Una de cada tres personas en el mundo no tiene acceso a internet.
Sin acceso a internet, miles de millones de personas carecen de los bienes y servicios públicos esenciales que permiten alcanzar todos los ODS.
Las organizaciones de la sociedad civil, las empresas y los gobiernos tienen un papel que desempeñar para cerrar la brecha digital.
El 1 de enero de 2016, las naciones del mundo presentaron una lista de tareas de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para crear un mundo más justo, saludable y sostenible de cara a 2030. Fue un momento de gran optimismo.
Al llegar a la mitad del camino hacia 2030, la llama del optimismo se ha apagado y el tiempo para alcanzar los objetivos se agota. Para recuperar terreno, hay un ODS al que debemos prestar mayor atención: ODS 9C, que se compromete a garantizar el acceso universal y asequible a internet en los países menos adelantados.
Como la pandemia dejó dolorosamente claro, el acceso a banda ancha rápida y fiable es fundamental para el progreso en el mundo actual: para las personas, las comunidades, las empresas y las economías. A medida que el mundo se digitaliza, no podemos alcanzar los ODS sin cumplir el objetivo 9C.
Lo que necesitamos para alcanzar los ODS —educación, atención sanitaria, mano de obra, desarrollo económico y programas de servicios esenciales— depende cada vez más de la infraestructura digital y del acceso a ella. Si para 2030 no hemos logrado avances significativos en el acceso universal a internet, miles de millones de personas quedarán cada vez más rezagadas, a medida que los bienes y servicios públicos sigan trasladándose en línea sin ellas.
La expansión del acceso a internet es demasiado lenta
Aunque la pandemia ha puesto de manifiesto la brecha digital, los avances para abordarla siguen siendo muy lentos. Las cifras de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) sugieren que una de cada tres personas en el mundo no tiene acceso a internet. Esta cifra subestima la verdadera magnitud del desafío, ya que considera conectada a cualquier persona que haya accedido a internet desde cualquier dispositivo, incluidos los muchos miles de millones de personas que no tienen conexión en el hogar, dispositivos, competencias digitales ni medios económicos para utilizar internet de la forma en que usted y yo lo damos por sentado.
No tienen la conectividad que necesitan para el aprendizaje en línea, para gestionar sus finanzas o para solicitar un empleo. Esto perjudica sus oportunidades de vida y nuestra capacidad para afrontar los desafíos globales.
Los excluidos digitales de la sociedad civil mundial
Para comprender el impacto de la brecha digital en los distintos ODS, Connect Humanity creó el informe State of Digital Inequity, que recoge las respuestas de miles de organizaciones de la sociedad civil (OSC) que trabajan para mejorar la vida de las personas más marginadas y vulnerables del planeta. Más de 7.500 OSC de 136 países, que en conjunto atienden a más de 190 millones de personas, participaron respondiendo preguntas sobre las barreras digitales a las que se enfrentan ellas y sus comunidades.
¿Las malas noticias?
Mientras que el 95 % de los encuestados afirma que la tecnología digital es ahora fundamental para su trabajo, más de tres de cada cuatro afirman que la falta de acceso a internet, de herramientas o de competencias limita su capacidad para atender eficazmente a sus comunidades.
Estas organizaciones trabajan en ámbitos como la ayuda en caso de catástrofes, la salud infantil, la atención a personas refugiadas, los derechos reproductivos, la lucha contra el hambre y el desarrollo económico. Si queremos alcanzar los ODS, ellas deben tener éxito, y eso implica garantizar que ellas y las personas a las que atienden dispongan de las herramientas digitales que necesitan.
La buena noticia es que cerrar la brecha digital es totalmente posible. Disponemos de la tecnología, los modelos operativos y las herramientas financieras para conectar a todas las personas a internet de alta velocidad y asequible. Pero todos debemos desempeñar nuestra parte.
Medidas para acelerar la equidad digital
Esto requiere una energía, una colaboración y una acción sin precedentes por parte de la sociedad civil, la filantropía, los responsables políticos y las empresas.
Al igual que otras luchas basadas en derechos, las organizaciones de la sociedad civil deben desempeñar un papel de liderazgo, y la encuesta muestra que el éxito de sus misiones depende de ello. Un reciente documento técnico del FEM sostiene acertadamente que la sociedad civil debe ser un actor fundamental en las alianzas público-privadas para garantizar su éxito y defender los intereses de sus comunidades. Iniciativas como The Edison Alliance, que impulsan los esfuerzos intersectoriales para afrontar el desafío, también son fundamentales.
Las comunidades filantrópicas deben reconocer la equidad digital como un elemento fundamental para alcanzar sus objetivos más amplios y comprometer significativamente más recursos en subvenciones. Nuestro análisis de las donaciones a causas de equidad digital reveló que solo el 0,05 % de los fondos de grandes fundaciones estadounidenses entre 2010-2019 se destinó a esfuerzos para cerrar la brecha digital. Es hora de que la filantropía deje de quedarse al margen e invierta en la resiliencia digital de sus beneficiarios, así como en programas para superar las barreras digitales.
Las empresas también tienen un papel importante. Al integrar la equidad digital en las iniciativas ESG pueden apoyar los ODS y, al mismo tiempo, mejorar sus resultados. Al fin y al cabo, más personas en línea significan una economía más dinámica y más clientes. La conectividad también debería ser un factor en los programas de responsabilidad social corporativa. Organizaciones como Okta, que destina dinero y horas de personal para ayudar a las ONG a utilizar la tecnología de manera más eficaz, predican con el ejemplo, pero no hace falta ser una empresa tecnológica para empezar. Organizaciones como Connect Humanity y la Edison Alliance están aquí para ayudar.
Los gobiernos tienen más poder financiero y capacidad normativa que nadie para abordar el desafío. Además de introducir mejoras en las políticas y la regulación, deben invertir para conectar a las poblaciones de difícil acceso, en particular mediante el pleno despliegue de los Fondos de Servicio y Acceso Universal (USAF). Estos recursos deben gastarse con prudencia. Esto significa apoyar modelos de proveedores de banda ancha como las redes municipales, la banda ancha comunitaria y las cooperativas que logran con éxito conectar a las personas sin conexión, en lugar de limitarse a subvencionar enfoques basados en el mercado que han fracasado durante demasiado tiempo y en demasiados casos.
Estas recomendaciones no son exhaustivas, pero son medidas concretas que podemos adoptar ya mismo.
Al reflexionar sobre los avances en los ODS, el secretario general de la ONU, António Guterres, ha afirmado «la tarea que tenemos por delante es inmensa».
Tiene razón. Pero cuando todas las personas tengan acceso a internet y las herramientas y competencias necesarias para participar plenamente en un mundo digital, esta tarea estará al alcance.

