No tiene sentido decirle a alguien que cada vez se desespera más con cada factura que vence que la situación económica general está mejorando, ni pedirle que adopte una perspectiva más amplia y a largo plazo. Si lo que dice el experto guarda poca o ninguna relación con lo que la gente siente o ve a su alrededor, es inevitable que dejen de creer en los expertos y en los políticos a los que asesoran, y busquen respuestas en otra parte. El presidente francés Sarkozy reconoció esto y, en 2008, convocó la Comisión para la Medición del Desempeño Económico y el Progreso Social, la llamada Comisión Stiglitz-Sen-Fitoussi.
El enfoque tradicional para medir la economía y el bienestar depende en gran medida del PIB. Pero el inventor del PIB, Simon Kuznets advirtió contra esto. Subrayó que el PIB es una medida de la producción, no del bienestar. “Mide todo, en definitiva, excepto lo que hace que la vida merezca la pena”, como Robert F. Kennedy señaló célebremente. Kuznets y Kennedy también señalaron que el PIB no dice nada sobre las consecuencias de la degradación ambiental.
El Grupo de Alto Nivel sobre la Medición del Desempeño Económico y el Progreso Social (HLEG), alojado en la OCDE, se creó para dar continuidad al trabajo de la Comisión Stiglitz-Sen-Fitoussi, cuyo informe final se publicó en 2009 (Stiglitz et al. 2009). En un doble volumen de conclusiones publicado a finales del año pasado – Beyond GDP: Measuring What Counts for Economic and Social Performancey For Good Measure: Advancing Research on Well-being Metrics Beyond GDP (Stiglitz et al. 2018a, 2018b) – el HLEG sostiene que necesitamos desarrollar conjuntos de datos y herramientas para examinar los factores que determinan qué importa a las personas y a los lugares en los que viven. La producción de bienes y servicios en la economía de mercado –algo que el PIB sí intenta captar– es, por supuesto, una influencia importante, pero incluso en el ámbito limitado del mercado, el PIB no refleja gran parte de lo que es importante. Los indicadores económicos más utilizados se concentran en promedios y ofrecen poca o ninguna información sobre el bienestar a un nivel más detallado, por ejemplo sobre cómo se distribuyen los ingresos entre los hogares. Una conclusión del HLEG es, por tanto, que necesitamos datos más granulares que capten todos los componentes de los ingresos y la riqueza y cómo se relacionan entre sí. También necesitamos completar y actualizar con mayor frecuencia los conjuntos de datos que ya tenemos, tanto integrando datos administrativos y de otro tipo (como los de encuestas) que ya existen, como rediseñando las cuentas nacionales para incorporar los aspectos distributivos.
A menudo es más fácil medir los resultados que los factores que contribuyeron a producirlos. El Grupo dedicó considerables esfuerzos a las circunstancias ajenas al control de las personas, como la etnia o el género, que pueden tener un impacto significativo en la desigualdad y las oportunidades. El HLEG también analizó factores, como la confianza, que pueden ser tanto causa como consecuencia del bienestar y de los ingresos de mercado. La evidencia muestra que el bienestar subjetivo se ve influido por la confianza, mientras que los países con niveles más altos de confianza tienden a tener ingresos más elevados.
Un determinante importante del bienestar es la seguridad y, como en muchos de los ámbitos considerados por el HLEG, existen interacciones importantes entre las medidas objetivas (como el riesgo de que una persona caiga en la pobreza) y las métricas subjetivas.
La inseguridad económica es hoy solo uno de los riesgos a los que se enfrentan las personas. Otros riesgos son los que afectan al bienestar futuro de la población. El Grupo consideró cómo medir mejor los recursos necesarios para garantizar la sostenibilidad económica, ambiental y social, y hasta qué punto nos estamos acercando (por no decir traspasando) a los “puntos de inflexión” críticos y a los límites planetarios. El HLEG debatió las nuevas métricas y herramientas que serían necesarias para analizar las complejas interacciones entre la economía, el medio ambiente y las condiciones sociales.
Las estadísticas engañosas conducen a políticas equivocadas. Si los gobiernos creen que la economía va bien encaminada hacia la recuperación porque eso es lo que sugiere el PIB, podrían no adoptar las medidas políticas contundentes necesarias para reanimar la economía que sí adoptarían con métricas que indiquen si la mayor parte de la población sigue sintiendo que vive en recesión. Si no disponen de métricas sobre el alcance de la inseguridad económica de la población, es posible que no tomen medidas para reforzar la red de seguridad y la protección social; incluso podrían empezar a eliminar algunos programas sociales.
Una de las razones por las que la Gran Recesión se convirtió en una crisis social y política es que depender del PIB no solo ofreció una imagen falsa del estado general del bienestar, sino que también contribuyó al declive de la confianza en los gobiernos y los expertos, ya que la gente veía que su propia situación no mejoraba pese a la afirmación de los expertos, basada en determinadas cifras oficiales, de que se estaba produciendo una recuperación. Si hubiéramos tenido mejores métricas, incluidas mejores medidas de los aumentos de la inseguridad económica de la población, quizá habríamos comprendido que la caída era más profunda de lo que indicaban las estadísticas del PIB. Y si así hubiera sido, tal vez los gobiernos habrían respondido con mayor firmeza para mitigar los efectos negativos de la crisis.
El HLEG plantea a los estadísticos un desafío: encontrar el equilibrio adecuado entre un conjunto exhaustivo de métricas que abarque una visión completa de lo que está ocurriendo y un conjunto más sencillo y menos completo de métricas que resulte más comprensible. En otras palabras, un conjunto de indicadores lo bastante amplio como para reflejar lo que importa en la vida de las personas, pero lo bastante acotado como para que los responsables de políticas y el público lo entiendan fácilmente. Pero tener el conjunto correcto de indicadores es solo el principio. Deben estar anclados en las políticas. Si queremos que la gente confíe en nosotros, debemos mostrarle pruebas que sean al menos tan buenas como las de sus propios ojos. Y debemos actuar en función de estas pruebas, diseñando políticas que mejoren sus vidas. De este modo podremos cerrar la brecha entre los expertos y la gente corriente que está en la raíz de la crisis política actual.
