.
La retórica que presenta a las personas LGBT como la antítesis de la «moralidad» y la «tradición» es peligrosa y contribuye a un clima hostil en el que se produce la violencia extrema.
Aunque el último año ha traído avances significativos, quedan por delante muchos desafíos. En los países donde gobiernos represivos atacan a las organizaciones de la sociedad civil e impiden que funcionen libre y abiertamente, las personas LGBT se verán obligadas a vivir una existencia en las sombras. Las organizaciones de la sociedad civil deberían rechazar los intentos de los gobiernos de manipular la animadversión anti-LGBT para obtener ganancias políticas a corto plazo, y los grupos LGBT deberían evitar trabajar de forma aislada y apoyar una agenda de derechos humanos más amplia.
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Autor: Graeme Reid es director de derechos de las personas lesbianas, gais, bisexuales y transgénero en Human Rights Watch.
Imagen: Stacy Wood (izquierda) y su esposa Michele Barr posan entre fotos de boda en el Ayuntamiento de San Francisco, California, tras casarse en San Francisco, California. REUTERS/Elijah Nouvelage
