Cómo reducir la brecha de género se ha convertido en un tema candente en los últimos años, y la situación en Asia Oriental no es diferente. Según las Naciones Unidas, se pierden 89 000 millones de dólares al año en la región de Asia-Pacífico porque las mujeres no están plenamente integradas en la fuerza laboral.
Muchos debates e iniciativas políticas se centran en cómo crear un entorno laboral adaptado a las necesidades de las mujeres. Entre ellas figuran objetivos cuantitativos, como el plan de Japón para aumentar el número de mujeres en puestos de liderazgo hasta el 30 % en 2020, más instalaciones de cuidado infantil o de mejor calidad, y una mejora de las licencias de maternidad y paternidad.
No discrepo de estas políticas, porque la falta de políticas públicas favorables a la familia y de servicios de apoyo figura entre los cinco principales obstáculos para el empoderamiento de la mujer en Asia, y sí ayudan a las mujeres que desean trabajar a desarrollar una carrera profesional. Sin embargo, el aspecto más prometedor, a mi juicio, es el potencial de las mujeres para ser “rompedoras de reglas” y encaminar a sus países hacia una senda de crecimiento nueva y más inclusiva.
Esto se debe a que las mujeres, que están en desventaja en muchos países asiáticos, tienen poco que perder y mucho que ganar. Ahora deberían considerarse en posesión de una ventaja, si están dispuestas a experimentar, crear prototipos, consultar y pedir sugerencias. Este es el enfoque que necesitamos hoy, en lugar de insistir en modelos de negocio “perfectos” basados en estrategias tradicionales.
En primer lugar, Asia Oriental ofrece uno de los mejores mercados de crecimiento para las empresas. Sin embargo, el patrón de crecimiento de los mercados asiáticos será distinto al del pasado, con más nuevas tecnologías disponibles, lo que afectará al comportamiento de los consumidores. Surgirán muchos nuevos puestos directivos y crecerá la necesidad de personas con ideas frescas.
En segundo lugar, incluso las tasas de crecimiento de las economías estrella de Asia, como India y China, se han ralentizado, lo que sugiere que necesitan renovar sus modelos de negocio, haciéndolos completamente distintos de la fórmula tradicional del éxito. Y, como sabemos, las ideas completamente nuevas rara vez surgen de quienes ya ocupan posiciones establecidas.
Esta necesidad de personas con ideas frescas debería llevar a las empresas y a las instituciones educativas a diseñar cursos para que las mujeres aprendan nuevas competencias. En muchos países de Asia, las mujeres están en desventaja en lo que respecta a las oportunidades educativas. Un nuevo enfoque que conecte la educación, el desarrollo de competencias y el empleo no solo permitirá a las mujeres acceder a la educación y al lugar de trabajo, sino que también les dará la oportunidad de avanzar rápidamente en la escala laboral.
¿Y qué pasa con la colaboración en la región? Existen diferencias entre los países asiáticos, y no podemos meter a toda la región en el mismo saco. Por ejemplo, la proporción de trabajadoras es relativamente alta en Singapur (43,6 %), Japón (42,3 %) y Corea del Sur (41,6 %), pero relativamente baja en Malasia (36,1 %) y Filipinas (39,2 %). Mientras tanto, la proporción de mujeres directivas en Filipinas es del 53 %, del 25 % en Malasia, del 11,1 % en Japón y del 9,4 % en Corea del Sur. La representación política femenina también varía entre estos países.
Debido a estas diferencias, podemos aprender unos de otros, compartir nuestras experiencias y ofrecernos apoyo mutuo. Podemos fomentar la competencia y la colaboración entre los países asiáticos. La vieja mentalidad de valorar tanto las diferencias como las armonías en Asia encajará bien con este enfoque.
También existen barreras culturales que deben superarse. Las expectativas sobre el papel de la mujer en la sociedad siguen vigentes en muchas zonas de Asia, y están profundamente arraigadas. Esto no cambiará rápidamente.
Sin embargo, los cambios que hemos observado en los últimos cinco años, especialmente entre los jóvenes, indican que, en nuestro mundo hiperconectado y en la era del crowdsourcing y el crowdfunding, se está desarrollando una nueva mentalidad.
Por último, las mujeres tienen más probabilidades de desarrollar con éxito sus ideas si colaboran. Pueden combinar sus fortalezas y aprovechar el potencial de la inteligencia colectiva. Ha llegado el momento de mirar más allá de nuestras fronteras nacionales para empoderar a las mujeres, animándolas a convertirse en pioneras y rompedoras de reglas.
Autora: Yoko Ishikura es profesora emérita de la Universidad Hitotsubashi, Japón, y miembro del Consejo Global de la Agenda sobre Educación y Competencias del Foro Económico Mundial
Imagen: Una mujer vietnamita trabaja en su escritorio en un centro de llamadas. REUTERS/Jo Yong-Ha
