Según la nueva investigación, las personas que consideran justo y legítimo el sistema económico reaccionan menos negativamente ante manifestaciones extremas de la desigualdad económica, como la falta de hogar.
Los investigadores señalan que estas diferencias en las reacciones también pueden detectarse a nivel fisiológico. La investigación aporta nuevas perspectivas sobre por qué reaccionamos de distintas maneras ante la desigualdad.
«Las investigaciones han demostrado que, en general, las personas sienten aversión por la distribución desigual de los recursos; un ejemplo podría ser ver a alguien durmiendo sobre una rejilla o sin acceso a las necesidades básicas, la atención sanitaria y la educación», explica la autora principal, Shahrzad Goudarzi, doctoranda del departamento de Psicología de la Universidad de Nueva York.
«Sin embargo, muchas personas prestan poca atención al aumento de las disparidades económicas o no se sienten afectadas por él, respuestas que a algunos les puede costar entender. Esta investigación empieza a explicar esas diferencias: las creencias que legitiman y justifican el sistema económico atenúan nuestra profunda aversión a la desigualdad y nos protegen de las emociones negativas que provoca».
¿UN SISTEMA JUSTO?
Investigaciones anteriores han demostrado que los seres humanos y algunos otros primateshan desarrollado evolutivamente una aversión a la desigualdad en la distribución de bienes y recursos. Por ejemplo, se ha observado que niños de tan solo seis años rechazan objetos si eso significa tener más que sus compañeros.
No obstante, los datos de opinión pública sugieren que la desigualdad económica no preocupa a un gran porcentaje de la población estadounidense. Por ejemplo, una encuesta de Gallup de 2018mostró que un tercio de los estadounidenses está satisfecho con la distribución actual de los ingresos y la riqueza. Esta aceptación, pese a la preferencia general por una mayor igualdad, plantea la cuestión de cómo se gestionan esas contradicciones.
Para abordar esta cuestión, los investigadores realizaron una serie de seis experimentos. En dos de ellos (los estudios uno y dos) participaron personas reclutadas a través de «Mechanical Turk» de Amazon y Prolific Academic, plataformas en las que se remunera a los participantes por realizar tareas breves y que se utilizan con frecuencia para llevar a cabo estudios de ciencias del comportamiento. En los otros cuatro (los estudios tres a seis) participaron estudiantes universitarios de grado.
En los estudios uno y dos, los investigadores pidieron a los participantes que expresaran sus opiniones sobre el sistema económico estadounidense indicando su grado de acuerdo con afirmaciones como esta: «Las posiciones económicas son un reflejo legítimo de los logrosde las personas» y «Si las personas trabajan duro, casi siempre consiguen lo que quieren».
Una semana después, algunos vieron un vídeo en el que una persona sin hogar entrevistada describía sus circunstancias, rutinas y dificultades. Los grupos de control vieron vídeos cotidianos independientes, con entrevistas sobre la pesca y la producción de café.
Quienes creían que el sistema económico estadounidense era justo, legítimo y estaba justificado («justificadores del sistema»), en comparación con quienes no lo creían, dijeron sentir menos emociones negativas tras ver vídeos que mostraban a personas sin hogar.
REACCIONES FISIOLÓGICAS A LA DESIGUALDAD ECONÓMICA
Los estudios tres a cinco reprodujeron estos pasos y añadieron un nuevo componente: los investigadores midieron las respuestas fisiológicas de los participantes mediante el registro de la conductancia de la piel y de sutiles movimientos de los músculos faciales. Este método permite analizar nuestras respuestas con mayor profundidad, porque capta reacciones involuntarias ante estímulos, como la activación negativa y el malestar emocional. En este caso, quienes justificaban el sistema económico mostraron niveles comparativamente bajos de afecto negativo y activación al ver a personas que experimentaban falta de hogar. En cambio, la justificación del sistema económico no se asoció con reacciones emocionales ante los vídeos de control.
El estudio seis fue un paso más allá: los investigadores se propusieron captar las emociones en el contexto de la vida cotidiana de las personas. En este estudio, los estudiantes universitarios recibieron cuatro mensajes de texto al día durante nueve días consecutivos, que les invitaban a completar una breve encuesta en sus teléfonos inteligentes. Los investigadores diseñaron dos de las encuestas diarias para medir las reacciones ante la desigualdad: en una se preguntaba si los participantes se habían encontrado con alguien a quien considerasen muy pobre y, en la otra, si se habían encontrado con alguien muy rico en comparación con ellos mismos. El orden de estas encuestas se asignó al azar cada día.
Independientemente de que los participantes dijeran haberse encontrado con alguien así, los investigadores les preguntaron por sus emociones, ya fuera en relación con el encuentro (si lo habían reportado) o durante las dos horas anteriores (si no habían reportado ninguno).
En consonancia con los estudios anteriores, quienes fueron identificados como «justificadores del sistema» dijeron sentir menos emociones negativas tras su exposición cotidiana a personas ricas y pobresque quienes eran más críticos con el sistema económico actual.
«Estos resultados aportan las pruebas más sólidas hasta la fecha de que las creencias que justifican el sistema atenúan la aversión a la desigualdad en contextos económicos», señala el coautor Eric Knowles, profesor asociado de Psicología.
