«Estamos decididos a prevenir y eliminar todas las formas de violencia contra las mujeres y las niñas». Con esta declaración en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer de las Naciones Unidas, celebrada en Pekín en 1995, la comunidad internacional se comprometió a poner fin de una vez por todas a la violencia contra las mujeres. Más de dos décadas después, en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, ¿hasta dónde hemos llegado?
Todavía no lo suficiente. En un discurso histórico pronunciado en esa conferencia hace 20 años, Hillary Clinton denunció la violencia a la que estaban sometidas las mujeres y las niñas: «Es una violación de los derechos humanos cuando a los bebés se les niega comida, se les ahoga o asfixia, o se les rompe la columna simplemente por haber nacido niñas, o cuando mujeres y niñas son vendidas como esclavas o para la prostitución por la avaricia humana … Es una violación de los derechos humanos cuando miles de mujeres son violadas en sus propias comunidades y cuando miles de mujeres son sometidas a la violación como táctica o botín de guerra». Concluyó con un llamamiento a la acción: «Los derechos de las mujeres son derechos humanos».
Y, sin embargo, casi todo lo que habló hace tantos años podría describir con la misma facilidad lo que ocurre hoy: en la India – el lugar más peligroso del mundo para nacer niña, según la ONU – las recién nacidas son abandonadas por sus padres y dejadas a morir. Cada año, más de 20 millones de mujeres y niñas son compradas y vendidas como esclavas sexuales. Y en países de Oriente Medio asolados por la guerra, las mujeres son violadas y asesinadas por simpatizantes de ISIS.
¿Dónde nos encontramos hoy en lo que respecta a poner fin a la violencia contra las mujeres? Cuando las Naciones Unidas realizaron un examen de los avances logrados desde 1995, concluyeron que la violencia contra las mujeres «persiste en niveles alarmantemente altos y en muchas formas». Esta instantánea muestra cuán lejos nos queda aún por recorrer.
La violación como arma de guerra
Hasta hace relativamente poco, la violación se consideraba simplemente una parte inevitable del conflicto. Como señalaba un informe de la ONU de 1998, «históricamente, los ejércitos consideraban la violación uno de los botines de guerra legítimos». En las guerras civiles que caracterizaron la era posterior a la Guerra Fría, miles de mujeres fueron violadas y maltratadas: 60.000 en Sierra Leona, 40.000 en Liberia, 60.000 en la antigua Yugoslavia y al menos 200.000 en la República Democrática del Congo.
Pero en los últimos 20 años se ha prestado más atención internacional a este asunto. En 2001, el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia fue el primer tribunal internacional en condenar a un violador por crímenes de lesa humanidad.
Sin embargo, el mayor interés internacional por el problema no ha puesto fin a la práctica. Este verano, las Naciones Unidas se pronunciaron sobre la situación en Oriente Medio: «La vida de una joven o de una niña en una zona de conflicto está bajo ataque casi todos los días. Hay pocos lugares donde esto sea más evidente que en Siria e Irak, donde corren un riesgo agudo de violencia sexual, explotación para la prostitución y trata».
Violencia sexual
Incluso fuera de los periodos de conflicto, un número escandaloso de mujeres y niñas siguen siendo víctimas de violencia sexual.
Según UNICEF, unos 120 millones de niñas menores de 18 años – algo más de 1 de cada 10 – han sido violadas o han sufrido otros actos sexuales forzados en algún momento de su vida.
Pero, al menos en algunos países, más mujeres buscan justicia por estos actos: en Estados Unidos, por ejemplo, las mujeres son hoy más propensas a denunciar violaciones y tentativas de violación que hace 30 años.
Por desgracia, incluso cuando las mujeres denuncian, con demasiada frecuencia los agresores escapan al castigo: un estudio de 11 países de casi todos los continentes reveló que solo se presentaron cargos en alrededor del 6 % de las agresiones físicas y sexuales, y que estas dieron lugar a condenas solo en entre el 1 % y el 5 % de los casos
Violencia doméstica
La violencia doméstica sigue siendo la forma más común de violencia contra las mujeres: según la Organización Mundial de la Salud, hasta el 30 % de las mujeres han estado en una relación en la que han sufrido violencia física o sexual. Y de todas las mujeres asesinadas en 2012, casi la mitad fueron asesinadas por su pareja o por miembros de su familia, frente al 6 % de los hombres.
Se han logrado algunos avances: 125 países penalizan ya la violencia doméstica, pasando de 89 en 2006. Pero aun así quedan 603 millones de mujeres que viven en países donde la violencia doméstica no es delito. En 127 países – donde viven 2.600 millones de mujeres – la violación conyugal no está penalizada de forma explícita.
Fuente: Organización Mundial de la Salud
Es difícil tener una imagen real de los avances logrados en los últimos 20 años, porque muy pocos países medían y registraban datos sobre la violencia contra las mujeres hace dos décadas: «En la época de la Conferencia de Pekín había una enorme demanda de más información», afirmó Mary Ellsberg, del Global Women’s Institute, en declaraciones al New York Times. El hecho de que hoy dispongamos de estos datos ya es un indicio de cuánto han cambiado las prioridades. «Tenemos datos de la mayoría de los países del mundo. Eso, por sí solo, es un logro enorme», señala Ellsberg.
Pero no nos engañemos: nos queda mucho trabajo por hacer. Como señala un reciente informe de la Fundación Clinton y la Fundación Gates, que concluye: «La violencia contra las mujeres es una epidemia mundial».
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Autora: Stéphanie Thomson es editora en el Foro Económico Mundial
Imagen: Una mujer participa en una marcha en el Parque Duarte para celebrar el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en Santo Domingo, el 25 de noviembre de 2013. Según ONU Mujeres, la República Dominicana se encuentra entre los países con la tasa más alta de feminicidio del mundo. REUTERS/Ricardo Rojas


