Los datos muestran que un año adicional de escolarización aumenta el rendimiento de la educación para las mujeres en un 12%, frente al 10% para los hombres.
Las niñas corren actualmente riesgos debido a problemas como la violencia doméstica; la UNESCO prevé que 11 millones no volverán a la escuela después de la pandemia.
Es necesario aumentar la inversión y establecer sistemas de apoyo específicos para garantizar que las jóvenes reciban una educación sólida, escriben expertos del Banco Mundial.
La rentabilidad de la escolarización para las mujeres es alta, según Bono y los estudios. Hace un par de años, en un ensayo publicado en Time magazine Bono escribió: «Basta con dar a las niñas un año más de escolarización para que sus salarios aumenten casi un 12 por ciento». Dijo lo mismo un año antes en la Conferencia de Seguridad de Múnich. La fuente de esa cita fue un documento del Banco Mundial de 2014, y una actualización reciente confirma que sigue siendo así. Al mismo tiempo, las niñas permanecen más tiempo en la escuela y aprenden más. Sin embargo, estos avances están en riesgo, ya que la COVID-19 plantea una crisis dentro de otra crisis para la educación de las niñas.
En promedio, un año adicional de escolarización aumenta el rendimiento de la educación para las mujeres en un 12%, frente al 10% para los hombres. La brecha a favor de las mujeres ha aumentado un punto porcentual en la última década. Los rendimientos en el nivel primario son casi iguales para hombres y mujeres, pero luego divergen en el nivel secundario —9 por ciento para las mujeres frente al 7 por ciento para los hombres— y en el nivel terciario —17 por ciento para las mujeres y 15 por ciento para los hombres—. Estos rendimientos son mayores para las mujeresque para los hombres en todas las economías y regiones. En el nivel de educación superior, los rendimientos han aumentado en general, pero especialmente para las mujeres.
La desventaja histórica de las niñas en términos de matriculación ha disminuido con el tiempo, lo que ha llevado a una inversión de la brecha de género en el nivel educativo alcanzado. Sin embargo, en cuanto al número de años de escolarización previstos, las niñas siguen estando en desventaja en algunos contextos, como Asia meridional y África subsahariana, así como en Estados frágiles y afectados por conflictos y en países de bajos ingresos.
La calidad de la educación que reciben niños y niñas es un factor determinante importante de su acceso a niveles superiores de escolarización y de sus ingresos futuros. En las últimas décadas, las niñas han alcanzado a los niños en muchos aspectos y, en los países de ingresos altos y medianos, ahora superan a los niños en cuanto a logros de aprendizaje. Esto ha dado lugar a una «brecha inversa», en la que las niñas superan a los niños tanto en las tasas de matriculación como en los resultados de aprendizaje: una ventaja de aprendizaje femenina. Sin embargo, los resultados de las niñas siguen siendo inferiores en algunos contextos, incluidos los países de bajos ingresos.
La COVID-19 podría frenar temporalmente este progreso. El cierre de las escuelas a causa de la COVID-19 podría ralentizar o revertir estos avances y, además, impedir que las niñas y las mujeres obtengan los rendimientos potenciales, lo que supondría un costo futuro «oculto».
El Banco Mundial prevé niveles más bajos de escolarización, aprendizaje e ingresos futuros debido al cierre de las escuelas por la COVID-19. Se espera que la pobreza de aprendizaje aumente significativamente. Un creciente conjunto de estudios realizados en países de ingresos altos, como Bélgica, los Países Bajos y el Reino Unido, ya ha detectado pérdidas de aprendizaje y un aumento de la desigualdad.
Las mujeres y las niñas, que ya se han visto gravemente afectadas por la pandemia, corren un riesgo particular en el ámbito de la educación. La pandemia aumenta el riesgo de que las niñas abandonen la escuela, estén expuestas a la violencia doméstica y a otras amenazas de violencia de género, se enfrenten al matrimonio infantil y al embarazo precoz, y sean explotadas como mano de obra infantil. La UNESCO ha previsto que 11 millones de niñas quizá no vuelvan nunca a la escuela después de la pandemia. Como aprendimos durante la crisis del ébola en Sierra Leona, las niñas corren más riesgo que los niños de perder oportunidades educativas como consecuencia de las interrupciones escolares, lo que puede situarlas en una desventaja persistente en cuanto a la acumulación de capital humano. Las previsiones sobre cuántas niñas abandonarán la escuela y en qué medida la pobreza de aprendizaje podría aumentar más para ellas que para los niños varían, pero el riesgo de efectos adversos duraderos es alto.
Antes de la COVID-19, se esperaba que los rendimientos de la educación aumentaran para muchas más mujeres en las próximas décadas, a medida que las estudiantes de hoy ingresaran en el mercado laboral. Los rendimientos del 12 por ciento previstos por el análisis del Banco Mundial (y por Bono) son enormes en términos de ingresos a lo largo de la vida, pero si se reducen considerablemente por el efecto combinado del cierre de las escuelas, las enfermedades y muertes por COVID-19 y la recesión, los avances de las mujeres se verán descarrilados durante las próximas décadas. Sabemos que, durante las crisis, los rendimientos de la educación superior tienden a aumentar, y si las mujeres no pueden acceder a la educación superior debido a la pandemia, no podrán obtener estos mayores rendimientos.
Es necesario actuar con urgencia para evitar nuevos cierres de escuelas, mitigar o revertir las pérdidas de aprendizaje y lograr que las niñas vuelvan a la escuela. Para muchas niñas, especialmente las más pequeñas, las pérdidas de aprendizaje durante la pandemia pueden limitarse e incluso revertirse mejorando la educación a distancia durante los cierres escolares y aplicando programas de recuperación del aprendizaje, como Enseñar al Nivel Adecuado y las tutorías, cuya eficacia ha quedado demostrada por los datos. Sin embargo, el riesgo de abandono escolar es real para las niñas mayores, que podrían dejar la escuela antes de recuperar las pérdidas de aprendizaje (un estudio sobre el impacto del cierre de las escuelas en estudiantes de secundaria en Milwaukee confirmó que esto puede ocurrir). Es necesario abordar de inmediato el riesgo de abandono escolar brindando apoyo adicional a los estudiantes y sus familias para garantizar que sigan escolarizados, y prestando especial atención a las niñas, que corren un alto riesgo de abandono y de sufrir pérdidas de aprendizaje.
Los datos sobre qué intervenciones son eficaces para lograr que las niñas asistan a la escuela y sigan aprendiendo muestran que las iniciativas que aumentan el acceso y el aprendizaje de todos los estudiantes benefician a las niñas. Las investigaciones destacan que las intervenciones más eficaces para mejorar el acceso son las que reducen el costo de la escolarización. Para mejorar los resultados de aprendizaje, algunas de las intervenciones más eficaces para mejorar el aprendizaje de las niñas han sido las que respaldan mejoras pedagógicas.
También puede ser necesario prestar apoyo específico para superar las limitaciones propias de las niñas, especialmente de las adolescentes. Por ejemplo, el Programa para Mantener a las Niñas en la Escuela de Zambia proporciona transferencias monetarias a las familias de niñas adolescentes para que puedan mantener a sus hijas en la escuela, y ha establecido un sistema de alerta temprana para identificar a las niñas en riesgo de abandonar los estudios y expuestas a otras vulnerabilidades.
Es fundamental evitar que resurja una brecha de aprendizaje entre niñas y niños durante la pandemia de COVID-19 y prevenir el abandono escolar de todos los estudiantes. Si abandonan los estudios, es imprescindible brindarles apoyo suficiente para que encuentren formas de continuar su educación mediante la inversión en un enfoque educativo basado en el aprendizaje a lo largo de toda la vida.

